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AL LORO I E M P R E ha sidn líi o 4 uina de la calle de a Monicrü d sitio m. ts L sTryf lógico ds b Puerta del Sol. A li se siiUcibci ia Hcliodord. Qué mozü mn juncal ki Zlolidora! Juncal quiere decir lo galfaido líí bizarro, peni esU- i no nos da idea de lo que era una moza juncal. Pero, t. túmo es que no nay mozas junc ¡ile i? Pues, nu senor, no las hav Se han lerm m a d o T o d o se ürmina en oste mundo. Ahora las hay lan bizarras. an gallardas como las de anraño, pero v. i nn son juncales. I.o juncal fenjenino era un privileigo de lo- i Madnlc un gracia especial concedida pür Dios. Esloy dándole vueltas ¡1 ver si a l m o a dcuij qué era lo j u n c a l y nada, no encuentro ni la claridad ni Ja p; ccisión necesarias para definirlo. Se decía: íis guapa la Heliod o r a? se c o n t e s t a b a ¿O u i É n ía l l e l i o d o r a? ¡La Heli ídora es el acabo. el Pues el acabóse era lo luncal. Qué. ¿no esta claro? N o Para os icdorcs de hoy no cstA claro. Viinios ver. í- ieurensc ustedes una mujer e bcfia. Finas la líneas de su escultura, píe breve, aire altivo en su porte y más sipnificaTivamente en la cabeza, rostro no perlecto, pero sí retrechero, dotado de gracia picara y a la v e í ingenu- i, ¡A q u í cslá el t o q u e! j A q u i esta el misterio de lo j u n c a l en esa mezcla en la que predomina la picardía sohre la ingenuidadf HUMOR S Antología del h u m o r LAS FLORISTAS Por Antonio DIAZ- CAÑABATE De una mujer en exceso pícur ¡i se dice que es una muier de ronipe v rasca. N o No era eso lo juncaL No Ir spasJlba el l i mite de lo pitaro que es la falla de honra y vergüenza, w gún el Dicciitnario. Pero CTEI descarada, con desearo simpatKo, con descaro atrayentc. sin caer en a insolencia. La Heliodora a mus de juncal era florista. Las Roristai en una gran ciudad d e h c m n estaí subvencionadas por el Ayuntamiento, Eso de que la flores noí salgan al paso en ta mano de una mocita p i n t u r e r a nos alegra las pajarilas del alma V sí los Avuntdinicnto se preocuparan verdaderamente de las ciudades que rigen, formarían un cuerpo de floristas juncales. r. Llnifomiíidas ¡No. por Dios! S i m p k n i e n i e seleccionadas como las azafatas de los íiviones. Todas las primaveras, en el Retiro, formarían las floristas para que el alcalde les pasara rcvistJi. El alcalde en l u g í i de reprender piropearía. Pero ios Municipios no se salen de su rutina y se creen que con barrer y regar las calles de vez en cuando y llcniírla de guardias V señales luminosas han cumplido con su obligación. V como estarían alegres de verdad es SI l s recorrieran con mas írecuencia y profusión I O Í lindos palmitos de retejuncales floristas. Los pret; oncs madn leños no meden competir con los andauces, pero h u k uno. que ya por desgrjieia apenas se ove, que arrastraba no srtlo a los compradores, smo a sus corazones cuando anunciaba cim melodía melosa; ¡KosiTa: de olor y qué b o n i t a s de o l o r y de cien ho üs -A los temperamentos sentimentales como el de un servidor de ustedes, este pregón le pimía carne de j ¡allina, que es tan rica para hacer f OJOS, que son dos caramelos de menta, í- loristas de l.i s mañan, L de la Ca Tellana, cuando por sus andenes se pjst; aban Ins j! oniosos y las nirias liCri l Aquellos pa os de m r das, porque erun los tiempos en los que el amor tenia que mirar antes de hablar, tenía que hacer méritos antes de lograr el anhelado si. V cuántas veces un si lo obtuvo un man jito de flores entregado a tiempo por una florista con pe. squis iRonstas de las carreras de caballos, de las corridas de loros, de njísa de una en las Calalravas ¡Violeteras de la Puerta del Sol! ¡Floristas volanderas c n la cesta al brazo cuajada de IIIHIS de h Casa de C i m p o! Este pregt u: L i l a s de la Casa de Campo, lifas era para los oídos esludiantíícs, era el prepon de los c: (amcnes que se acercatian. Es lo que decía un condiscípulo mío: ¡Chico, vo en LUanto oij; o el prcf ón de as lilas es que me quedo alilaov. va no dov pie eon dulces Eueherosnodesalen, delammas, de L que S las que se quedan adentro y nos íiaeen cosquillas en el alma. Si la voz pregonera sonaba fresca y juvenil parecía como si las rositas de olor ¡iscendicran por el aire V formaran remolinos las cien niatYa casi todas la %Ilo rista- i que aún alegran las calles son mujeres de edad. Ya las jovencitas pican más alto, pero muchas se quedan en el mostrador de una cafetería. Cuánto mejor hacerle competencia a las rositas de cien hojjis! ¡Cuánto mejor desparramar por las calles aromas y pregones! hojas. Las floristas de amafio diripian sus Tiros con preferencia a fas parejas de novios. -Señorito, aimprele estos cl. neles a la señorita, que es muy guapa y que e los está pidiendo eon los A i Si fe ves como en lu foto de tu pasaporto, estás demasiado enfermo para viajar, -OA íam ¡i de An us Cuando se viaja at e tran ¡eííí. el tipo de cambio mejora notablemente día siguiente de que uno ha comprado moneda e. iítranjera. -O- V i s i l c Estados Unidos y ía U n i ó n S o v i é t i c a- ames que ellos lo visiten a ted. La colixxnna de Isidoro Por Isidoro Loí Esta echa una mirada a la mn jer del funsta. y jñadc: l í a s Visto lo que e encuentra h r cmcucnta Irjncos -Ollacer un viaje evín la muier pri pia es como ir de caíii furtiva con el guardabosques. -0- D o n sidoro- oue cvnsejo le daría a un turista? -Ü u c lleve la nutad de I: J ropa V el doble del dinero. TURISMO Un tmfsta v su mu cr llegan a París, Mientras ki esfWisa se arregla en la habitación, la espera en el bar del hotel. A h í se íú acerca ima joven y le susurra en el ifído: vVen conmigo, q u e r i d o te costara solamente quinientos Jranco, s. El tunela se escandaliza: -Estás loca, lo máximo que p- xlría darte es la décima parte de esa sun a. La chica da medi: i uelia y se a. Un poco más tarde, el hombre enira con U mu ei en un cale Lcrcano al hotel. se enciicntr. i de nuevo eon la joven. 42