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GENTE Ricas y famosas Oh! Testi... ODAVÍA me acuerdo, no sin cierto deleite, de los pantalones ajustados y la chupa de cuero que el macarra del Travolta se nos plantaba para sus atas con el sábado noche. Era su fiebre de cada semana, y la dedicaba en exclusiva a marcar sus pasos favoritos al son de unos Bee Gees, que, sobradísimos de agudos y con alguna cana que otra, consiguieron estremecer a muchas parejas de las que seguían con el lento como estilo de baile. La verdad es que daba gusto ver cómo se abría la pista para que las piernas del inolvidable bailarín de esmoquin blando marcaran los ritmos y pausas de toda esa generación que mezclaba la grasa de sus uñas con la brillantina de sus rizos. Está claro que Travolta creó moda. Lo que ya está más oscuro es saber si fue él quien se cargó la noche del sábado o tan sólo fueron sus secuaces. Da igual uno que otros, pero lo que ya no da tan igual es la incomodidad de salir ese día. Quieres cenar y no hay maftre que te deje ni asomar las narices en, sus abarrotadísimos comedores; intentas dejar el coche y b único que consigues es llegar tarde a la cita (por supuesto con el consabido cabreo por parte del atado) intentas marcarte unos bailes para despabilar los gemelos, y, como mucho, te destrozas los zapatos a fuerza de pisotones... En fin, lo que se dice, una velada inolvidable. Lo que sí que se puede recordar, y conste que no era en sábado, es la presencia del galantísimo Fabio Testi en una de nuestras terrazas. Vaqueros gastados, americana a la inglesa y una barba de anuncio (no más de cuatro días) fueron suficiente para cortar la digestión de toda la Castellana. Dice que está de paso; otros dicen que no vive muy lejos, yo digo que lo que él quiera... ¿Que prefiere pasar de incógnito? Pues adelante. ¿Que busca ambiente y juerga española? Pues mucho mejor. Y es que en España somos unos magníficos cicerones, y si no, que le pregunten a José Luis Berlanga cómo le han recibido en su noche de estreno. Lleno total. Chus Lampreave, Luis Escobar, Agustín González, Enma Penella y muchísimos más no fallaron a su ota. Y es que en cuestión de citas todo es válido, si no se va a ciegas. O ciego. Beatriz CORTÁZAR T El cow- boy Billie Lee, en 1913, con su esposa, Bonita Dressler, cuya mano obtuvo cazándola a lazo en competencia con otro pretendiente, se quedó oyendo pasar pájaros Madrid- Texas, oyendo pasar pájaros ICE un tal Borges, americano, que el estilo del deseo es la eternidad. Inmersos en una cultura que sólo celebra sus defunciones y sus centenarios, podríamos pensar que ya no se trata de la cultura de la posmodernidad, sino de la cultura de la eternidad Si ahondamos en la eternidad de la hipérbole, comprobamos que cuando los norteamericanos son preguntados- pasiva- acerca de España, piensan en una enorme provincia sureña de México poblada de toreros y bailaoras flamencas. Ignoramos si los recientes e intensos programas culturales ¡España está de moda! han servido para algo más que agravar la ya preocupante deuda pública. Colón creyó haber descubierto una ruta hacia las Indias orientales; canos, sino de europeos y americanos. Tratemos, en el segundo, de ejemplificar unos cuantos detalles. Si el cine es arte (y no vayamos a enredarnos en las barbas de nadie) es desde luego un arte americano. El único arte americano. Sólo americano. Para dejarlo claro, comparemos: de un lado, La diligencia de otro, El cochecito Allá, Hampa dorada aquí, Barrios altos En la meca, La fiera de mi niña en la ceca, La fierecilla domada Suyos, Walter Brenan; nuestros (entre paréntesis) Jean Pierre Leaud. De su parte, John Ford; de la nuestra, Juan Piquer. Por allí, la comedia ameriSÁBADO 10- 10- 87 D el cine- cultura español dice haber encontrado en USA su Eldorado particular (y, al menos allí, todos comieron- y no carne de indio, que se sepa- ¡Qué vieja la cultura europea! Ahora sólo faltaría cerciorarse de que la verdadera línea divina no va de Madrid al cielo, sino que pasa por Madrid- Texas. Y si no, ante la pobreza de las Divinas Palabras, aún estamos a tiempo de reconquistar las Indias Occidentales aprendiendo teatro kabuki. Perdimos la moneda en casa y la estamos buscando tras la sombra de un microchip. Ellos han sabido vendernos mass- media y sus Mcdonalds. Agotada la edición de catecismos del padre Las Casas, a saber qué dioses les venderemos. El individualismo constituía su cana, el musical, el negro; por acá, la comedia madrileña, el naturalismo checo, el gris marengo. Fred Astaire, Joselito; Gary Cooper, Richard Chamberlain; Katharine Hepburn, Gina Lollobrigida; Dashiell Hammet, Vázquez Montalbán; Buster Keaton, Louis De Funes; el Séptimo de Caballería, los carabinieri; Al Capone, el Lute; el pato Donald, Naranjito; Cary Grant, Máximo Valverde; Billy Wilder, Antonio Ozores; Humphrey Bogart, Alain Delon... En efecto, el cine es un arte, aunque sea el séptimo. O. RODRÍGUEZ M. esencia; el caballo, su arma exclusiva; la Pampa, inmensa, su teatro Como ustedes habrán podido comprobar, no se trata de una película de John Ford, sino de Facundo (Civilización y barbarie) de Sarmiento, quien proponía a Francia como modelo de Constitución de los Estados americanos. A saber en qué oscura metáfora fue a diluirse la esencia de lo español en América; quizás tendríamos que preguntarle a Pizarro. Como la vida siempre está en otra parte, los extremeños fuimos educados en esa vocación nómada y apatrida que cifraba el espacio de la utopía en un más allá próximo. Confundimos la catequesis, y creímos que ese más allá utópico- metafísico- podría zanjarse cruzando la frontera o el Océano. Esa imagen cinematográfica de un hombre solitario que camina hacia Madrid- Texas en busca de su identidad, de su reconocimiento, es una reiteración, con un escenario remozado de aquel Lope de Aguirre que buscaba Eldorado. Seguramente, Aguirre se hubiese sorprendido de que el final del viaje acabaría siendo una lata de coca y una hamburguesa que había que comprarles a los indios Les inventamos una civilización convencidos de su barbarie. Si Hernán Cortés viese la televisión, de seguro que se habría ahorrado el viaje. Y si no, que san Braudillard nos lo explique. Juan María CALLES Poeta A B C 107