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DOMINGO 1- 11- 87- SOCIEDAD -ABC, pág. 71 Nueva York se enfrenta a la crisis de los homeless los mendigos sin hogar Son bastantes los que quieren vivir al margen de la sociedad Nueva York. José María Carrascal La suerte de los homeless de las personas sin hogar, se está convirtiendo en uno de los problemas más acuciantes de las ciudades modernas. Cada vez hay más gente que vive en bancos, estaciones de Metro, parques públicos y en la simple calle, creando problemas de toda índole, que van desde los que afectan a la sanidad hasta los que corresponden al ámbito de la seguridad. Nueva York, finalmente, ha decidido afrontar esta gran crisis. Desde hace unos días varias furgonetasambulancia recorren las calles y plazas de la ciudad buscando este tipo de gente, siendo en muchos casos conducidas por llamadas de los vecinos hacia casos específicos. Una vez localizados, el hombre o mujer que vive de esta manera, esto es, a la intemperie, es sometido a un interrogatorio en la misma calle por un psiquiatra, que evalúa su capacidad mental. Si llega a la conclusión de que se trata realmente de un perturbado, se le lleva a una institución donde sé le interna, al menos mientras se le somete a un examen más a fondo, que confirmará o no el primer diagnóstico. Pues el problema de las personas sin hogar es bastante más complejo de lo que a primera vista parece. Si han visitado Nueva York se habrán quedado horrorizados contemplando, al lado de los más lujosos edificios, las bagladies las mujeres de las bolsas, llamadas así porque suelen portar cantidad de ellas, donde llevan todas sus posesiones. También hay abundantes hombres en esta situación, sucios, derrotados, en muchos casos con heridas; en otros, descalzos en invierno o con abrigos en pleno verano. Unos piden dinero; la mayoría se dedican sencillamente a contemplar indiferentes el ritmo de la ciudad en torno suyo. Todos son vencidos por la vida, pero no todos son exactamente iguales. Muchos son perturbados mentales, en mayor o menor grado; otros, alcohólicos. Pero abundan también los que, simplemente, prefieren vivir de esa manera, al margen de una sociedad que han rechazado o les ha rechazado. Unos pocos tienen incluso temor a vivir bajo techado, prefiriendo el aire libre, pese a las inolemencias de este tiempo, y aunque se les ha metido en distintas instituciones, aprovecharon la primera oportunidad para escaparse. Y hasta los hay con dinero y familia, que no han sido capaces de hacer que vivan con ellos. La mayoría de estas gentes estaban antes recluidas obligatoriamente en asilos y hospitales, por lo que no las veíamos. Pero en los años setenta, a impulsos de las teorías libertarias que predominaban, las organizaciones de derechos civiles proclamaron y defendieron con éxito ante los Tribunales que nadie podía ser internado sin su consentimiento. Lo que obligó a vaciar, de hecho, esas instituciones, excepto para casos más extremos. A los Ayuntamientos y autoridades sanitarias no les pareció nada mal, pues les quitaba una enorme carga y gastos de encima. Lo malo fue que la mayoría de esa gente, sin capacidad para incorporarse a la sociedad, se ha quedado en medio de ella, viviendo en la calle. Hasta que su número ha convertido el problema en crisis y no ha habido otro remedio que hacer algo. El Ayuntamiento de Nueva York ha dado nuevas directivas que tratan de equilibrar derechos y obligaciones: sólo podrá internarse a aquellas personas incapaces de valerse por sí mismas o que se hallan en el riesgo de causarse daño a ellas mismas o a otras en un razonable futuro Por eso tiene que ir en la furgoneta- ambulancia un psicólogo que hace la primera evaluación. De que se confirme o no en la siguiente, más a fondo, dependerá que continúe el intemamiento. La primera recogida fue una mujer que vivía en la Segunda Avenida, esquina calle 67, alimentándose de restos de comidas en cubos de basura, calentándose al lado del tubo de ventilación de un restaurante y haciendo sus necesidades allí mismo. Si un transeúnte la daba unas monedas, lo agradecía, pero si le daban billetes, los rompía en mil pedazos. Odiaba a los negros, pese a ser ella misma negra, y rehusaba