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mis de las iaTTíiíilías que ncwi firoporaonanm en Li cnirjub, y. i que sobre el lat imi. o pi ü de eslcíii sólo csTá pemiitida movciiL- de calío í en Ciilccíincs. Para hacer uso tle oi Livabíis, iidi iiidr t nn a la hiibilacion, nos espera (itm par distínio de chindas resciVüi s cxdusivamenic a csl: i dt pendcnaa. Ya en el inicritir. nun h, illam con un ¡i cslunda asimt lricj, inipregn; idii del car. iílarí tfto olor del laiami- lusUoso como en el monienrn de ser cMrenado. En las columnas df niiidcta y lokononia (plaíjíornuí piíra colocar las flores dispuesl. i según el arte japorH s) pojemos vernos la propia cara con la fidelidad de un criilal esmerilado. Aquí mi aparecen ni c a m a ni ci mnda, ni oíros adornos- Las paredes, rasas y limpias. Sillo, en el centro, lu niesa- -kolaisup riKÍeadii de ¡il unos cojMies. con o sin respaldos. scniainos direelíimeníe rc el tatami Al fondo vo Sirabalci 3 n o terraza que da se youn d un jardín maquillado de Un verde intenso, con algunas linternas de piedra, bordeando iin vereda de arena y cantos rodados. L L jovcneiía que no ha guiado hasta la habitación nos ofrece ahora la yukíila (especie de kimono para andar por el hotel y sus alrededores, mientras pernianeceamos en é nos explica los planos dol mismo y el nunlo Je llet- ar hasta el gran aíío o fuiO púniico, pidiéndonos i cada fra e dispensas por su torpeza en atendernos. Y, roghindoniís con una profunda ¡nelinacii n, arrodillada sobre oL ta (ami aue aguardemos un momento, sale de la habitación. Acta seguido se présenla una señora, vestida también de kimono, impecablemente limpia, con lo necesario para servirnos el té de bienvenida, una to lliía caliente para refrescarnos c; itíi y manos y algunos biícochos. tspeciahdad de la casa. Va a ser nuestra camarera, que no nos abandonará un momento, pendícnie de núesIras insinuaciones, adelantJndose s i e m p r e que le sea p o s i b l e a nuestros deseos. De rodillas, sentada sobre los talones, doblando la parte superior dt: l cuerpo hasta tocar con la írente las palmas de sus manos apoyadas sobre el piso, nos saluda: -P e r d o n e n lo mueho que les hemos hecho esperar. Bienvenidos. Soy Nakao. Eísitiy a su di poiíieión para loque gusten. Se oírece Í plegarnos la ropa de viaje, con olor a mundo v a preocupaciones, y nos ciñe con destre a y vigor la yukata a los que a c e p t a m o s esK exquisito ser icio. Ya no nos queda nada encima de cuanto trajimos al hotel. -Naturalmente, ustedes tomarj n desde at ora el bario, ¿no? MíenTfas tanto vo lo dispi. idr todo para la cena. ¿A qmf hora desean cenar? -A las sietCn por e j e m p l o ¿Esta bien? -S í sí. De aeuerdo. ¿Para tw- ber. -A l principio algunas botellas de cerveza fría y después- sakebien calienlCr- E m c n d i d o Aqui tienen las toallas para el baño. Por favor, k menlo ct n calma. Todo llevado a cabo conforme a las scvcrati prescripciones que rii; en para estos casíjs desde tiem- ya raro, sobre lodo en los centros niá? ci ncorridos. Aquí es necesaria una aclaración, hl baño o- í u r o Taponts no tiene por pnmera finalidad la limpieía. Antes que nada, es un placer, el relajamiento de toda la persona. Es la línea divisoria entre las horas de trabajo y las horas de deseando. Por esto suele tomursc ya de larde al regreso al hogar o, ci nio en niiestni caso, después de inscribirse en la hostería. La toma del furo- para el japonés, es un acto rutinario del día, como puede serlo la hora det desayuno o de la cena. l s un rito familiar, en que hasta el orden de procedencia esti religiosamente y presentación de la comida y se cumple una refinada técnica para nianienur k s alimunios en su forma natural La lena viene a ser una demostración artística diseñada en orden a satisfacer todos los ientidoS La camarera, a nuestro lado, estará