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DOMINGO 18- 10- 87 OPINIÓN ABC 33 Escenas políticas Pero es, sobre moralmente ilegal, humillante y ridículo, que el carísimo Ministerio de Defensa, sufragado por los atribulados bolsillos de los contribuyentes, se dedique ahora a comprarle fincas al señor Bono para instalarle un parque a cambio de que él busque otro paraje para que hagan puntería los aviones. Por otra parte, en el mismo momento en que Bono anuncie el lugar del nuevo polígono se desatará una campaña todavía mayor contra la presencia del Ejército del Aire en los contornos: s ¡no es el buitre, será la liebre; y si no, la cigüeña, el cardo borriquero el tesoro ecológico a proteger. Las Fuerzas Armadas incrementarán su imagen de impopulares destrozonas, y el ministro Serra tendrá que despedirse de la idea de que alguien, después de esto, lo tome en serio. En el parque de Cabañeros, sin embargo, puede levantar Defensa un monumento al buitre electoral, especie que, por desgracia, no corre peligro de extinción. Federico JIMÉNEZ LOSANTOS para realizar inversiones rurales o compras de terrenos en lugares ignotos para financiar actividades que no tienen nada que ver con la defensa nacional. Seamos más explícitos: para lo que no puede servir el presupuesto del Ministerio, de Defensa es para subvencionar operaciones de imagen de un demagogo regional del PSOE. Fue Bono el que negó que Defensa fuera a comprar alguna finca para instaurar un polígono de tiro en Cabañeros, y el que dijo que dimitiría si tal tragedia ecológica se producía. Allá Bono con sus electores, que le dieron mayoría absoluta creyendo una cosa que ahora se comprueba falsa. Posiblemente Bono ya sabía la verdad cuando se le llenaba la boca de franciscanas prédicas sobre buitres y cigüeñas; o a lo mejor no; pero eso no es asunto del Ministerio de Defensa, sino de la especie política manchega y del electorado que la alimenta. ZIGZAG Lamentable Vimos y escuchamos con tristeza y a veces indignación el espacio que TVE dedica al Descubrimiento. Parece increíble, pero toda aquella gesta de creación histórica fue calificada de genocidio. El Cristianismo, con dieciséis siglos de existencia y habiendo sido el motor de las mejores acciones que siguieron a la proeza descubridora, fue silenciado. Y, por supuesto, nada se dijo de un Maeztu, un Madariaga, un Morente, ni de las universidades allí dejadas. Juegos de guerra El Pentágono ha realizado un ejercicio de simulación por ordenadores sobre las consecuencias de un hipotético asalto soviético contra la Europa libre, que según dicen las filtraciones, presenta un panorama militar relativamente favorable. Las razones de este optimismo en los juegos de guerra se basan en la excelente disposición de los Gobiernos occidentales para participar en el combate por la libertad de Europa. OVIDIO El mundo de la Enseñanza, todos los martes en ABC de la Educación. Las noticias de última hora y los proyectos más inmediatos, en materia de educación. UENO, pues que venga Shakespeare y que empiece a escribir. Algo huele a podrido en Dinamarca. No, don Guillermo. No estamos en Dinamarca. Estamos en España. Y, efectivamente, algo huele a podrido. Un tufo de corrupción llega por los cuatro c o s t a d o s sople viento de donde sople. Empieza a envolvernos a todos, tirios y troyanos, romanos y cartagineses, y hay no sólo periodistas y ciudadanos de a pie, sino políticos de uno y otros partidos, del partido del Gobierno o de los partidos en la oposición, que lo están denunciando. Una veces son rumores, cuchicheos, delaciones en voz baja, acusaciones genéricas. Otras veces son clamores públicos, que estallan en el Parlamento o que invaden las páginas de los periódicos. Dicen que las situaciones de corrupción política y administrativa se producen en todos los países y en todos los regímenes o sistemas. Tanto en las dictaduras como en las democracias. En todos los cestos, hay alguna manzana podrida. La diferencia, a favor de las democracias, consiste en que esas situaciones salen a la luz, se denuncian públicamente, y cada palo debe aguantar su vela. Quien lo hace, la paga, no sólo en os Tribunales de Justicia, sino también en las urnas. Lo peor es la corrupción tapada, la corrupción con tierra encima, la corrupción a la que se ha dado carpetazo. Cuando inauguramos nuestra democracia, una de las palabras que más sonaba en el diálogo político, en las conversaciones sobre la cosa pública era esa: corrupción. Parecía que nos hubiésemos tapado las narices durante muchos años, obligados a mantener la boca cerrada, y que ahora nos hubiese entrado la prisa, casi la obsesión, de descubrir manzanas podridas en el cesto democrático. Sobre todo, nuestra ÍZT quierda política llegaba o salía de la clandestinidad, vestida con la túnica dé la honestidad, de la pureza, de la inocencia, y con el afán de poner los dedos en las llagas, de hallar los focos de putrefacción y de cortar por lo sano. Llegaron presumiendo de los cien años de B honradez y predicando la ética. Han pasado diez años desde que la democracia echó a andar y cinco desde que empezaron Í, a gobernar los hon rados socialistas ao éticos. Y tendremos f que preguntarnos sinceramente, valientemente, serenamente, firmemente, si nuestra vida pública, nuestra Ad- ministración Públi ¡ca, nuestros hom bres públicos, dan muestras y ejemplos de honradez y de ética. ¿Estamos sacando del cesto las manzanas podridas? ¿Hacemos algo efectivo para extirpar de nuestras costumbres políticas la corrupción, la venalidad, el soborno, las comisiones ilegales, los negocios sucios, el aprovechamiento deshonesto del cargo, el cohecho, el trapicheo de influenc i a s el t r u s t de los desaprensivos, el enriquecimiento galopante, las connivencias escandalosas, el reparto de las rapiñas. ¿Hacemos algo en serio para evitar que esto se convierta, cada día más claramente, en el puerto de Arrebatacapas? Apenas hace falta responder a esas preguntas. Basta con formularlas para levantar ronchas en las conciencias. Tienen una respuesta común y general que salga en las tertulias, en las conversaciones del pueblo. Hay un clima general de corrupción. Las gentes cuentan corruptelas de unos y otros organismos de la Administración Central p de la Administración periférica, de Ministerios o de Ayuntamientos, de Diputaciones o de Comunidades, de estos y de aquellos establecimientos administrados por políticos de uno u otro pelaje. La frase que más se escucha cuando se habla de política es esa que don Pablo Castellano dice haber escuchado a varios jueces amigos y correligionarios: Se están hinchando. Los batuecos miran cómo unos cuantos pululantes de las oficinas públicas se están hinchando, mientras a ellos lo único que se les hincha son las narices. Claro, de tanto oler a podrido en Dinamarca. No, don Guillermo, no se vaya tan lejos. Aquí mismo, en la esquina. Jaime CAMPMANY