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X 7 ABC ABC UTktciVlQ 10 octubre- 1987 Novela -Ex- libris Les roses de Pline Angelo Rinaldi Editorial Gullimard París, 1987. 334 páginas Angelo Rinaldi es, sin duda, el crítico más influyente y devastador de la nueva crítica francesa. En apenas diez años Rinaldi ha consumado, en solitario, una revuelta estética y moral nada común, denunciando en términos vitriólicos los lejos valores que durante los años sesenta y setenta fueron consagrados en el altar de las modas más radicales, agresivas y funestas. Durante los años sesenta la por entonces nueva crítica y nueva novela impusieron su ley recurriendo al terrorismo verbal más audaz y desenfrenado. Personajes como Philippe Sollers, revistas como Tel Quel convirtieron el mandarinato cultural en una operación de guerrilla urbana permanente, ajusticiando valores, principios, jerarquías e instituciones con una alegre y suicida frivolidad. Veinte años más tarde los paraísos artificiales y las revueltas de salón anunciadas desde Tel Quel han caído en el purgatorio del desuso: sus ídolos han sido abolidos, sus creencias han sido derogadas, sus principios han sido dinamitados, y ios personajes de aquella aventura han renegado de sus viejas y decrépitas pasiones, para entregarse, con excesiva frecuencia, a la adoración de nuevas y no menos dudosas modernidades de diversa especie: Tel Quel se fundó bajo la advocación de Paul Valéry, para convertirse, sucesivamente, en panfleto nihilista, maoísta, americanista, espiritualista, etcétera, hasta que Philippe Sollers descubriese las virtudes de la escolástica medieval y el judaismo. En ese marco decrépito, a finales de los años setenta, comenzaron a afirmarse personalidades aisladas que anunciaban una restauración de valores. Las novelas de Patrick Modiano derogaban con su pureza lírica la exaltación retórica y experimental de los epígonos de Tel Quel El redescubrimiento de Marguerite Yourcenar supuso ei aldabonazo majestuoso de una nueva sensibilidad. Las críticas de Angelo Rinaldi en L Express contribuyeron a expurgar la conciencia colectiva de las excrecencias y protuberancias de veinte años de penosa consternación. Sin duda, los primitivos artículos de Héctor Bianchiotti en Le Nouvel Observateur la obra permanente de Maurice Nadeau, se inscriben y participan en este proceso de restauración de valores. Sin embargo, la tarea crítica de Rinaldi, virulenta y feroz, se perfila, definitiva Tiente, como la obra que consuma la imprescindible demolición de una arquitectura moral n ruinas. Marguerite Duras y Alain Robbe Grillet fue n sometidos al acero purísimo e implacable i una prosa magistral en la elipsis, las maobras dilatorias que culminan con una en Ja a saco en las posiciones siiiadas de un ¡ernigo cuya prosa se hunde en ías aguas ntanosas de la derrota. Tras esos asesinaos, Bruto convirtió el magnicidio en tarea de alud pública. De ahí que la última novela de Rinaldi, Las rosas de Plinio haya vueíío a suscitar una animosidad turbulenta y ciega: se ama o se odia a Angelo Rinaldi. Pero nadie duda de su talento de polemista, su devoción por la Recherche y su relectura catastral de los grandes memorialistas franceses, comenzando por Saint- Simón, por supuesto. Sin embargo, Rinaldi es víctima de su propia y compleja identidad. El crítico es un héroe stendhaliano: apasionado, brillante, feroz, protagonista de una misión salvadora, dejándose arrastrar por la luminosidad del autor de La Chartreuse contemplando a Napoleón a las puertas de Milán. Por el contrario, el autor de una decena de novelas es un personaje de Cavafis: héroe proscrito del paraíso (su Córcega mitológica, Alejandría mítica de un narrador que puede ser contemporáneo de las últimas posesiones griegas caídas bajo la bota de los generales y las legiones romanas) Rinaldi es víctima de su hipersensíbilidad, los estragos de la memoria arrastrando infinitamente la longitud y el dolor a flor de pie de una frase literaria cuyas raíces se pierden en los memorialistas del XVIII, la Recherche y la prosa majestuosa como un templo griego de Marguerite Yourcenar. Estas rosas de Plinio