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AB, pág. 92 EEMOS un soneto de Góngora o uno de Quevedo con la atención puesta en cada verso, y un soneto. de Lope con la atención pendiente del efecto del conjunto; lectura ésta que hace el poema quizá más fluido, pero menos sustantivo. Admiramos un sonido humanizado en puro sentimiento (en los más felices casos) pero encontramos el soneto de Lope rápido, fácil, volandero, más agraciado que hermoso o que inquietante. Góngora logra la concentración expresiva, consustancial al soneto, en virtud de un lenguaje que encierra en cada verso un tesoro de armonía, novedad sintáctica y léxica, omprensión e imaginativo esplendor: Raya, dorado Sol, orna y colora del alto monte la lozana cumbre, sigue con agradable mansedumbre el rojo paso de la blanca Aurora Podría decirse que el soneto típico de Góngora es una deslumbrante metáfora: un ennoblecimiento de cierta realidad por semejanza con otra realidad más rica en sensaciones de belleza. Análoga concentración alcanza Quevedo en sus sonetos: buscada eufonía, menor novedad en giros y palabras y menos brillantez en el despliegue de las imágenes (respecto a Góngora) pero una sentenciosidad sobria, preñada de sentidos, y un acierto indefectible en la concretización de las ideas, lo cual hace que estos sonetos hayan de leerse con la conciencia en vilo para no perder matices o implicaciones: A quien la buena dicha no enfurece, ninguna desventura le quebranta; camina, Fabio, por la senda santa, que no en despeñaderos permanece. Huye el camino izquierdo, que florece con el engaño de tu propia planta; pues cuanto en curso alegre se adelanta, tanto en mentidas lumbres anochece Diríase que el soneto como Quevedo solía forjarlo fuera una aleccionante metonimia: una profundización de la realidad TRIBUNA ABIERTA JUEVES 2946 7 L 1 UN SONETO CONTRA EL SONETO (y II) N- supo distinguir las voces de los ecos El mismo Miguel Hernández, en El rayo que no cesa (1936) aunque Por Gonzalo SOBEJANO no pudiera- n i quisiera- ocultar lo mucho que debía a Garcilaso y por acercamiento a otra más llena de sentia Lope, a Quevedo y a Góngora, infundió al dos morales. soneto una abrupción inédita. Pero, sobre Lope de Vega, en cambio, agrada con sus todo, Juan Ramón Jiménez, en sus Sonetos mejores sonetos, estimula o emociona de un espirituales (1917) había demostrado que del modo ligero y esperado: Ya no quiero más canon secular podía brotar una figura nueva. bien que sólo amaros Suelta mi manso, En esa colección- excepcional dentro de su mayoral extraño ¿Qué tengo yo que mi vasta obra, ya que nunca después publicó, amistad procuras? Pastor que con tus silque sepamos, ningún soneto- Juan Ramón bos amorosos me despertaste del profundo Jiménez remozó íntimamente este tipo de sueño composición lírica trasmitiendo a los catorce Si en relación con el pasado del soneto versos aprisionados en dos parejas de estroLuis Cemuda pudo adolecer de riguroso pero fas un resplandor de emoción sin sombra de no pecar de injusto, pues armonía (rima) y silogismo, una celeridad fluyente, la instantáderecho absoluto a ser y pervivir (razón) tenea vibración de un alma libre: nían en el apogeo de esta forma, sobre todos Como en el ala el infinito vuelo, los demás, ios sonetos de Quevedo y los de cual en la flor está la esencia errante, Góngora (y también color y olor de rosas cullo mismo que en la llama el caminante minadas) ¿qué hay en esa breve alusión del fulgor, y en el azul el solo cielo; Soneto a su presente? En plagio nazco hoy, muero en remedo como en la melodía está el consuelo, y el frescor en el chorro, penetrante, Componía Cernuda su Divertimiento en y la riqueza noble en el diamante, los años cuarenta, época en que el soneto así en mi carne está el total anhelo. celebraba en España aquella primavera neogarcilasista que no condujo la poesía españoEn ti, soneto, forma, esta ansia pura la a ningún horizonte fecundo. Debe tenerse copia, como en un agua remansada, en cuenta la fecha para comprender bien la todas sus inmortales maravillas. saturación de