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br r; li ¡iy f- cnrc que nene el podcr V que empiezan a cobrar v entonces van p rüiend poco a poco sus faculudcs. Es unü de las leyes del ocuHismo que nn perdona. Hoy cstii de moda con ullai al asTrúbgo, A) ciiTlomanlc. t 1 quir 61o go o a maeo. Basta llamar a cualquiera de las consullas para comprobar que hay una lisia de espera que puede oscilar enire quince días y d u i mcícs, al priímctUo de vanas ione. s dianas. Lo problemas más usuales sun los afeclivos y los sentimenlales. en los que el mago o a d i v i n o ejerce el papel de psicólogo, que SI bien puede resutiai úül en delerminados momenlos. en realidad r o le corresponde, y los economatos y profesión ¡I les, porque precisamenie son empresarios, manaecrs y gen le con d e r l a rcsponsaMídad quienes más asiduam e n t e acuden a los ma os en busca de orienlación. ncTuso la clase política acude más de lo que se suele pensar a csias eortsulios y hasia hay quien se precia de tener enirc su clientela algunos poHticos de rcnomb reLa magia, que es sin duda un fenómeno de lodos loa tiempos, e esleí convirliendo üclualmenlc en un negocio muv rentable en el que pronto habrán de surgir i no lo han hecho ya la especulaaún y el anibismo desaprensivo. ten pnmnivas y conlnmas a una Mda niiiKletna satisíacíona- Cuando nos enfreniamoi; a un problema de fe, las cvidencius. t ¡in (o a favor como en c o n t r a Suelen sci lan suliies como maprchensibks. Sin embargo, para T a r o B a r o j a hay en c l p e n a niienio m i g i t o- un principio que es pelipovs para cualquier socicdao y es la crecnci, i de que tas cosas que le suceden al hombre para bien o para mal, individual o colectivamcciie. tw se deben a causas naturales, sino a una voluntad ajena que presiona v bre el hombre Y aunque en la magia como en iodo hay gente honesta y realmeme convencida de I veracidad de sus planteamientos, también puede haber desaprensivos u impostores que vean en e la circunstancia un campo abonado para ejercer un domimo sobre caracteres clLábiles encamitiado fundamentalmente al lucro. Diferenciar a unos de otros no c larea fácil, pero tratar a lodos bajo el mismo rasero tampoco c i justo. iSn definitiva, es óstc de la magia un terreno tan enigmático y reshaladijxt que cualquier certera se sugiere casi imposible. L Iglesia cristiana y en particular la católica que. a lo largo de la Historia, ha caído repelidas veces en el error produado por la ignorancia de asimilar a la magia cuantas actitudes o ideas resultaban incomprensibles a la mentaliddd de la época v que ha perseguido a sus defensores hasta la eliminación sistemática, ha mantenido siempre que la magia es una forma de superstición, entendiendo ésta como un aspecto degenerativo de la creencia v la práctica religiosa. A f o r l u n a d a menie, el tálame religioso del clero v de la Iglesia en general no evidencia hoy esa intolerancia v prepotencia que condujo a la In- Creer o no creer, siempre el mismo dilema En el fondo de la expansión del pcnsamienio mágico en nuestro paLs como en cualquier otro gravita una ausencia de fe cristiana o la necesidad de h u a r aleo d i s l i n t o en qué creer, a veces como escape, a veces por p u i o esnobismo. Para Euscbío G i l Teólogo y a n t r o p ó l o g o jesuíta, (cn cuanto ha una iniensificjd o n de la religiosidad del individ u o desaparecen las creencias mágicas y al contiario Pero sucede demasiado a menudo que unas creencias no desbancan a otras, sino que c o n m e n en una armonía aparente, forjando un d e i l o ecleelicismo tambii n aparente, porque ante la dificultad apremiante se lecuire al sistema fácil de la oración humilde y fervorosa a Dios. Es condición humana evolucionar, reticlar y cambiar ideas y conceptos, lo difícil es mantenerse en los mismos supuestos frente a laníos y tantos avaíascs como se suceden a lo larlo de una vida, o de un período más corto de tiempiv Es licito, lófáco y puede que micligenle buscar algo distinto en que creer, pero para Julio Caro Baroja. historiador y antropólogo que se dio a conocer en este terreno gracias a su libro Lss brujas y su mundo ese algo SC busca en recetas muy viejas, en formas que pareSobre estas lineas, la mágica bola de cristal. Abajo, Michel de Notredame utiliza su- athame para abrir los puntos cardiriales y permitir la entrada deí convocado a uisición, pero si íuc manienieno una postura contranj a IÜ maj; ia. una postura que resuUa coherente Si se observa lo que dice el padre Ensebio Gil de que para ía fe cristiana lo inadmisible es que el hombre pueda utilizar los poderes superiores, sean buenos o malos, incluso a Dios mismo, como un instrumento que se pueda dirigir a capnchO El dilema oc creer o no creer en la magia está servido desde hace aiíos v seguirá incilando a la p o l é m i c a hasta que la ciencia aaerte a explicar y demostrar las leyes por las oue opera si es que semejante hipótesis llega a producirse, fientras Tanto, el senrir religioso seguirá manteniendo que quien se conña a Dros, como dice hu. scbío G i l no jiuede cact btqo la influencia de mngún poder humano, por potente que sea. y menos aún de un poder que quisiera u l i l i i a r al propio poder para el m a l afirmación que. desde luego, no comparten los magos. 7 G