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10 octubre- 1987 ABC ÜTcrarío ABC Vil Vladimir Nabokov: Lectura (muy particular) del Quijote AMOS a hacer todo lo posible por no caer en el fatídico error de buscar en las novelas la llamada vida real Vamos a no tratar de conciliar la ficción de los hechos con los hechos de la ficción. El Quijote es un cuento de hadas, como lo es Casa desolada, como lo es Almas muertas. Madame Bovary y Ana Karénina son cuentos de hadas excelsos. Pero sin estos cuentos de hadas el mundo no sería real. Una obra maestra de ficción es un mundo original, y en cuanto tal no es probable que coincida con el mundo del lector. Por otra parte, ¿qué es la tan cacareada vida real qué son los hechos ciertos? Nos entra la sospecha cuando vemos a los biólogos acecharse unos a otros con sus genes cargados, o a los historiadores rodar trabados en combate sobre el polvo de los siglos. Se podrá discutir si el periódico y un conjunto de sentidos reducido a cinco son las principales fuentes de la llamada vida real del llamado hombre medio, pero una cosa sí es segura, afortunadamente, y es ésta: que el mismo hombre medio no es sino un ente de ficción, un tejido de estadísticas. V Entre los distintos cursos que, de literatura, Vladimir Nabokov dictó en la Universidad de Cornell cuando llegó en 1940 a Estados Unidos- semidesterrado, semihuido- figuraban sus lecciones sobre Cervantes, y más concretamente sobre el Quijote, resumido y analizado por él, capítulo a capítulo. Fruto de ese aprendizaje docente, salpicado de reflexiones y citas personales, debidamente reescritas, es un libro cabal sobre el Quijote, del que ofrecemos el primer capítulo. El libro aparecerá en castellano, publicado por Ediciones B, en los próximos días. La vida real La ¡dea de vida real pues, se basa en un sistema de generalidades, y si los llamados hechos de la llamada vida real enlazan con la obra de ficción, es únicamente en cuanto generalidades. Por tanto, cuanto menos general sea una obra de ficción menos reconocible será en términos de vida real O viceversa, cuantos más detalles vividos y nuevos haya en una obra de ficción, más se apartará ésta de la llamada vida real dado que la vida real es el epíteto generalizado, la emoción media, la multitud de los anuncios, el mundo del sentido común. Me estoy metiendo directamente y de cabeza en aguas un tanto heladas, cosa que es inevitable si se quiere romper el hielo. De nada vale, pues, buscar en esos libros una representación material y pormenorizada de la i ¡amada vida real Por otra parta, existe alguna correspondencia entre ciertas generalidades de la ficción y ciertas generalidades de la vida. Pensemos en ei doior físico o mental, por ejemplo, o en Encontrarán ustedes la ciudad universitaria de Salamanca al Oeste, cerca de la frontera con Portugal; y admirarán Madrid y Toledo en el centro de España. En la segunda parte del libro hay una orientación general de las andanzas hacia el Norte, hacia Zaragoza, en Aragón; pero después, por razones que más adelante comentaremos, el autor cambia de opinión y manda a su héroe a Barcelona, en la costa oriental. Ahora bien, si examinamos las correrías de don Quijote con criterios topográficos nos encontramos con un lío tremendo. Les ahorro los detalles; bastará decir que a cada paso de esas aventuras hay un cúmulo de inexactitudes monstruosas. El autor huye de las descripciones que, por descender a lo concreto, pudieran ser verificadas. Es absolutamente imposible seguir esas andanzas por cuatro o seis provincias del centro de España, en el curso de las cuales, hasta llegar a Barcelona, en el Noreste, no se pasa por una sola ciudad conocida ni se cruza un solo río. La ignorancia de Cervantes en materia de lugares es enorme y total, incluso en lo que respecta a la villa manchega de Argamasilla, que, en opinión de algunos, sería más o menos el punto dé partida. El ¿Cuándo? del libro los sueños, o en la locura, o en cosas como la bondad, la misericordia, la justicia: pensemos en estos elementos generales de la vida humana y estaremos de acuerdo en que sería provechoso estudiar de qué manera los maestros de la narrativa los transmutan en arte. ta Claus es representativo y típico del Polo Norte en el siglo XX. No sólo eso, sino que Cervantes parece tener un conocimiento de España tan escaso como el que tenía Gógol de la Rusia central. Aun así, no deja de ser España; y aquí es donde las generalidades de la vida real (en este caso de la geografía) se pueden aplicar a las generalidades de una obra de ficción. En líneas generales, las aventuras de don Quijote, en la primera parte, se desarrollan en la zona de Argamasilla y El Toboso en la Mancha, en la reseca llanura castellana, y por si sur en las estribaciones de Sierra Morena. Los invito a localizar esos lugares en el mapa que les he dibujado. España, como verán; se extiende en latitud de 43 a 36 grados, de Massachussetts a Carolina del Norte, y la acción principal del libro tiene lugar en una región que correspondería a Virginia. Hasta aquí en cuanto al espacio. Veamos el tiempo. Vamos a retroceder rápidamente desde 1667, el año de publicación del Paraíso perdido, de Milton, a un infierno abrasado por el sol en las dos primeras décadas del siglo XVII. Odiseo, hecho una llamarada de bronce, abalanzándose desde el umbral sobre los pretendientes; Dante estremecido al lado de Virgilio mientras pecador y serpiente se hacen uno; Satán bombardeando a los ángeles: esas cosas y otras existen dentro de una forma o fase del arte que llamamos épica. Las grandes literaturas de! pasado parecen haber nacido en la periferia de Europa, en las márgenes del mundo conocido. Para nosotros esos puntos al Sureste, al Sur y al Noroeste son, respectivamente, Grecia, Italia e Inglaterra. Un cuarto punto es éste que tenemos ahora al Suroeste, España. El ¿Dónde? del Quijote No nos engañemos. Cervantes no es un topógrafo. El bamboleante telón de fondo del Quijote es de ficción, y de una ficción, además, bastante deficiente. Con esas ventas absurdas llenas de personajes trasnochados de los ¡ioros d 9 cuentos italianos y esos montes absurdos infestados- da poetastros dolientes- de amor y disfrazados de pastores de la Arcadia, el cuadro que Cervantes pinta del país viene a ser tan representativo y típico de la España de! siglo XVII como San-