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34 A B C INTERNACIONAL Horizonte MIÉRCOLES. 28- 1 Q- 8.7 París contempla con inquietud los acontecimientos de Tahití París. Juan Pedro Quiñonero La prolongación del estado de urgencia subraya la situación de gravedad latente en que se encuentra Tahití, en el corazón de la Polinesia francesa, convertida, con Nueva Caledonia, en un foco político inflamable, con ramificaciones más que considerables para la prolongación de una presencia nacional en el océano Pacífico íntimamente asociada a la modernización del arma nuclear estratégica. En términos sociológicos, el Gobierno y los partidos independencias intentan disociar la agitación social del personal del puerto de Papeite del activismo político estrictamente independentista. El Gobierno desearía desactivar la bomba de relojería independentista. Y los partidos independentistas desean desmarcarse de la violencia física de los enfrentamientos del pasado fin de semana. Sin embargo, el Gobierno y los independentistas sacan conclusiones enfrentadas que subrayan la gravedad de los conflictos: El Gobierno estima que los sucesos violentos del fin de semana están llamados a tener una dimensión puramente temporal sin ramificaciones particulares. Los partidos independentistas estiman que la agitación social del fin de semana es un mero síntoma de un malestar profundo que sólo podrá concluir con la independencia de los territorios franceses en la Polinesia. Tras el referéndum de Nueva Caiedonia (favorable a prolongar el estatuto de territorio francés de ultramar) Tahití plantea el problema de la presencia gala en el Pacífico sur. La gravedad de ese problema afecta a todos los fundamentos de la arquitectura militar, diplomática y defensiva de la nación, cuyo pilar fundacional es la modernización del arma nuclear estratégica, que Francia realiza, precisamente, en un minúsculo archipiélago perdido en el corazón del Pacífico sur. Todo el proyecto diplomático francés reposa en la independencia militar que confiere la posesión del arma nuclear. La modernización indispensable de! sable nuclear se realiza hoy gracias a la experimentación consumada en el Pacífico. Cualquier hipoteca potencial contra esa presencia física capital afecta al sistema neurálgico donde se funda la defensa y diplomacia del Estado francés. FASE FINAL DEL REGATEO Ya comprendrán ustedes que eso de firmar un acuerdo sobre los misiles de alcance intermedio como si tal cosa, no es algo que pueda esperarse de Washington ni de Moscú. Lo ritual es tirar los pies por alto, romper la baraja, armar el cirio y sólo cuando todo el mundo está consternado, porque cree que ei acuerdo se ha ido por la cañería abajb, el ruso y el norteamericano se dan el abrazo y en paz. Gorbachov y Reagan están cubriendo ahora mismo esa fase del habitual suspense mientras el mundo les contempla, mitad ansiedad, mitad aburrimiento. Los dos jetazos de las super están en esa porfía infantil de no demostrar demasiado interés; de que no les importa tanto que esa primera y gran baza del desarme nuclear se vaya a hacer gárgaras. En las negociaciones de paz con los comunistas, rusos o no, el sí final suele llegar de una manera abrupta, por completo inesperada. Eso fue lo que ocurrió cuando el Tratado de Paz con Austria, tras años y años de negociaciones, y lo que sucedió con las negociaciones de Pan Mun Jon, en Corea, para dar fin a la guerra. Coger por sorpresa a la otra parte es una de las distracciones favoritas de los rusos. Bizancio, está mucho más cerca de lo que se piensa, en el alma rusa. Así, pues, Shultz fue a Moscú con todos ios papeles en regla, y resultó que Gorbachov no estaba preparado. El secretario de Estado dijo, ya en Washington, que si Gorbachov se retrasaba demasiado a lo peor era él quien no estaría preparado, y Reagan declaró lo mismo! Dieron, todos ellos la impresión de que estaban regateando la venta de un coche usado, no el desarme nuclear. Tantos años tintando ante la posibilidad del holocausto y ahora nos vienen con esos regateos de verduleras, desvalorizando el desarme nuclear, frivolizándolo a nivel de oficina de objetos perdidos. Pero también pudiera ocurrir, como piensan tantos, que en realidad rusos y norteamericanos están arrepentidos oasustados de tales planes de desarme, en busca de pretextos credibles para dar marcha atrás. Se calcula que por lo menos la mitad de los rusos están contra el desarme en cuestión, y otro tanto se atribuye a los norteamericanos. Cuarenta años a la sombra del hongo atómico son tal vez demasiados, para acostumbrarse ahora a vivir sin el hongo y sin el terror. Antes, podríamos estar razonablemente seguros de que acabaría con nosotros el tal holocausto. Ahora, sin armas nucleares, no sabríamos a qué atenernos; vaya usted a saber cómo acabaríamos. Sólo así se explica el hecho de que en vísperas del acuerdo ruso- norteamericano, que pondría fin a tantos años de terror, los norteamericanos sólo tuviesen ojos para las World series de baseball, y los rusos para los recónditos encantos de comprar sin hacer cola. Era lógico esperar una explosión de júbilo cuando Shultz y Shevardnadze saliesen de su última reunión en Moscú enarbolando sus pergaminos de paz; Pero en lugar de eso, ambos procuraron dar fríamente la impresión de que, en realidad, no estaban tan interesados en ese asunto. El caso es que nunca, en tanto tiempo, habíamos llegado tan cerca de un acuerdo de desarme nuclear, aunque fuese en medio de tanta indiferencia. Pero aun así, no me atrevo a pensar que rusos y norteamericanos sean tan frivolos y sientan tan poco respeto por el resto de la humanidad como para dejarnos ahora con un displicente: Lo sentimos mucho, señores y señoras, pero la función se ha suspendido. Pasen por taquilla y se les devolverá el importe de la entrada. Manuel BLANCO TOBÍO