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10 octubre- 1987 ABC XI -Novela- 21 último mundo burgués Nadine Gordimer Versal Barcelona, 1987. ¡33 páginas Sinfonía borbónica Francisco Umbral (liciones Deslino Barcelona. ¡l) i7. 206 páginas Después de muchos años, el apartheid ha llegado a constituirse por fin en uno de esos grandes motivos de sonrojo que los ciudadanos discretos de este mundo obtienen junto con su condición de seres humanos. Ninguno de estos ciudadanos puede ya asistir sin asombro y sin desesperación al espectáculo surafricano y, si bien uno rechaza la identificación con otras personas o pueblos en virtud de la raza, lo cierto es qué a los civilizadísimos blancos nos es dado el avergonzarnos más que a los demás por cuanto en Suráfrica sucede a causa de la ceguera de otros, en principio, no menos civilizados, blancos. Ensayos, reportajes y alegatos de todo tipo nos han señalado el horror del apartheid y conformado en nuestras cabezas la imagen de Suráfrica como una enorme bomba que inexorablemente se acerca a la hora de estallar. Pero muy pocos han sabido expresar como la escritora surafricana Nadine Gordimer lo que significa vivir durante años y años, durante toda una vida, dentro de la bomba. Porque Nadine Gordimer no hace épica del racismo. Sólo hace- y no es poco- literatura desde Suráfrica. A través de sus novelas, uno conoce y comprende cómo siente un blanco no racista en ese país, también cómo lucha, pero sobre todo cómo es persona. El último mundo burgués novela breve escrita hace veinte años, y quizá no de las más brillantes entre las de la autora, nos vuelve a traer, no obstante, con todo el rigor a que nos tiene acostumbrados, un pequeño pero signficativo retazo de la realidad surafricana. Su protagonista es una joven pero madura mujer. Una mujer con un amante, un hijo pequeño, una abuela a la que se le va la cabeza y un ex marido activista anti- apartheid que se acaba de suicidar. En el panorama que conforman sus recuerdos y su vida presente no hay lugar para arrebatadas pasiones ni para suntuosos gestos dramáticos. La muerte, la injusticia, el compromiso político se encuentran en el libro en la medida en que se encuentran en el ánimo de la protagonista y en ese ánimo ocupan un lugar destacado, sí, pero no único entre las muchas y complicadas cuestiones que afectan a nuestra psicología y que en tantas ocasiones se revisten del manto soso del aburrimiento, según la propia escritora nos ha enseñado en otros libros. Por ello, el mundo que nos presenta Nadine Gordimer no es sólo un mundo de blancos y negros, sino, además, un mundo gris. Tan gris como pueda serlo la vida de un ciudadano más, aunque sea blanco y antirracista en Suráfrica. Y ese tono gris es precisamente el que confiere a la novela realidad y elimina el romanticismo con que toda lucha tiende a ser juzgada. Porque la lucha no es romántica, sino larga, interminable, aburrida, desalentadora. Al menos, hasta que la bomba estalle. Ana SALADO Para entender lo que ha querido conseguir Francisco Umbral escribiendo esta Sinfonía borbónica resulta útil tomar como punto de referencia ruedo ibérico, de Valle- lnclán. su más que probable modelo. Hay, en efecto, tanto en las citadas novelas de Valle- inclán como en el libro de Umbral una estructura abierta y diversidad de viñetas, un tratamiento esperpéntico de la realidad, búsquedas en el orden del estilo, la voluntad de conferir una dimensión literaria a la jerga de la calle en un momento dado. Las diferencias, sin embargo, Francisco Umbral entre las novelas del maestro gallego y Sinfonía borbónica son muy grandes, lo que prueba que los elementos formales de un libro están subordinados simpre al espíritu que los anima, razón por la cual yerran quienes piensan que el análisis de la obra literaria debe reducirse al ámbito de lo forma! o que este ámbito forma! es el más indicado para alzarse hacia la comprensión de aquello que da significación a las formas, o que entre forma y contenido existe una relación unívoca. Mientras