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42 ABC MADRID De Alcalá a Montera DOMINGO 11- 10.87 políticas que tengan la capacidad de decisión. La competencia técnica en estos temas, de trascendencia vital, no puede verse mezclada con decisiones caprichosas en cuanto a la designación de responPor Miguel Ángel SALDAÑA sables y colaboradores. Queremos, exclusi- C ORTA es la distancia que separa, en e! espacio, estas dos populares calles madrileñas: apenas unos metros, isío tan corta resulta ya la que, en el tiempo, ha separado dos grandes incendios en locales situados en las mismas, que se han cobrado un alto tributo en vidas humanas y han representado una destrucción de bienes absolutamente inútil. En 1983- Alcalá 2 0- y 1987- Almacenes Arias- han aflorado con virulencia una serie de problemas a solucionar en materia de seguridad contra incendios. Parece difícil de comprender el por qué de los escasos logros para su solución obtenidos durante esos cuatro años. Vayamos por partes: como punto obligado de referencia hemos de examinar la situación de las Reglamentaciones de obligado cumplimiento y su control en materia de seguridad contra incendios. Es un curioso hecho histórico, fácilmente comprobable, que mientras existen países con una tradición más que centenaria en cuanto a su estructura de regulaciones y control sobre seguridad contra incendios, hasta épocas muy recientes no se se ha intentado en el nuestro abordar el problema del incendio y sus posibles daños. LA INOPERANCIA ADMINISTRATIVA EN SEGURIDAD CONTRA INCENDIOS en cuenta la gran labor a desarrollar para la vigilancia de un sinnúmero de locales que, en el pasado, por unas u otras razones, no se han inspeccionado debidamente. Está todavía poco difundida la idea básica de que el primer garante de la seguridad de un establecimiento debe ser el propietario, con independencia de los auxilios externos, susceptibles de recibirse o no en el momento del siniestro. Desde esta óptica resulta imprescindible asumir un concepto de protección que, en mi opinión, acertadamente, se potencia actualmente desde diferentes estamentos; la autoprotección. En materia de incendios no se ha de ceñir el problema a ver si llegan o no a tiempo los bomberos y si actúan correctamente: el proyecto y la implantación de las adecuadas medidas de seguridad han de garantizar la autoprotección en la medida de lo posible. En los edificios de concurrencia pública ha de jugar un papel fundamental el desarrollo del Plan de Emergencia, en el que se articulen adecuadamente las operaciones y medios a poner en marcha para conseguir que un conato de incendio no se convierta en un gran siniestro. Parece difícilmente concebible que en 1987 existan establecimientos sin un nivel mínimo de seguridad garantizado y en los que no funcione este primer plan de intervención. Por otro lado, existen toda una serie de instalaciones, entre las que las más completas son los rociadores automáticos de agua, que, bien diseñadas y mantenidas, representan una excelente garantía de seguridad contra incendios en establecimientos tales como centros comerciales y similares. No vamos a cuestionar, en forma alguna, las actuaciones que hemos observado en numerosas ocasiones de los integrantes de los sufridos Cuerpos de Bomberos españoles. Sí es necesario, no obstante, intentar que se potencien cualitativa y cuantitativamente estos servicios en la. mayor medida posible. Y ello desde una doble perspectiva: -El mayor protagonismo en las tareas controladoras de la seguridad contra incendios, que logre evitar los siniestros evitables -El mejor conocimiento previo de los edi- ficios en los que habrán de intervenir- estructuras, contenido e instalaciones- para poder desarrollar su función en condiciones óptimas de eficacia y seguridad personal. Director de la Asociación de Investigación para la Seguridad de Vidas y Bienes vamente, dejar constancia de que si bien el fuego y su comportamiento no da origen, todavía, a una ciencia exacta, sí obedece a ciertas reglas y existe lo que podemos denominar tecnología de incendios entre cuyos componentes fundamentales figuran claramente diferenciados temas, tales como la reacción frente al fuego de los materiales Incorporados a la edificación, la resistencia al fuego- estimada en