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GENTE ¿Somos occidentales? L A traición que Europa se ha impuesto a sí misma ha sido su propio desarraigo. Reí a esa actitud ha nacido América, en la modernidad fundada, tanto en el Norte como en el Sur, según criterios de independencia, por europeos desvinculados. Era evidente que la consecuencia de su colonización y posterior vida civilizada tenía que ser el laberinto suramericano, por uní lado, y la reserva indígena, por el otro. América no es Roma, porque Roma, siendo un imperio de raíces y afirmando sobre los demás su fuerza, no tenía por costumbre la abolición de cultos, ni de identidades, en los pueblos que conquistaba. En cambio, América hace lo contrario, y exporta y exige a los demás su esencia más entrañable: el desarraigo. Es esto lo que hace de América y de su dominio un problema cultural. América del Norte parece hoy una unidad de estilo. Sin embargo, conviene no ser reduccionista, según la norma sentada por la extrema estupidez. La América de hoy es el resultado de un conflicto principal, de aquel en el que la añoranza europea- Tarzán- fuera derrotada por el héroe de la megatópolis- Superman- de la América de la guerra civil secesionista, en la que el Sur se debatía por una segunda independencia que lo preservara, en esta ocasión, del amenazante industrialismo yankee: censura de los todavía residuos referidos al Viejo Continente; de aquel destino, en fin, al que se abocaba la nación india, por un lado respetada en su personalidad tribal, con una estrella en la bandera de la Confederación, o, por el otro, condenada a oírse llorar, como un ahogado, aullando en mitad de la pradera tai y como ha escrito en un reciente libro Louise Erdrich, de la tribu de los chippewa (Filtro de amor, Ed. Tusquests) ¿Qué América va a ser conmemorada en 1992? ¿Qué descubrimiento? Si Colón salió con sus carabelas hacia Cipango, si Alejandro Magno prendió su misión imperial emulando a Dionisos itinerante es porque ambos pretendían su unidad con el Oriente. No en vano, Europa es, según sus mitos forjadores, el extremo Occidente de Oriente En cambio, América, desvinculada y sin raíces, es el extremo Occidente de nada No fo olvidemos: el almirante Perry abrió el Japón para la vida moderna a cañonazos. Esto es todo un símbolo. Isidro Juan PALACIOS Alaska, amiga de la buena crianza, no olvida su excelente educación americana, de cuya vida es más devota- salta a la vista- que la mismísima Mae West. Y ustedes dirán: Esta mujer es el colmo de la degeneración de la sociedad de consumo. Eso ya lo sé, vaya cosa. Camino USA H ACE algunos años, en el transcurso de una entrevista, declaré que prefería ser camarera de un café de carretera en USA que Alaska en el resto del mundo. Declaración no exenta de lógica para todo aquel que aprecie al país en lo que vale, pero que hubiera necesitado alguna aclaración. Llegar a ejercer la profesión que libremente se ha elegido, sobrevivir en ella, tener éxito, popularidad y no andar mal de dinero son supuestamente las metas a las que aspira el ser humano. Cuando una se emplea sirviendo café aguado a los camioneros en una estación de servicio, una de dos: o se está pagando los estudios nocturnos en la Universidad o se ha fracasado en todo lo demás. ¿Pero qué ocurre cuando se acaba el trabajo, cuando llega el tiempo libre? Esa persona insatisfecha con su vida laboral encontrará salidas a su ocio, sea lo que sea lo que le guste, ya se trate del nuevo disco de ese artista favorito del que ya tiene dos camisetas y una biografía, el concierto del grupo de moda, la última película de zombies come- cerebros, una revista que lo enseña a hacer los efectos especiales que acaba de ver, el juego de ordenador más vendido, el último grito en tratamientos de belleza, buenas publicaciones sobre nutrición, culturismo, homeopatía, ese libro fundamental para iniciarse en el mundo de la magia... O sea, todo. Los ejemplos que he puesto reflejan algunas de esas aficiones mías que sólo puedo desarrollar gracias a mis viajes al extranjero. Y ustedes dirán: Esta mujer es el colmo de la degeneración de la sociedad de consumo. Eso ya lo sé, vaya cosa. Pero lo que quena reflejar es que EE. UU. es un país donde se alimentan las aficiones, mediante una estructura consumista importante, sí, pero también fomentando la idolatría. En mi caso, la necesidad de equipararme con mis héroes y la posibilidad de acceder a la información sobre una serie de temas que me atraen han sido el pilar de mí formación tanto personal como profesional. Y pienso que esto se puede aplicar a todo el mundo. Para mí es una manera muy sana de mantener el afán de superación. Si a esto le unimos que pasé mis primeros diez años en un colegio americano, que amo todos los productos y subproductos culturales que allí se encuentran y que sigo creyendo que el American Dream es posible, la perspectiva de verme en la Ruta 66 con un delantal y una cofia no parece tan terrible. ¿Pero qué ocurre en un país como España, donde todo deseo de avanzar es mal visto, donde se intenta eclipsar al ídolo, donde llegar a conseguir lo propuesto es el peor de los pecados y donde se practica una yankeefobia feroz? Cuando algo que nos gusta es continua- mente atacado corremos el riesgo de caer en el agujero negro contrario, en la pura demagogia. Algo así como cuando apedrean las ventanas de las hamburgueserías, esa comida basura que desde el punto de vista nutricional no es peor que el eterno par de huevos fritos con chorizo y buen pan para mojar. En España la única afición que se ha fomentado en los últimos diez años, ya sea desde la Administración, ya sea desde las vanguardias, es el salir de noche por obligación y ponerse morado con la porquería que sirven en los bares de moda. Y así estamos, que las estrellas cuarentonas norteamericanas cada día tienen mejor cuerpo, mientras que aquí nuestras estrellas veinteañeras cultivan la ojera, la arruga y la barriga cervecera. ¿Qué es peor, aguantar los pellizcos en el trasero que te pegan los cow- boys reaccionarios del Sur o acabar siendo el pesado de turno que te babea en el último bar? Que cada cual elija su destino. ALASKA SÁBADO 10- 10- 87 ¡08, A B C