firmemente ser internada u hospitalizada. La Organización de Derechos Civiles ya ha anunciado su propósito de combatirlo por todos los medios a su alcance. Comentario del alcalde Koch: Yo creo que los locos son ellos. Con nuestra leypenal el tráfico y consumo de drogas crecerá Madrid La Comisión Gestora de Justicia y Derecho que preside el catedrático y político liberal Andrés de la Oliva, ha elaborado un informe en el que señala que la reforma penal en materia de drogas propuesta por el Gobierno persiste en planteamientos desechados en la mayoría de los países europeos y no supone modificación sustancial de la situación presente. Pasado mañana comenzará a debatirse en comisión parlamentaria el proyecto de ley orgánica de reforma del Código Penal en materia de tráfico ilegal de estupefacientes. En el caso de aprobarse el proyecto de ley del Gobierno- dice el estudio- en España se seguirá distinguiendo entre drogas duras y blandas continuará sin sanción la posesión de cualquier tipo de narcóticos. En un estudio comparativo, la comisión Justicia y Derecho resalta que en buena parte de los países europeos se penaliza la posesión de estupefacientes. Para este grupo, mantener la distinción entre drogas duras y blandas es inexplicable por cuanto una circular de la Fiscalía General del Estado, de 1984, señalaba que el cannabis y sus derivados son estupefacientes que causan grave daño a la salud. Nadie espera que el Código Penal resuelva el problema de la droga- señala el informe- pero con una ley penal como la española no puede esperarse sino que siga creciendo el consumo y el tráfico de drogas, y con ellos, la delincuencia en general. Sólo el seis por ciento de los toxicómanos internados consiguen desengancharse Madrid. Pedro Narváez El dramatismo dé una cuestión tan candente como la toxicomanía se conjuga con la fría estadística en el primer estudio científico que se realiza en España sobre rehabilitación de toxicómanos. El desenganche de la droga es un informe riguroso a la par que alarmante por los datos que aporta: sóio el seis por ciento consigue liberarse del pico Personal poco cualificado, atomización de métodos de desintoxicación y ausencia de un número aceptable de curaciones son, entre otras, las conclusiones en las que desemboca el catedrático y periodista Jesús María Vázquez, director del Instituto de Sociología Aplicada de Madrid, después de luchar con la marejada de un asunto inagotable En este estudio, encargado por la Unión Española de Asociaciones de Asistencia al Toxicómano, se parte de las motivaciones ds consumo de estupefacientes. Entre ellas sobresalen estar a disgusto con la sociedad, escapar a problemas personales y el gusto por lo prohibido. Sería complicado, incluso conseguir que se disminuyera el número de los toxicómanos ahuyentando estas causas ya que los problemas personales és una cuestión en la que pocas personas pueden intervenir. Lo que sería deseable es una sería campaña informativa que llegase a padres y educadores. Los cuadros y las variables de la estadística dejan traslucir unas conclusiones no demasiado halagüeñas. Se atienden a más de veinte mil personas en centros asistenciales y comunidades terapéuticas existentes en España, cifra que no rebasa el diez por ciento de los toxicómanos de nuestro país. De éstos, aproximadamente el veinticinco por ciento abandona el tratamiento y solamente el seis por ciento llega al desenganche Las desesperanzadoras cifras concuerdan con la opinión de los mismos centros: según un significativo setenta, y cinco por ciento no existe una verdadera rehabilitación si no se cuenta con un plan de reinserción El mismo grupo de toxicómanos encuestados reconocen que en realidad en los centros no se rehabilitan más que un porcentaje insignificante de toxicómanos Esto sirve de apoyatura- dice el autor del libro- para la urgente búsqueda de científicos pluridisciplinares que se enfrenten con el reto de conseguir más altos índices de éxitos en la rehabilitación de la drogodependencia en España basados en nuevos supuestos ya que muchos toxicómanos ya no se pican para obtener placer, sino para evitar la angustia de la abstinencia. Luego buscan más la desintoxicación que la rehabilitación total.