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108 ABC ESPECTÁCULOS DOMINGO 18- 10- 87 -Música- Narciso lepes puso al público Gran actuación de Friihbeck y Riichbinder con la ONE de Taiwan entre sus cnerdas Taipei. Julio Bravo, enviado especial Siempre es grato informar del triunfo de un español fuera de nuestras fronteras. Pero si éste se produce en un lugar tan distante y distinto como es Taiwan, y alcanza las proporciones que aquí obtuvo la interpretación por Narciso Yepes del españolísimo y entrañabilísimo Concierto de Aranjuez la información se convierte en cómplice del sentimiento. En efecto; a los pocos españoles que nos encontrábamos en el Nuevo Auditorio de Taipei se nos puso la carne de gallina al escuchar a un enfervorizado público chino, en su inmensa mayoría joven, romper en aplausos al dar el maestro el último rasgueo de guitarra y esforzarse, con una pronunciación tan poco ortodoxa como cariñosa, por gritar ¡Bravo! y agradecer con ello la magnífica lección de música que Narciso Yepes a quien acompañaba la Orquesta Unida de Taiwan, dirigida por el francés Gerard Akoka dictó a este novísimo auditorio, que celebrará su gala inaugural el próximo día 30. Hasta cinco veces tuvo que salir a saludar Narciso Yepes, antes de que, al aparecer de nuevo con su guitarra sobre el escenario, y Akoka detrás de él y señalando con sus dedos un dos, que significaba la repetición del evocador Adagio, las ovaciones que hasta entonces habían acompañado a las salidas del concertista se convierten en estruendo momentáneo, antes de pasar al silencio y al remanso de la pieza. Pero no quedó ahí la cosa. Nuevos aplausos, nuevos bravos nuevo entusiasmo- de los que se ven pocos por ahí hoy en día- y Yepes tuvo que reaparecer con su guitarra para ofrecer un bellísimo Recuerdos de la Alhambra que siguieron los miembros de la orquesta incluido el director, sentado al fondo- con una expresión embobada, completamente atrapados por la música y por la interpretación. Y la historia se repitió. Terminar Yepes la pieza y levantarse el auditorio entero fue todo uno. Más aplausos, más saludos, y un nuevo bis, que Yepes introdujo en inglés. Fue una marcha irlandesa del siglo XI, que terminó de encandilar al público. Pero antes y después del Concierto de Aranjuez la velada tuyo también su historia. si bien menos relevante. El programa se abrió con la brillante Fanfarria para un hombre corriente de Copland, a la que siguió Concierto para guitarra en re mayor de Vivaldi, con Yepes de solista, y. para terminar la primera parte, la obertura y una fantasía del ballet Romeo y Julieta de Tcahikowsky. Después de la obra de Rodrigo, la orquesta- l a más importante de la isla- tocó. para mantener el ambiente electrizante que se vivía, tres danzas- seguidilla, farruca y jota de El sombrero de tres picos de Falla- que no brillaron a su altura, después de la interpretación de Yepes. Al final del concierto, el rostro de Yepes denotaba la misma plácida felicidad que inunda todas sus interpretaciones. Un rostro amable, pero imperturbable, al menos en apariencia, a pesar de lo que allí acababa de suceder. Quizá sea que ya esté acostumbrado. Teatro Real. 16- X- 87. Orquesta Nacional. Director: Rafael Frühbeck de Burgos. Solista: Rudolf Buchbinder. Obras de Beethoven y Strawinsky. Berlanga abre el Festival de Valladolid, y Azcona lo ventila Madrid. Ángel Luis Inurria El avance del programa de la trigésimo sexta edición del Festival de Cine de Valladolid, que se celebrará durante los nueve últimos días del presente mes, evidencia una meticulosa y coherente reflexión, y una exigencia y rigor de selección que no olvida el cine español. La película que inaugurará el certamen será la última realización de Luis García Berlanga, Moros y cristianos fuera de concurso. El nuevo cine español, que participará en la sección oficial, está representado por Ernesto del Río y Gerardo Herrero, directores respectivos de El amor de ahora y Al acecho Nuestro mítico guionista Rafael Azcona, que tan ejemplar trabajo ha efectuado en la adaptación de la reciente El bosque animado gozará de un ciclo homenaje, en el que se proyectarán dieciocho de sus más célebres películas. Bardem, otra de nuestras históricas tres B (Berlanga, Buñuel, Bardem) a la que habría que sumar la de Borau, será también protagonista, por haber sido elegida su realización televisiva, Lorca, muerte de un poeta para protagonizar la sección dedicada a la serie del año, que se proyectará íntegra y en su formato cinematográfico. El cine de