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ABC El otoño o Europa (Las cuatro estaciones) La exposición de la semana José María Sert: Un fabuloso decorador NTRE la pintura mural y la prosa de caballete hay la misma diferencia que entre el verso y la prosa. El artista encargado de decorar un monumento se encuentra sometido a la misma regla tiránica que el poeta que escribe un soneto; mas para aquél, es la Arquitectura quien impone su disciplina Asi escribía J. M. Sert en 1942 en la revista Reconstrucción a propósito de sus pinturas en la catedral de Vic. Es una distinción que hemos de tener en cuenta al visitar la gran exposición del Palacio de Velázquez, en el parque del Retiro, donde estamos acostumbrados a ver cuadros. No deben aplicarse a Sert las reglas y medidas de un pintor de caballete; en él todo es colosal, tan desmesurado como se lo permite la regla tiránica del edificio. Ante esos espacios, el muralista, ya desde la antigüedad más remota (pongamos, como cercanos el tercero y cuarto estilo de Pompeya) tiene el prurito de usar la Arquitectura como de un trampolín desde donde lanzarse a esa tercera dimensión que la superficie del cuadro le rehusa. El trompe l oeil o trampantojo con que se engaña a uno haciéndole ver lo que no es (Diccionario de la Real Academia Española) basado en la perspectiva ilusionista que llaman en Italia di sotto in su (o de abajo a arriba) será su arma principal. Acaban E 1 Palacio de Velázquez Parque del Retiro de restaurar en Parma las cúpulas de San Giovanni y del Duomo, donde Correggio, aplicando las lecciones de Mantegna en Mantua, finge abrir los techos hacia vertiginosas visiones celestes en el primer tercio del siglo XVI, imponiendo el tipo de decoración que hará furor en iglesias y palacios de los siglos XVII y XVIII (recordamos San Antonio de los Alemanes o el Palacio de Oriente, en Madrid) De ella, será J. M. Sert uno de los últimos y más famosos cultivadores. En el referido artículo, pensaba en la pintura mural del futuro, concha humana del porvenir, basada en la pérdida del sentido trágico de la Arquitectura, en su absoluta liberación de la ley de la gravedad El concepto de la decoración en Sert varia de su primera Catedral de Vic (1900- 1927) de carácter más barroco, a la segunda (194045, tras el incendio de 1936) más neoclásica, en el sentido de no querer destruir, sino acentuar la arquitectura. Esas dos obras centran la exposición del Palacio de Velázquez, con fragmentos, fotografías y maquetas que, ineluctablemente, desfiguran las pinturas, al minimizarlas. Pero aun tratándose de un pintor católico, para mi gusto personal, Hasta el 3 de enero Camacho (1929- 30) ésta última, obra de plena madurez del artista, en la época en que se separa de Misia Godebska, para casarse con Russy, una princesa de la familia Mdivani, en el mundillo suntuoso de una sociedad en decadencia. Misia, que siguió siendo su mejor amiga y su crítico más duro (ella prefería los cuadros de Bonnard y Vuillard, sus amigos del salón de los Nathanson) escribe que cualquier material, por singular y exquisito que fuese, era para él un elemento lúdico de construcción, del que extraía las ventajas más imprevistas Misia por Misia Godebska, Barcelona, 1983) Ese luxe, calme et volupté podremos echarlo en falta al ver las pinturas de Sert (al óleo, no al fresco) en el Palacio del Retiro, tan austeramente funcional, donde sus fondos de oro y plata resultan paradójicos. J. M. Sert fue el pintor del beatiful people de la primera mitad de nuestro siglo, con la nostalgia del pasado perdido, donde se conjugan Oriente y Occidente, la espléndida y áspera España (a la manera de Montherlant, de Claudel y de! Barres) y el brillo rococó de las porcelanas de China y Sajonia: el universo de la jet society internacional, al que su pintor daba la ración de sublimes aspavientos que necesitaba para no languidecer. Julián GALLEGO Caballerías (Las bodas de Camacho) Sert alcanza más estupendos resultados en los temas laicos, representados aquí por tres conjuntos que los montadores de esta muestra han tratado de exhibir en espacios adecuados: Las Cuatro Estaciones (1917- 20) Caravanas de Oriente (1921- 22) y Las Bodas de