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Puyazo moral Í A BAJO los hombres del LjL mañana! ¡Arriba los nombres de hoy! Imaginaos un museo del año 2000: sin una pobre momia que exhibir. Un mundo que no aprecia la tradición no dejará como legado a sus desafortunados herederos más que una gigantesca montaña de deudas. Y una civilización que tiene como máximo pilar la fe en el futuro, la fe en que un estado de cosas infinitamente mejor que el presente le sucederá; un mundo que, en definitiva, tan solo confía en esfumarse cuanto antes, porque se siente presa de un brutal complejo de inferioridad frente a lo que vendrá, no tendrá- porque no lo merece- no lo dudéis, otro final distinto al holocausto devastador. Sin embargó, un día, cualquier neófito adolescente caminando por la llanura donde hoy se asienta la capital de la civilización de los galeotes y sobre la que en ese mañana que tanto es loado los buitres morirán de hambre, dará un traspié y, al lavantarse, aturdido, fijará su vista en un objeto semienterrado que pugnará por revelar su presencia. Y será una talla de Nefertjtj, un Cristo de Salzillo, el pendón de un tercio anarquista... De las gafas de Peces- Barba nadé quedará. Buscadores de fortuna posan para el fotógrafo en Nevada, en 1860. La fiebre del oro los empujaba a esnobar por las tierras salvajes La verdadera historia de Cabeza de Jabalí Hey babie! take a walk on the wild side. LOU REED UANDO Campo de Criptana toras de mayor prestigio y de alse le quedó chico a Anto- cance nacional. nio Cabeza de Jabalí, deci ¡Cuan inconmesurable es la indió poner proa rumbo a América. gratitud de la gente! Todos los desSu carrera como editor había to- velos y todos los sacrificios que el cado techo en la provincia de Ciu- bueno de Cabeza de Jabalí había dad Real. Nadie parecía apreciar llevado a cabo en pro de los autosu altruística labor como caza- res noveles de la comarca, se talentos, pese a que, al timón de veían ahora pagados con la taimalas Ediciones Libertarias, Antonio da moneda de la maledicencia y de Cabeza de Jabalí había sacado a la traición. la luz la obra de más de cincuenta Por todas estas causas, abrumajóvenes narradores locales que, do por la maldad de sus paisanos gracias al impulso de la editorial y acosado por la codicia de las inscriptariense, habían logrado cata- tituciones financieras, después de pultar sus respectivas carreras lite- haber colaborado a encumbrar a rarias para, acto seguido, traicionar un par de docenas de literatos en al desinteresado mecenas manche- lengua castellana al pináculo de la go fichando en otras empresas edi- gloria, y después de haber contri- Cambiando de tercio: dicen que tos etíopes mueren de hambre por centenares, y el caritativo mundo occidental se desvive cada año organizando una recogida de calderilla y pan duro, a fin de atender en la medida de to posible las necesidades de este pueblo esclavizado por et comunismo (criatura nacida por equivocación en una clínica de abortos clandestinos del occidente europeo) Hace siglos que Occidente se reboza en boñiga cada vez qué emprende una labor redentora (una fue la cruzada marxista) ¿Qué ha sido de la cultura guerrera de los antiguos etíopes? ¿Qué de sus memorables expediciones de rapiña, hostigando las fronteras del Alto Egipto? ¿Qué de aquellas subastas de hermosas esclavas de dientes blancos y pechos firmes (y tobillos- como las buenas yeguasfinos) ¿No hay ya en Etiopía más peligro que el de morir de hambre? Eso, para los hijos de la Constitución de 1978, es un privilegio: la muerte ideal para eT votante es la que llega cuando e) estómago, ya excesivamente senil, rechaza los alimentos que se fe ofrecen. El votante prefiere entonces morir plácidamente a vivir sin poder pastar. Oriente, para tos aventureros. Occidente, para los oficinistas. Joaquín ALBAICIN C buido a que otro par de docenas de hombres de letras ciñeran en sus enjutas sienes el laurel de la inmortalidad. Antonio Cabeza de Jabalí embarcó en Barajas a bordo de un DC- 10 de Spantax con destino a Nueva York (o tal vez más exacto sería decir. Nueva Lourdes) Allí, trabajando de hombre- anuncio para una sastrería de la calle 42, provisto de un traje de tres piezas, de 49 dólares, más pequeño todavía entre los rascacielos de Manhatan que entre los molinos de viento de su tierra, Antonio Cabeza de Jabalí, el antiguo cazatalentos y el ex mecenas, tuvo oportunidad de darse un garbeo por el lado salvaje. Javier BARQUÍN menos que Scarlette O Hara. Estas cosas imposibles las conseguían unos contadores de cuentos que habían cambiado el cuadrúpedo por el trípode, la lengua larga por el plano corto y el saloon por el plato Pero alguien, europeo y por lo tanto pensante, decidió que no sólo había que hipnotizar con la pantalla al sufrido asistente, sino que también había que jalearle las ideas. Y el cine empezó a empujar a las otras artes, a procurar colarse por donde no había hueco... (entre tanto, la media docena de artes, de espaldas al cine, hacían ¡puagg! Este podría ser el primer rollo de una película no de indios y ameriSÁBADO 10- 10- 87 Horizontes perdidos De la Meca, a la ceca Desde hace casi un siglo, varias generaciones de pacientes humanos soportan la tiranía del cine y, peor aún, el blablablá de sus prosélitos amantes. Hubo que aceptar, primero, su condición artística: como no había intersticios entre las artes, se colocó en el último lugar, el séptimo. Perpetrado esto, lo que se necesitaba era un público hecho con madera espartana, que fuera capaz de quitarse las babuchas y salir a la calle con suegra y sobrinos para meterse en un pozo negro, con asientos como cilicios y con un olorcillo a ambientador de monte alcarreño que ejercía inquilinato durante semanas en pituitaria y demás ropajes. Esto y más soportó con gallardía el espectador porque, arte o no arte, séptimo o undécimo, el cine te devolvía a casa y las babuchas eran escarpines y la suegra poco 106 ABC