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ABC! lc U ¿ríes A la izquierda, Chica joven (bronce, 1967) A la derecha, Libélula de alas rojas persiguiendo a una serpiente deslizándose en espiral hacia la estrella cometa (óleo sobre lienzo, 1951) Miró, en las colecciones del Estado A primera consideración que se nos ocurre al visitar las salas bajas del antiguo hospital de Atocha, ahora llenas de las pinturas, grabados y esculturas de Joan Miró de las colecciones nacionales, es que el artista, con toda seguridad, se portó mejor con el Estado español que éste con él. Dado el carácter de la exposición y el origen de estas obras, parece necesario reflexionar acerca de la personalidad cívica del gran pintor catalán. Miró fue un hombre sencillo y lleno de discreción, de firmes creencias políticas- s u profundo catalanismo nunca fue un secreto para nadie, aun en los momentos más conflictivos- y siempre guardó celosamente su independencia, viviendo de su trabajo. Durante cerca de cuarenta años llevó dignamente su disconformidad con la política oficial española y tuvo la fortuna de alcanzar a ver, al final de sus días, pero con completa lucidez, la restauración de las libertades públicas y de la Generalidad, cambio al que asistió con profunda alegría y con un profundo agradecimiento a la persona del Monarca que lo hizo posible, al que consideró amigo y cuya lealtad no le obligaba a renunciar a los ideales políticos que había mantenido a lo largo de toda su existencia. L Centro de Arte Reina Sofía Santa Isabel, 52 de Estudios de Arte Contemporáno, realidad posible gracias ai pintor, quien había regalado buen número de obras de su propia colección, especialmente todos sus dibujos y obra gráfica, sin contar lienzos y esculturas fundamentales. A ello se unía el trabajo desinteresado del arquitecto Josep Lluís Sert y la entusiasta colaboración de un grupo de amigos de Miró, encabezado por Joan Prats, el singular sombrerero enamorado del arte moderno que siempre supo mantener viva la unión de Miró con su Barcelona natal. Si en 1973 Miró accedió a vender, a través de la sala Gaspar, un extraordinario lienzo de su época de madurez- Mujer, pájaro y estrella: homenaje a Picasso ello fue, en realidad, una donación, ya que sólo pidió por él el artista cien mil pesetas- -una centésima parte de su valor real en el mercado- y esta cantidad fue directamente a incrementar los fondos iniciales de su Fundación barcelonesa. Después de sus magnas exposiciones de 1978 en Madrid, que suponía el reencuentro oficial de Miró con el público español, el artista, agradecido, completaría aquellos inolvidables acontecimientos con una donación de cien grabados y litografías- p a r a lo cual contó también con la colaboración de Aimé Maeght, su marchante francés- con destino a la colección del Museo Español de Arte Contemporáneo, de Madrid. Y, todavía más, de acuerdo con su excepcional esposa, Pilar Juncosa, antes de su muerte donó a Palma de Mallorca su propio estudio y otro importante conjunto de sus obras para formar en la isla, su morada durante tantos años, otra Fundación pública. Por todo ello, y algunos otros detalles que aquí omitimos para no hacer interminable la lista de su generosidad, pa- Hasta diciembre rece bien justificado el que consideremos a Joan Miró no sólo un gran artista, sino también un gran señor para España. Se ha señalado, acertadamente, en las críticas sobre la presente exposición que existe un vacío innegable de años decisivos de la producción mironiana en esta colección estatal; sin embargo, ello no es achacable ni al artista ni a su familia, pues Miró, como dijimos, siempre vivió de su propio trabajo, y en ocasiones nada holgadamente- recordemos que su magistral Carnaval del arlequín de 192425 (a c t u a l m e n t e Museo de Buffalo) pinta en un lenguaje surrealista la verdadera hambre que el pintor sufrió en los duros años de su bohemia parisiense- y ello le obligó, naturalmente, a vender su obra. Así, de su época primera de los años diez o de la plenamente innovadora de los veinte no hay representación en este conjunto, siendo escasa la de los años treinta, aunque paliada por los lienzos sobresalientes de este período: Caracol, mujer, flor y estrella (1934) -donado por su esposa al Museo del Prado en 1986- y el Retrato II (1938) críptico autorretrato colorista de Miró en un lenguaje de estética similar, aunque no imitativa, a la de Paul Klee. Sin embargo, debemos enorgullecernos de que la mayor parte de la obra de Miró anterior a 1940 se encuentre repartida por los museos más importantes del mundo, colgada en sitios de honor, y también España debe asumir con autocrítica el despego por esta obra que dejó perder, mientras que fervorosos coleccionistas, algunos tan poco potentes económicamente como Hemingway, adquirían con verdaderos sacrificios en su momento. Con todo, la colección de Miró Si hubo una característica esencial en Joan Miró, aparte del genio de su arte, ésta fue la generosidad. Porque no es sólo el conjunto de las obras expuestas en el Centro Reina Sofía la única contribución de Miró a nuestro legado cultural. Ya en 1937 realizó para el Pabellón de París su famoso mural El segador o payés catalán en rebeldía o su archifamosa lámina A ¡dez a l Espagne sin cobrar un céntimo por ello- no eran momentos aquellos de pensar en cobrar recordaba el artista al cabo de los años- y en 1975, cuando las circunstancias políticas lo permitían, se abría en Barcelona la ejemplar Fundación Miró: Centro JUEVES 29- 10- 87 que el Estado español ha conseguido es verdaderamente impresionante. El conocedor de obra gráfica disfrutará, sin duda, ante las múltiples pruebas, variantes y series definitivas que se ofrecen ante sus ojos y que tienen como broche final la litografía, todavía poderosa, El rapto de 1981, que se considera la última de la producción del artista, quien, a pesar de su debilidad física, quiso morir trabajando. En las pinturas, incluso en las obras más humildes, siempre rastreamos una fuerza cromática excepcional y un lenguaje abstracto, sin olvidar la realidad en su faceta más poética, con su mundo simbólico de mujeres, pájaros, estrellas, soles, lunas; un mundo mediterráneo sin falsos pintoresquismos, al cual el artista fue fiel durante toda su vida. Respecto a la escultura, sin que estén lamentablemente representadas las grandes obras más conocidas, del tipo del Pájaro lunar y el Pájaro solar (Fundación Maeght, Francia) se presenta un grupo de más de cuarenta bronces, realizados entre 1967 y 1983, y fundidos postumamente, que da idea de una faceta inconfundible del arte de Miró, la cual, por cierto, ha supuesto una fuerte influencia en jóvenes escultores desde que fue conocida a partir de 1979. Entre ellas, por su agresividad, debemos destacar una pieza tan enraizada en lo ibérico como la terrible Cabeza de toro de 1970. Finalmente, justo es hacer mención del trabajo concienzudo y sistemático que han realizado en la selección de las pinturas, esculturas y grabados, en la primera aplicación en España de la legislación de pagos sucesorios en obras de arte, de las conservadoras de museos María José Salazar y Ana Beristain, a quienes se debe, en no pequeña parte, la calidad intrínseca de las piezas así conseguidas para nuestras colecciones públicas. Alvaro MARTÍNEZ NOVILLO ABC 139