prolongan irremediablemente esa aventura eternamente inconclusa: el narrador sabe que todas las historias están condenadas a contar la misma historia, el relato de la caída y el desarraigo del autor intentando amueblar la noche de los días que pasan con los fantasmas de la ciudad y el paraíso imaginario donde florecen, se atormentan y mueren los héroes caídos de su propia ficción. Toda la obra novelesca de Angelo Rinaldi prolifera en ese museo de cera, la suntuosa y bella frase llamada a vestir los personajes y las máscaras vacías de la existencia con las sedas y terciopelos, las joyas y los perfumes, de un carnaval donde las sombras de los hombres persiguen a otras sombras en busca de una identidad, una caricia, un gesto, un tierno murmullo que los redima del silencio y de la nada donde vegetan, sonando el final de una noche de placer que pondrá fin al tedio y a la vida. Juan Pedro QUIÑONERO Anuario de Títeres y Marionetas 1987 Centro de Documentación de Títeres de Bilbao. Bilbao, 1987. 220 páginas. 2.000 ejemplares. Interesados llamar al 941412 7451. Este Anuario no tendría mayor importancia que otros muchos que se publican a lo largo del año en nuestro país, de no ser por lo curioso del tema, las marionetas, y porque, por primera vez, se reúne en un solo volumen información sobre las compañías de títeres existentes en España. Seguramente no nos resulte muy difícil recordarnos ensimismados, boquiabiertos frente a aquellos muñecos que tuvieron vida para nosotros una tarde de domingo o un día de fiesta, hace ya mucho tiempo. En nuestro subconsciente infantil dormitan personajillos de hilo y cachiporra: muñecos fantásticos, brujas, dragones y príncipes, que en su cuerpo de trapo o de madera alojan el alma de la imaginación. Recientemente el poeta Rafael Alberti ha recreado para nosotros ese mundo mágico a través de La Pájara pinta. Si hablar de marionetas nos lleva directamente a la palabra tradición; si tenemos cierta tendencia a asociarlo a una época pasada, de nuestra cultura o de nuestra infancia; también es verdad que títeres y titiriteros sorc una especie Viva- aunque los más amenazados por el peligro de la extinción- que convive al lado de sofisticadas formas de espectáculo. En un mundo como el nuestro, cercado por la electrónica, las máquinas parlantes, la información vertiginosa, el cine, la televisión... resulta placentero hacer constar la pervivencia de estas formas de espectáculo que conserva aún un gesto humano, un guiño primitivo que nos relaja y nos reconcilia con nuestros antepasados. Sólo decir que en nuestro país, a pesar de todo, siguen existiendo doscientas compañías de marionetas en activo, es suficiente razón para reseñar este libro, que ni siquiera puede calificarse como tal. Se trata más bien de un índice exhaustivo que recoge a los grupos asociados por Comunidades autónomas y cuya información indica desde sus espectáculos disponibles hasta el precio de cada representación. Hay para todos los gustos y con todo tipo de técnicas: varillas, sombras, guantes, teatro de calle; para niños y para adultos. Incluye además las direcciones de todos los grupos e información sobre artesanos, festivales y muestras, colecciones sobre ei tema y una amplia bibliografía para curiosos y amantes de la materia. Los títeres, el teatro de los sueños, sigue siendo una invitación lúdica al juego, un perderse en la farándula; porque quizá más que nunca estemos necesitados de esos microcosmos de ocio que interpretan nuestra realidad y nos recuerdan las viejas leyendas. Debemos alegrarnos de que queden titiriteros por nuestros caminos. Posiblemente ya no recorran, como antaño, senderos polvorientos, sino que viajarán en coche o en avión. Pero al final del viaje nos traen lo mismo: la magia entre las manos y la sonrisa irónica e ingenua de un muñeco de trapo o una marioneta con el alma pendiente de un hilo. Amalia ¡GLESsAS MOVILAUTO Uravn M u r i l l o V Tel. -446 t, 2 5 (1. Hr; iv i M u r i l l n 1 Tel. 5 4 l V 1.158 plazas auxiliares Ministerios y Se- I guridBd Sociai. Insiancias hasía: 23 ocíu- J ore. Preparación e información Caiís Ficrencio L! orenia, -29: 4 ffl 4 43 69