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Norma y Espartado, la historia de dos triunfadores UNTOS podrían llenar las Ventas, salir en volandas por la Puerta del Príncipe en la Maestranza, recibir innumerables salvas de aplausos y acabar marcadísimos de dar tanta vuelta al ruedo. Son los preferidos por la afición. Con el mundo por montera y la celebridad entre sus manos, Norma Duval y el diestro de Espartinas tienen muchas, muchísimas cosas en común: la ambición, la fama y, sobre todo, la felicidad. Tan arraigados a sus respectivos clanes familiares, tan entrañablemente hogareños, son la viva estampa de ese orgullo que impulsa a quienes todo lo han conquistado, a pesar de los demás, a pulso. El arte de su oficio los ha hecho internacionales, y eso no sólo lo saben sus apoderados. El Folies Bergére, el más parisino de los music- halis, hizo que con Norma soñase media plaza, mientras la otra media admiraba la habilidad de Espartaco con la muleta y el capote. El, con veinticinco años, se juega la vida cada tarde. Ella se juega el puesto cada noche, en cada gala, en cada escenario, como si se tratara del estreno. Ambos han llegado, sin comerlo ni beberlo, a ser unos sex- symbols codiciadísimos. Rocambolescos y sonados líos amorosos, mucho rumor desmentido que lo único que ha conseguido es dañarlos íntimamente, porque su profesionalidad en la lista de los éxitos ha continuado en ascenso. Como en los corridos, muchas piedras en sus cárnicos los enseñó que su destino era triunfar y triunfar. Plumas, trajes de luces, lentejuelas y capotes. El matador de toros y la vedette delterazo y por la fama, pasean hoy su gran amistad. Forman parte de esa cuadrilla de españoles que se han hecho universales desde el instante mismo de tomar la alternativa. Han triunfado porque son artistas verdaderos. Por norma. Rosaura DIEZ FUERTES MIÉRCOLES 28- 10- 87 J ABC 123