los cinco continentes acudirá en la que se anuncia como. competidísima sección oficial, que se clausurará con Los ojos negros del soviético Nikita Mihalkov, vedet- te en el último Cannes. Carácter extraordinario tendrán las proyecciones del último filme del ya mítico John Huston, Los muertos y de la obra maestra del cine mudo Los proscritos del pionero sueco Víctor Sjóstrom. El cine soviético, además de su participación en la sección oficial, estará presente en la filmografía de Alexei Guerman, en el recuerdo del genial y malogrado Tarkovski- Espiga de Oro en la pasada edición con Sacrificio y en las recuperadas La patria de la electricidad de Larisa Shepitko, y El ángel de Andrei Smirnov. El cineasta elegido este año para dedicarle homenaje propio será el francés Louis Malle, que auna variedad y diferenciación con sus compatriotas coetáneos de la Nouvéllé Va- gue. Y el aspecto mundano y festivo, sin perder cinefilia, será el recuerdo dedicado al LXXV aniversario de la Paramount, que ejemplificará su trayectoria con Alas Los muelles de Nueva York El padrino Los diez mandamientos y En busca del arca perdida entre otras célebres producciones de la marca de la cumbre nevada. El cine documental también estara presente. Por Tiempo de historia pasarán el conflicto de Iberoamérica, la generación beat el Berlín de los años veinte, la escalada nuclear, Chernobyl y, con carácter extraordinario, la serie documental Por qué combatimos producida por Frank Capra entre 1942 y 1945. Todo ello, más las actividades paralelas, y Mesas redondas suponen una oferta contrastada del cine entendido como arte y testimonio en la línea de las últimas ediciones de la popular Semina Es impresionante la actividad directorial que desarrolla por el mundo Rafael de Frühbeck, el maestro burgalés que ahora vuelve por una semana con la que tanto tiempo fue su Orquesta Nacional: conciertos en Europa, Asia y América; con la London Symphony- diez en capital y tournée sendos bloques de siete con las de Filadeifia y Nacional de Washington, diez con la de Tokyo Yomiuri. Amén de formaciones de Hamburgo, Viena, Bergen, Milán, Pittsburgh; ahora, con la RAÍ de Roma, ante Su Santidad el Papa, en programa transmitido por Eurovisión... En su reencuentro madrileño muestra bien la total legitimidad de esta expansión sin frontera, con más de cien salidas anuales. Frühbeck, por encima de sus otros muchos méritos, posee el de infundir confianza y seguridad a los profesores por él dirigidos. Su batuta, brillante, precisa y atenta, les permite rendir al máximo y hacerlo con garantías de la mayor eficacia. El aplauso puede extenderse a las colaboraciones que sirve a solistas. Con Rudolf Buchbinder, excelente muestra de la mejor escuela pianística vienesa, la compenetración fue tan absoluta que pudimos oír un Concierto del Emperador construido con grandeza, vibrante en momentos, pero con recogimientos y mesuras sonoras compatibles con la mejor intensidad expresiva en el segundo. Salvo la circunstancial pobreza y borrosidad del fagor muy bien, por el contrario, el también joven primer trompeta- Buchbinder vio arropado su arte y lució linea, riqueza de medios y una visión digna de la obra grandiosa de Beethoven, por lo que las ovaciones fueron largas, unánimes y compartidas. A las que premiaron la consagración de la primavera se unieron los propios instrumentistas en homenaje a su maestro, que había conseguido lo mejor de ellos. Hubo grandes aciertos solistas, encabezados por el magnífico del fagot en el solo del tan comprometido arranque, por las intervenciones de requinto, flauta grave, corno inglés, timbales, pareja de trompetas con sordina, perfecta en el insuperable pianisimo. Hubo, en general, vigor, rutilancia, precisión de planos y ritmos, ejecución vibrante, detallista, con la naturalidad de lo dominado, lo que, tan difícil, parece fruto de todas las horas. Tocó a gusto, como en sus mejores tiempos, la Orquesta Nacional. Frühbeck, para el que estos representativos cuadros de la. Rusia pagana siempre fueron caballo de batalla, ha depurado y madurado su concepto con el tiempo y hace de ellos una verdadera creación. No se le podría imputar cierta, por lo visto inevitable, destemplanza de las tubas agudas, cuando todo el metal, la madera, la percusión sonaron opulentos y redondos y la cuerda llena, valiente, infalible en los ataques. Concierto, en resumen, ejemplar: dos obras, dos éxitos merecidos, con afecto especial hacia Frühbeck, antiguo timonel de tantas singladuras. Antonio FERNANDEZ- CID