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DOMINGO 11- 10- 87- OPINION -ABC, pág. 19 ERIA una falta de sentido y de perspectiva histórica creer que el Concilio Vaticano II- -de cuya apertura se cumplen hoy veinticinco años- -fue un fenómeno significativo únicamente para la Iglesia católica. Hoy, a cinco lustros de distancia, cualquier observador objetivo tiene que reconocer que, incluso en el campo civil o en el terreno político, ese Concilio fue uno de los hechos vertebrales del siglo en que vivimos. En él no sólo se puso al día la Iglesia católica, sino- que cambiaron de rumbo muchas de las ideas del mundo. La gran intuición de Juan XXIII- -aparte de su excepcional carisma humano, que convirtió su vida y su muerte en las más rodeadas por el cariño universal- -fue la de que sólo las g r a n d e s ideas sostenidas por una institución abierta y generosa son capaces de sostener la marcha de la humanidad. Entendió que mientras la Iglesia, obsesionada casi únicamente por defender su tesoro de fe, estaba encastillándose en sí misma, otras ideas más abiertas y proyectadas sobre la humanidad- -l comunismo, los nuevos e humanismos, el agnosticismo vitalista- iban progresivamente apoderándose de muchas conciencias. Vio, además, que si en el pasado el cristianismo había contado con las muletas y apoyos de los poderes de este mundo, éstos iban progresivamente alejándose de lo religioso y que, especialmente en el Tercer Mundo, surgían los nuevos pueblos descolonizados, en los cuales la cruz ya no era el centro de la vida pública como en los tiempos de la colonización. No sólo vio todo esto. Supo, además, sacar las conclusiones operativas necesarias. Supo ser un constructor, además de un profeta. Entendió que, frente a las grandes ideas invasor as, no podía ya seguirse enarbolando un sistema de condenaciones y excomuniones que a nadie impresionaban porque para nadie significaban nada. Sólo una revitalización de la fe desde su interior, sólo una vuelta nítida al Evangelio, podía devolver al cristianismo un vigor impactante en el hombre de hoy. S EL CONCILIO VATICANO II, 25 ANOS DESPUÉS Y, por otro lado, a una Iglesia ayer dominadora tenía que suceder una Iglesia capaz de competir en libertad. La vieja visión- -sostenida por los Papas de finales del XIX- de que sólo la verdad tiene derecho a la libertad se volvía en nuestro siglo contra la propia Iglesia que la sostenía, al enarbolar cada nuevo pueblo su nueva verdad. Juan XXIII primero y el Concilio depués, supieron atreverse a proclamar la libertad como un derecho de todo hombre que busca honestamente la verdad, fiados el Papa y el Concilio en el valor de la verdad cristiana. Daban así una ayuda a los valores s u s t a n c i a l e s de nuestro tiempo, con la defensa de los derechos humanos y con la aceptación de la autonomía de lo temporal. Veinticinco años después del Vaticano II, con un comunismo ideológicamente en agonía y un cristianismo cuya revitalización comienza, el mundo ha de reconocer que grandes zonas de su nuevo equilibrio civil, social y político se j u g a r o n en aquella asamblea que sólo los superficiales pueden ver como exclusivamente eclesiástica. Esa es la razón por la cual esta conmemoración del Concilio es algo que afecta no sólo a los creyentes en cuanto creyentes, sino al hombre de hoy en cuanto moderno. Es una fortuna para el mundo que una institución con tal peso moral no camine hoy por sendas diferentes a las que atraviesa nuestro mundo. L asunto Nucci, que en estos días despierta la atención de los franceses, ha saltado las fronteras para convertirse en un motivo más de reflexión sobre los abusos del poder. Sería injusto acusar a un partido de los delitos de uno de sus miembros. La filiación socialista de Christian Nucci, ministro de Cooperación en el Gobierno de Laurent Fabius, no debe dar pretexto a amalgamas interesadas. No se ha producido aún- -podría no producirse- la condena formal de Christian Nucci. El juez de instrucción ha hallado indicios racionales de culpabilidad en su conducta y el Parlamento acaba de votar el suplicatorio por 340 votos contra 211. La Corte Suprema, una magistratura excepcional que desde 1815 no ha entendido más que de tres asuntos remitidos por la Asamblea Nacional, se reunirá para juzgar las responsabilidades de Nucci. La escasa actividad de la jurisdicción encargada de encausar a parlamentarios y ministros habla en favor del fondo de probidad, de la ejemplar rectitud que mantiene todavía hoy la clase política francesa. El asunto es conocido: el ministro Nucci autorizó pagos con cargo a fondos reservados aparentemente destinados a la cooperación con naciones africanas del área francófona. Entre 1983 y 1986 el jefe del Gabinete del ministro, Yves Charlier, desvió fraudulentamente el equivalente de 120 millones E EL ASUNTO NUCCI YEL HONOR DE LOS POLÍTICOS de pesetas, mientras que el ministro permitió, por dolo o negligencia, que desaparecieran otros 110 millones más. Charlier huyó a Brasil, pero los jueces han podido establecer la conducta delictiva del colaborador de Nucci y el destino de sus fondos: un apartamento de la costa, otro apartamento en París, una casa de campo, tres automóviles y un tren de vida difícil de explicar. Por su parte, el ex ministro encuentra, al parecer, dificultades insalvables para justificar treinta millones de pesetas en gastos adiciónales de orden personal. En la huida de Charlier hay datos inquietantes: conexiones con el mundo sórdido del juego, complicidades con organizaciones delictivas buscadas por la Interpol, negocios fraudulentos de máquinas tragaperras. Si las responsabilidades del ex ministro dependen aún de un verdicto definitivo, parece ya suficientemente claro que Yves Charlier conectaba con el mundo del gangsterismo. Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC dé Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos ABC Subdirectores Daño Valcárcel, Joaquín Vila, José Javaloyes, Manuel Adrio, Joaquín Amado Jefes de Redacción: J. A Gundin (Continutíad) J. C. Azcue (E. Especiales) B. Berasátegui (ABC Literario) A. Fernández (Economía) J. I. G. a Gaizón (Cultura) A, A. González (Continuidad) R. Gutiérrez ¡Continuidad) L. Lz. Nicolás (Reportajes) C. Mantona (Continuidad) J. L. Martin Descalzo (Sociedad) J. Orno (Edición) L. I. Parada (Suplementos Económicos) L Prados de la Plaza (Conínudacl) C. Prat (Dominical) Santiago Caseto (Colaboraciones) Secciones: J Rubio (Arte) J. M. Fdez. -Rúa (Ciencia) A. Garrido y J Espejo (Confección) J, C. Diez (Deportes) A. 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Principios que a veces no están en los códigos, sino que permanecen acuñados por la fuerza consuetudinaria de la moral colectiva. Todo puesto de poder, en la política, en la vida económica, empresarial o cultural, concede oportunidades incesantes a cada dirigente de cometer abusos y obtener lucros que los tribunales consideran ilícitos. Las democracias desarrolladas se distinguen del Tercer Mundo no sólo por su nivel de renta, sino por la transparencia de su vida pública, por la firmeza con que se juzga toda utilización abusiva del p r o p i o c a r g o El asunto Nucci está ligado, sarcásticamente, al Carrefour du Developpement un proyecto con el que se pretendía contribuir al desarrollo del África negra donde el estancamiento se prolonga precisamente porque muchos recursos se desvían en formar comisiones ilícitas y pagos subterráneos. Al llevar hasta su término el procesamiento de Christian Nucci, la clase política francesa sale en defensa de su honor.