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DOMINGO 18- 10- 87 INTERNACIONAL La perestroika en apuros ABC 53 Europa del Este observa con inquietud y sin entusiasmo la vía reformista Los nuevos planes económicos se asocian a subida de precios Viena. José Grau Valdrá la pena aspirar a obtener ganancias máximas dijo el jefe del Gobierno polaco, Messner, durante la presentación en el Parlamento de su programa de reforma económica. En su declaración se escucharon frases que, antes de la subida de Gorbachov al Poder en marzo del 85, hubieran sonado raras, pero que, ahora, en el tiempo de la perestroika soviética, se han convertido en tópico para casi todos los dirigentes del Este. Polonia, a pesar de que es un país muy especial dentro del bloque comunista, patentiza bastante bien la nueva manera del quehacer comunista de la europa de Gorbachov Como Messner aseguró, se trata de reducir el aparato burocrático (en Polonia se han eliminado o refundido ocho de los veintiocho ministerios que existían) y de ajustar la estructura de los precios, en concreto de los bienes básicos, de tal manera que se acabe con las subvenciones estatales (Hungría es la nación que más se esfuerza en que haya correspondencia real entre constantes, costes y precios) Pero también se aspira finalmente, en la Europa del Este, a que las empresas puedan funcionar con mayor libertad, para que en el futuro no tengan que estar tan pendientes de los permisos estatales, sino que sólo tengan que registrarse y empezar a trabajar para obtener ganancias. En definitiva, como el mismo Messner decía a los diputados polacos, hay que acabar con la baja efectividad del comercio y con los preceptos, que lo único que hacen es entorpecer la iniciativa y la actividad de hombres y mujeres Si las reformas se llevaran a la práctica consecuentemente, el marxismo- comunismo moriría, pues, como se ve, los promotores de la perestroika se distancian en la práctica de los principios económicos ortodoxos. En la actualidad, los comunistas polacos- y otro tanto se podrá asegurar de los comunistas en los países hermanos -ya no ponen el acento en la explotación del pueblo antes bien, lo ponen en términos como ganancia rendimiento creatividad transparencia en definitiva, perestroika El problema está en que, por ejemplo, en Polonia, muchos creen que, de verdad, no se va a arreglar nada. El pesimismo de los polacos, que han oído hablar muchas veces de reformas que luego han fracasado rotundamente, es proverbial. Los polacos, tan pronto como el Gobierno anuncia nuevos planes económicos se echan las manos a la cabeza, porque esos planes casi siempre significan, a la larga, únicamente una subida de precios. Por otra parte, en la Europa del Este, nada apunta a que se cambie en serio la reglamentación del derecho de asociación ni del derecho penal. Además, si de verdad se quisiera honrar en la burocracia, lo primero que habría que hacer sería empezar por el inmenso aparato de seguridad del Estado. Los mismos funcionarios, singularmente de niveles medios, se oponen muchas veces a todo intento de reforma, ya que estas podrían llevar consigo la pérdida de sus puestos. En Polonia, si la última reforma anunciada se realizara, se calcula que tendrán que quedarse sin puesto una cuarta parte de los funcionarios del partido. En el país del Vístula, pues, hay un gran pesimismo con respecto a las llamadas reformas de Gorbachov y con respecto a las que se anuncian en el mismo país. Los hún- W. Jaruzelski garos, mientras tanto, recuerdan que han sido ellos, mucho antes que los soviéticos, los que se han dado cuenta de que, para seguir subsistiendo, hay que pasar por alto muchos postulados del marxismo- comunismo. Los comunistas checoslovacos, que todavía viven bajo la conmoción de la primavera de Praga de 1968, mantienen muchas reservas respecto a la política de Gorbachov, y la van aplicando sin correr ningún riesgo. Los búlgaros, por último, son los que tradicionalmente calcan de los soviéticos. Con Gorbachov, no han hecho una excepción. La política de Gorbachov, por último, ni en la URSS ni en sus países satélites ha supuesto realmente una mejora de los derechos humanos. Tan sólo con intereses propagandísticos, o por intereses económicos, se ha levantado la mano en lo concerniente a la actitud del régimen para con algunos disidentes. Ceaucescu, el límite de la discrepancia posible Viena. J. G. Mijail Gorbachov, secretario general del Partido Comunista de la URSS, declaró, durante su visita oficial a Rumania el pasado mes de mayo, que las relaciones entre Moscú y Bucarest eran buenas, pero que podían ser mejores lo cual se puede entender como un eufemismo que evoca las discrepancias en la manera de hacer y entender existente entre. el líder soviético y Nicolae Ceaucescu, jefe del Partido Comunista de Rumania. Ceaucescu, también presidente de la nación, a diferencia de lo que han hecho otros dirigentes de países miembros del Pacto de Varsovia (Jaruzelski en Polonia, Zhivkov en Bulgaria, Kadar en Hungría y Husak en Checoslovaquia) no ha cambiado, ni siquiera verbalmente, el tenor de su política. Y esto, a pesar de que su nación tenga grandes problemas económicos y una escasez de energía más que noíable, ya que, por ejemplo, a lo largo de pasados inviernos, se pudo disfrutar de electricidad y de gas sólo durante unas horas al día. En Bucarest, también el invierno pasado, se llegó a oír el comentario siguiente: Si tuviéramos carne, estaríamos como en la misma guerra El líder rumano aseguró, en un discurso en febrero, cosas tan significativas como las siguientes: La propiedad socialista es el único camino para lograr igualdad y justicia sociales así como la única alternativa para poner a salvo el desarrollo de las fuerzas de producción y la independencia de cada nación Nicolae Ceaucescu se pronunciaba en contra de que las empresas se autoadministren: es imposible que un partido revolucionario desee permitir a las empresas o a un determinado sector que se autoadministren, si por ello se entiende que ya no es el partido el que dirige tales empresas, sectores o campos como la cultura Todo esto significaría, según el dirigente rumano, la renuncia al papel directo del Estado y del Partido y, en definitiva, un paso atrás Ceaucescu no cree que haya que cambiar, sino que tan sólo hay que perfeccionar el sistema marxista- comunista, tal y como él lo entiende. En las últimas semanas, ha remodelado varias veces su gabinete, ya que, para él, la crisis económica es una consecuencia, única y exclusivamente, de lá mala planificación y de la pésima dirección, también a nivel de ministro. El pasado día 14, su propio hijo Nicu, de treinta y seis años, dejó el puesto de primer secretario de la Federación de Jóvenes Comunistas aunque, muy probablemente, no porque haya caído en desgracia, sino porque pasará a ocupar un puesto mejor: el de jefe de partido de uno de los cuarenta distritos en que se divide Rumania. Tanto de Nicu como de su madre Elena, se ha venido hablando como posibles sucesores del actual jefe del partido, Nicolae Ceaucescu. Evidentemente, las críticas de Ceaucescu a Moscú, y viceversa, se mantienen dentro de unos límites muy correctos e implícitos: ni. Mijail Gorbachov ni Nicolae Ceaucescu, en las condiciones actuales, se beneficiarían de un conflicto abierto.