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18 A B C OPINIÓN Planetario MARTES 20- 10- 87 MÉDICOS DESAHUCIADOS ARA poder meter tres enfermos graves, tres casos de urgencia, en el Hospital del 1. de Octubre, ha habido que ponerle los trastos en el pasillo a dos especialistas del centro sanitario. Así están las cosas en la Sanidad Pública. Esa es la muestra por anticipado de lo que sería la Medicina socializada que anhela el ministro de Sanidad de tumo hasta que Don Felipe se decida a hacer la crisis que amaga y no da por el momento. Ellos (los médicos) han hecho lo que han podido dice una octogenaria salvada por recurso tan in extremis de la Dirección del Hospital. Y uno de los médicos del centro, lleno de sentido común, comenta: No se han solucionado los problemas por los que se iniciaron los conflictos médicos afirmación que todo indica ser verdad. Y dentro de cinco días, si el ministro no lo remedia, huelga de médicos otra vez. La Coordinadora de Hospitales se propone convocarla en vista de que nadie arregla nada y de que, en cambio, cosas del politiqueo predominante, el día 20 de noviembre próximo se celebrarán elecciones sindicales de funcionarios, problema considerable. ¿Qué tienen que ver los médicos con los funcionarios? Nada y mucho. Nada, porque un médico es radicalmente distinto de un normal funcionamiento. Todo, porque la prepotente Administración considera a todos los médicos de la Seguridad Social, no como titulares de una profesión científica muy diferenciada, sino como funcionarios. Y, claro, esos funcionarios, minoritarios por su propia calidad científica y técnica, mezclados en un solo colegio electoral con todos los demás, pueden desaparecer prácticamente como médicos y ser arrollados por el aluvión indiferenciado efe los muy respetables funcionarios de todas clases. Uno. se pregunta si socializar la Medicina, mejor dicho la Sanidad, puede equivaler a socializar a los médicos, meter a los médicos en el mismo rasero, muy respetable en lo suyo, de las fregadoras, las cocineras y los camilleros de los hospitales. Un voto, en materias sanitarias, un voto de un respetable ordenanza y un médico, ¿pueden ser lo mismo al dilucidarse problemas sanitarios? Pues ahí está la madre del cordero. Y hacía eso van, mal que les pese, los médicos por el simple error de fraccionarse en distintos grupitos, de dejarse absorber por sindicatos poderosos que nada tienen que ver con sus reales problemas de médicos y no de vulgares asalariados. Divididos los médicos en sindicatos como CC OO, UGT, incluso la CSIF, lo normal es que la dinámica propia de esas organizaciones, los enfrente en posturas diferentes. Y ahí tendrá el señor ministro el Divide et vinces que le permitirá someter a criterios políticos el papel de los médicos que por su propia naturaleza pide criterios sanitarios. Malos días se presentan en lo futuro a los usuarios de la Seguridad Social, si esta anómala situación de los médicos no se arregla como es debidoLorenzo LÓPEZ SANCHO P El recuadro UANDO un locutor de televisión salió diciendo que a Nancy Reagan le habían descubierto un cáncer y que le tenían que cortar un pecho, me acordé inmediatamente de Diego Carcedo. También es mala suerte la de Diego Carcedo. Esté usted una porrada de años en Nueva York predicando la santa cruzada progresista de que Reagan tiene cáncer para que le den la boleta en el momento justo en que puede usted anunciar que Reagan, no, pero que su señora esposa sí que lo tiene. Así que el anuncio del cáncer de la pobre de Nancy fue como lo del ministro sevillano de la Corona, a quien Don Alfonso XIII le dijo en un verano de San Sebastián que en Sevilla estaban a cuarenta y dos grados a la sombra: -Señor, la que me estoy perdiendo... Lo del cáncer de la pobre Nancy fue igual. Pensé en el ministro sevillano cuando oí la noticia e hice la trasposición de la frase: -Señor, la que se está perdiendo Diego Carcedo... ¿Cuánto hubiera dado Diego Carcedo por transmitir la noticia? ¿Se imaginan su sonrisita, ladina, malvada, como de quien se cree que está derribando al coloso del Norte desde Nueva York, vía Prado del Rey? Lo de Diego Carcedo hubiera sido glorioso: -E l cáncer no ha podido con Reagan, pero miren ustedes por donde estamos de suerte. Se lo ha traspasado a Nancy... Pues bien, tampoco ha hecho falta Diego Carcedo. La sonrisa de Diego Carcedo ha sido suplida por una legión de mal nacidos C que están contentísimos de que la señora de Reagan tenga cáncer. Hay gente que se alegra con estas cuestiones. No sólo en ese bando. En el otro también. Lo he oído: -Qué lástima que el cáncer no lo haya cogido la Gorbachova... Somos así. Se extiende esta complacencia en el mal ajeno. Creen que la mancha de la mora del napalm norteamericano en Vietnam con otra verde del cáncer de mama de una pobre señora se quita. Me dan pena los que quieren derribar así el equilibrio mundial, por vía de la vileza. Me dan pena, porque por encima de que sean los inquilinos de la Casa Blanca, los Reagan dan una imagen poco usual en nuestros días: un matrimonio que todavía se quiere. Setentones, se quieren. El amor a los dieciocho años es enternecedor, pero el amor a los setenta es impresionante. ¿Se han fijado cómo Nancy sigue mirando a Ronaldo? ¿Se han fijado cómo Ronaldo la toma del brazo? Ya digo, un espectáculo poco usual. Los Reaga son de esos matrimonios unidos, que todavía se quieren, que si ella muere, él la sigue a la tumba a los pocos meses. Por todo ello, comprenderán que sobran las sonrisas. La única sonrisa posible que nos queda es la ternura de este viejo amor. Y no se lo digan a nadie, pero a Nancy no la han operado en el Hospital de Bethesda. La han operado en una clínica de muñecas. Antonio BURGOS