que los libros del último Vallelnclán estaban poblados de imágenes deformadas por su reflejo en el espejo de una conciencia y cólera a causa del descubrimiento de la verdadera realidad social bajo la máscara de las apariencias idealizadoras y de la afirmación violenta de un sistema de valores en función del cual esa verdadera realidad social revelaba vulnerar las raíces de lo humano, las imágenes esperpénticas que recorren las páginas de Sinfonía borbónica son fruto del reflejo de la actualidad en el espejo deformante de una visión del mundo que tiene a la realidad del presente por contraria a las expectativas que sobre la misma alimentaran algunos en los últimos tiempos del franquismo, y que está huérfana de todo sistema de valores en función del cual poder juzgar a la realidad antedicha en justicia y en verdad. ¿Qué quiere ello decir? Que las caricaturas imaginativas de Valle- lnclán, a pesar de sus excesos, remiten siempre a lo objetivo, y que las de Umbral, en cambio, sólo remiten a su subjetividad, una subjetividad demasiado individualizada como para poder ponerse en conexión con lo colectivo, con lo humano común. REVESA ALBERTO AGUILERA, 30 Teléfonos 447 53 43 y 447 57 22 A mi parecer, una de las claves de Sinfonía borbónica se encuentra en la siguiente frase, dicha por uno de los personajes del libro: La guerra civil seguimos perdiéndola cada día. Esta frase, según yo creo, significa que Umbral se niega a aceptar la evolución de la vida española después de la muerte de Fran- co, en tanto en cuanto la misma no satisface sus expectativas de una ruptura violenta con el pasado dictatorial; confiere algún tipo de legitimidad a ese pasado al no hacerlo objeto de juicio, y, simultáneamente, diluye esa frontera entre la izquierda y la derecha que permitía a muchos orientarse en el mundo, saber quiénes eran y en dónde estaban y a dónde tenían que ir. Ahora bien, ¿en función de qué escala de valores condena Umbral esa evolución? Lamentablemente, de ninguna, con lo que su condena pierde todo peso, se torna gratuita. Por supuesto, Umbral, en su libro, hace explícitamente como si las concepciones políticas de cierta izquierda de los últimos tiempos de la dictadura no hubieran perdido toda credibilidad al ser confrontadas con los hechos; pero la verdad es que su libro no está escrito desde la perspectiva de esas concepciones vitalmente asumidas, sino desde la perspectiva de una visión del mundo que se resume en la frase que sigue- dicha por el autor, no por un personaje- Un individuo es una cosa sórdida que ensombrece su propio cuerpo. ¿Y cómo a partir de una visión del mundo tan inequívocamente nihilista abordar la crítica social? Sinfonía borbónica es una especie de pesadilla quevediana en la que los datos y los personajes de la realidad- e n la mayoría de los casos resulta fácil poner el nombre verdadero a los hombres y mujeres de los que Umbral habla con otro ficticio- se convierten en espantajos amenazadores al ser privados de su relación con lo humano, al ser considerados desde una perspectiva que impide la visión de los fundamentos de su Humanidad, desde una perspectiva cerrada por completo a lo amoroso. Es, además, un libro escrito con virtuosismo verbal- las referencias a Juan Ramón Jiménez, a Cela, a Lorca, a Ramón Gómez de la Serna son inequívocas, pero están trascendidas por el estilo de Umbral: un estilo con el que defiende su interioridad, en lugar de. utilizarlo para sacarla a la luz, pienso- Es, en fin, un libro que hubiera precisado de una más rica tabulación: las viñetas que lo integran son demasiado esquemáticas, el autor parece resistirse a dejar que sus personajes hablen y actúen por sí mismos, arropándolos en exceso con sus comentarios y opiniones. Umbral escribe muy bien, domina el lenguaje como pocos, pero se enfrenta con el mundo desde un punto de vista que coarta el desarrollo de sus posibilidades. La relación ética- estética aparece rota en él, y ello repercute negativamente a la hora de dar cuenta de la realidad. Leopoldo AZANCOT