tiempo- de los propios elementos estructurales, la carga de fuego de las mercancías contenidas, criterios de diseño y control de instalaciones, etcétera. En el plano teórico, y comprendiendo las dificultades que ello conlleva en la práctica, se puede estimar la resistencia al fuego para una determinada edificación, basándose en ensayos de laboratorio que responden a un fuego- tipo normalizado y casi universalmente aceptado. La dificultad, insistimos, estriba en relacionar un incendio determinado con el fuego- tipo normalizado. No obstante, y a pesar de ello, creo que hay que dar validez a las teorías sobre este particular y ser extremadamente prudentes en la interpretación de resultados y en las actuaciones que de dicha interpretación pudieran derivarse. La correcta evaluación técnica del riesgo de incendios- carga de fuego del contenido, combustibilidad de los materiales, peligro de desprendimiento de humos, posibles problemas de corrosión, compartimentación adecuada, resistencia al fuego de las estructuras adaptada a la peligrosidad y carga de fuego del contenido, importancia de los valores acumulados, número de personas presentes en el establecimiento, problemas derivados de la altura, condiciones del entorno y medios de protección adaptados a las necesidades- resulta fundamental para conseguir que los niveles de riesgo a soportar se consideren asumibles. Es evidente que la seguridad como concepto absoluto es inalcanzable, pero también lo es que son absolutamente mejorables los niveles de seguridad contra incendios en que nos desenvolvemos. ¡Este ha de ser el objetivo! Situarnos en niveles de seguridad que podamos considerar aceptables. Lamentablemente, acaecerán nuevos siniestros, pero esperemos que cuando sucedan podamos sentir que hemos hecho todo lo posible a niveles preventivos como para considerar la catástrofe verdaderamente inevitable. No es éste el sentimiento que nos invade tras los recientes siniestros. Ha sucedido demasiado tiempo con la seguridad contra incendios en España aquello que Wenceslao F. Flórez narraba en sus Visiones de neurastenia en un delicioso cuento dedicado al incendio y que titulaba: Donde todo está bien porque todo está mal Este hecho podía, paradójicamente, haber resultado positivo, ya que permitía, en su momento, elaborar una política adecuada de disposiciones y control desde el semivacío total, sin tener que abordar el espinoso tema de suprimir, derogar ni aplazar, prácticamente, ninguna regulación al efecto. Curiosamente, la más absoluta ineficacia parece haber presidido las acciones en este primer nivel de referencia: hemos pasado de una situación de absoluto vacío legal en esta materia a otra, no menos indeseable, de descóordinación y falta de riguroso control. Existen en este ámbito una serie de disposiciones básicas, tales como: Reglamento de Espectáculos Públicos (Orden del Ministerio de Gobernación de 1935) Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas (Real Decreto de 1982) Norma Básica de la Edificación NBE- CPI- 81. Condiciones de Protección contra Incendios (Real Decreto 1981) Norma Básica de la Edificación NBE- CPI- 82. Condiciones de Protección contra Incendios. Real Decreto 1982 y Ordenazas Municipales. (Publicadas por diferentes Ayuntamientos a partir de 1976) que es fundamental replantear con urgencia en sus aspectos técnicos y administrativos, de forma que se intente conseguir con ellos un todo armónico y funcional, en lugar del foco de problemas y desconcierto que para los proyectistas, controladores y usuarios representan en la actualidad. Esta dispersión se ha puesto con claridad Potenciar la prevención en los servicios de manifiesto en cada uno de los siniestros contra incendios de las Corporaciones Locaacaecidos y, realmente, son escasos los les se ve poco pero, en nuestra opinión, avances logrados en un escalón tan fundaes la única vía eficaz de. evitación de fracamental para la solución del problema como sos en el futuro. es la Reglamentación. Y, desde luego, nos parece fundamental En cuanto al control y aun reconociendo que al frente de estos servicios se tenga la los esfuerzos realizados, creo que es necesa- constancia de que están los técnicos más efirio incrementar éstos notablemente, teniendo caces, cualesquiera que sean las opciones