sonetos correctos que motivó La claridad sin fin de su hermosura en Cernuda- español exiliado- el cansancio es, cual cielo de fuente, ilimitada y la incredulidad acerca de aquel renacimienen la limitación de tus orillas. to durante el cual ni aun los mejores poetas El poeta auténtico puede siempre tocar de acertaban a librarse de los remedos; ecos de maravilla el más gastado molde. Y para caGarcilaso, resonancias de Góngora, repercullar en prosa nunca falta ocasión; es lo que siones de Quevedo y hasta remotos susurros hace el hombre común todos los días: repetir de Petrarca. Y, con todo, testimonios no muy lá palabra ya hecha, resignarse a la forma lejanos de la capacidad del genio para renoparada y sorda. Sólo el buen poeta acierta a var a fondo una forma tan grabada por la traverificar con desesperación qué cotidiana es dición no le faltaban al autor de Divertimienla vida y a romper la inercia que tal comproto Los pocos sonetos de Antonio Machado bación suponía inquebrantable. llevan el sello propio de quien tan claramente N O es tarea fácil mal inevitable. Se ha querer conmehablado del poeta del morar dos pesimismo del poeta acontecimientos dispade la m e l a n c o l í a res que tienen lugar ¿Por qué? SimplemenPor Javier SÁNCHEZ MENENDEZ este año, pero cuestiote porque tenía un disnes de similitud facilitan el hecho. Si dijera en glos XIX en sus- Cantos, una sensibilidad que tinto modo de entender la vida, que nunca le voz alta que Giacomo Leopardi y Julio Maris- Hólderlin había pronunciado antes en París, fue propicia, siempre amarga, llena de decepcal Montes, que son dos poetas, tienen mu- pero sensibilidad al fin y al cabo. Y no es ex- ciones y dolores. Jamás desde el momento cho en común, seguro que me tomarían por traño si mencionamos que se trataba de una en que entender la vida lograr pude turbó loco, pero es así. De un lado se cumple el sensibilidad eminentemente andaluza la de mi pecho el miedo de la muerte nos dice. 150 aniversario de la muerte del poeta del Mariscal: El pueblo, ya sabéis: un puñado Leopardi nació en Recanati, cerca del copesimismo, de Leopardi, al que algunos han de casas, una plaza, una fuente, una vieja nocido Santuario de Loreto, una ciudad situaosado llamar L infinito. Y por otro lado, sólo rutina de misas y rosarios, y luego un horihace diez años que falleció Julio Mariscal. zonte cansado de olivares y también: Por- da en el camino que los viajeros románticos utilizan para ir de Roma a Venecia. Mariscal, Mariscal fue un poeta extraño, pero extraño que pueblo es sudar, parir, partirse el alma en Arcos de la Frontera, precioso municipio para los que consideran que hay rareza sobre el yunque o el arado. gaditano. Leopardi se encerraba con los cuando uno no sale de su puebio, cuando En vida, Mariscal publicó nueve obras de 16.000 volúmenes de la biblioteca dei palacio uno no traspasa los límites de su región. Y poesía. El nombre de Corral de muertos tosco y rojo propiedad de sus padres- coneso le ocurrió a Mariscal. Para él, Arcos de la (1976) es ya clásico en nuestra lírica contemdes italianos- todo era erudición, ingenio. Frontera (Cádiz) lo fue todo. Allí encontró la poránea. El siempre acertado Aquilino Duque, Mariscal, en cambio, no tenía tanto talante tierra, el amor, las constantes de su obra, y ja en su libro La calle de la luna, esbozó perfecnoble. El se conformaba con su pueblo y las muerte, que le sobrevino en 1977. tamente a. Mariscal: Herido vas porque sa gentes que lo habitaban. Antonio Hernández, otro poeta de Arcos, bes que por ti viven penando una duquesa dijo una vez que Mariscal hacía la mejor poe- en Vársovia y una molinera en Arcos. Hoy, Leopardi es, junto a Dante, el poeta sía de posguerra. Y es cierto. Ocurre que en. Giacomo Leopardi también estaba herido, italiano más conocido y amado; Mariscal se su poesía se adopta la nueva sensibilidad de una enfermedad que va mucho más allá olvida injustamente, aunque en Arcos le quieque Leopardi pregonó a principios del si- de los males físicos; Leopardi en sí era un ren demasiado. LEOPARDI Y MARISCAL