siempre pionta a rebramos el plato vacio o volvernos a llenar el vaso o copa de cervcía o de s a k e- Cl ryokan japones está orientado tanto para la cama como para la mesa. Después del líltimo sorbo de- sake caliente, la camarera recabará para vi tan sólo cinco minutos, pidiéndonos que abandonemos la habitación. Este espacio de tiempo le bastará para tninsfonnarla de comedor atascado de nlatilos, tazas, boicllas, palillos, handejüs. vasos, loallitas y cojines en pulcro dormitorio, sin más que el fuión colchón grueso y esponjado, tendido sobre el laiami Él ritual comeiuari de nuevo al dia siguiente con el desayuno servido también en la habitación. fisle ripo de hospcderias las encontraremos cn todo el país, con precios que pueden correr entre las ill. íimi y las 75.000 pesetas por noche pura dos personas, la cena y el desayuno incluidos. Sin embargo, abundan más en ciudades de raigambre turística tradicional. Kioio por ejemplo, y cn los lugares mejor dispuestos para lograr la identificación del cliente con la belleía natural. Esta cttmp e n e l r a c i ó n se facilita de un m xÍo eminente en los centros populares de aguas termales. Estos se hallan uhieados en parajes privilegiados, tan bien equipados y atendidos que los convierte en un artículo de descimso sólo disponible en Japón. Aqui cobra entero sentida la arquitectura trdicional jawnesa. aue prefiere someterse a la Naturaleza, en oposición a la occidenul que busca apovarsc sobre sí misma. La habitación con alcoba da vista a un her moso Jardín. (Foros: Embalada d l Japón) pos inmemoriales, igual en el ext r e m o Sur q u e en el e t r e m o Norte del Japi r, lo mismo en el centro de las grandes ciudades que en el nncon más mcoíuunicaao, Cn esto el Japón no ha dado ni retrocedido un p, iso, y quieran los dioses que ú siempre siendo asi. El baño puede tomarse pnvjdamente en la propia habitacii n o en el balneario publico. Muchos extranjeros aún ve mueslriin un tjnto re. icios a aceptar esta costumbre tradicional japonesa, V, sin embarco, esta dependencia és lo 4 ue da ambiente ai- ryokan y crea la inlimidad entre los huéspedes llegados de los lugares más iipaiiados. H; ice quince o veinte irio era frecuente encontramos con estos barios en eonmn para uno y olio, Actualmenre es éstableeido. En la guía de cualquier -r okan suele fipurar esta n o r m a t- scriía: Roeiess b; eii todo el cuerpo con agua caljenii. nnies de m e t e r s e en el bario. Después introdúzciise déiese relajar. Cuando hava entrado en calor, saljía y lávese cuisiadosamente todo el cuerpo con jabón. A amtinuaciOn eniu, íguese bien y vuelva a entfíir en el baño piíra un mayor calentamiento y relajamiento por e tiempo que le plazcaAl voKer a la habiíación. todo lo lenÜTcmos a punt f. dispuesto por una mano tutelar La cena en la habii; ieion de H laiaim- es en sí misma una expericnci i ntualistica. gastronómica y estética a la vez. Desde siempre la hospitalidad tradicional japonesji da gran im ioiancÉa a la limpieza, frescura Henjos observjido que el japonés, cí n mucha frecuencia, muestra cierto reparo en guiar al turista e x t r a n j e r o a estos lugares. Creemos que esta disposición, c o n s c i e n t e u i n c o n s c i e n t e se di be a una actitud muv japonesa: pensar que el extranjero nuncí MU a ser capaz de valorar debidamente lo que a ellos les viene de hereneia racioL y lo más expeditivo es evitar íüponerlo a una es u- cie de nroíanatión. Sin emoargOn no ialtan, incluso alL ún rey, primeros ministros y relegantes pei ronaiidadcs que nos han transmitido sus e cpenenáas de sentirse huéspedes en una de estos rvokan- Donald Richíe escribió que s- t- l servicio en una hospcderui j, ipone a es una experiencia imprevista e n ninguna otra parte del mundo Aquí se ir tenía pioporcioiijr al huésped una estancia no sólo agradable, sino perfecta 79