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10 octubre- 1987 OS seguidores de Marguerite Yourcenar y de su labor como narradora pueden encontrarse ahora con este libro en español, bien traducido por Emma Calatayud, donde se recogen siete ensayos magistrales de la novelista. Ya conocíamos desde las Memorias de Adriano el poder evocador de la escritora y su conocimiento de la antigua Roma, donde se incorpora con fácil y, diríamos, casi inédita sabiduría histórica. El primero de los trabajos recogidos en este fragante libro de hoy lo titula Las caras de la Historia en la Historia Augusta y ya desde el principio hace el elogio de los historiadores romanos: Si de todas las historias grabadas por la memoria humana ha sido la. de Roma la que hizo pensar a más filósofos, soñar a más poetas y declamar a más moralistas, se debe en parte al genio de un reducido número de historiadores romanos (más a un par de historiadores griegos) que contribuyeron poderosamente a prolongar hasta nuestros días el recuerdo y el prestigio de Roma. Y hay que pensar lo que podría haber salido de la pluma de Marguerite Yourcenar de haber aplicado su gusto exquisito y sus conocimientos a cada una de las figuras principales de la Historia Augusta apoyada en esos grandes estilistas que son para ella los clásicos historiógrafos. La historia de Heliogábalo, escrita por Lampridio, parece un cuento de Las Mil y Una Noches Y con clara percepción añade que entendemos hoy mejor el sentido de aquello contra lo cual puede despotricar el cronista por no haberlo podido entender en su tiempo. ABC flfcrario Pensamiento y ciencias sociales El libro de la semana ABC V L A beneficio de Inventario dido ver algunas de las aproximadamente mil planchas que compon nen su obra descriptiva a lo largo de treinta y ocho años de trabajo tendrá ya otros ojos MARGUERITE YOURCENAR para ver Roma. Una ciudad distinta a lo visEdiciones Alfaguara. Madrid, 1987. 272 páginas to y a lo imaginado nos dejará en la memoria y en el espíritu este sodesprende un halo de misterio y encanto que ñador de Roma. Media docena de estos porla autora de este libro sabe realzar con un tentosos dibujos de alguna de las series las conocimiento profundo y jugoso de la historia Prisiones o las Vistas o Las antigüede Francia. Más pequeño que la mayoría de dades de Roma serán testimonio de quien los reales castillos del Loira, suavemente en- fue un artista grandioso y singular. cerrado dentro del paisaje idílico de un rincón Pero donde todavía tendremos más motide Turena es como un escenario mágico vos de admiración para la autora de este libro será en la lectura de esos tres capítulos que forman la última parte: Selma Lagerlóf, -narradora épica Presentación crítica de Constandinos Kavafis y Humanismo y hermetismo en Thomas Mann Selma Lagertóf es para Marguerite Yourcenar la excepción como escritora genial de novelas. Salvo Murasaki Shikibu, cuya literatura, floreció en el Japón en el siglo. XI, no encuentra novelista, mujer, que pueda compararse a Selma. Ni María de Francia, ni Madamme de Lafayette, ni George Sand... En cualquier caso, ella es la única que constantemente se eleva hasta la epopeya o el mito. La talla humana de esta mujer casi inválida, que se sobrepone a toda clase de contrariedades para acudir en ayuda de los desvalidos o los necesitados, es exaltada por nuestra ensayista, que ve en esta escritora el origen de lo que iba después a llamarse novela- río. Como subraya la virtud de su mundo novelístico, que llega más allá de cualquier clasificación parcial. Los ensayos sobre Kavafis y sobre Thomas Mann son de una acuidad y de un conocimiento verdaderamente extraordinarios. Descubierto Kavafis y traducido por ella- en 1939, no se han escrito páginas después que persigan la genialidad del poeta con puntos de vista más generosos y justos. Tanto comentarista de Kavafis, tanta pasión puesta en el poeta alejandrino por sus seguidores, contrasta con esta pureza para tratar de un poeta de su grande y significativa obra. Por Marguerite Yourcenar nos acercamos a un poeta de asombrosa sencillez, donde las limitaciones de la palabra y su manera de ceñirse humildemente al suceso le salvan- e n sus mejores momentos- de todo énfasis y de cualquier obscenidad. No hay un solo verso donde amenace la vaguedad, porque su poesía mantiene la fortaleza del tiempo y está hecha de ese mismo tiempo. Vida y obra se salvan en la pureza de su indeclinable veracidad. El ensayo sobre Thomas Mann, donde se recoge sucintamente la obra del gran novelista, desde La montaña mágica hasta el Doctor Fausto, pasando por La muerte en Venecia, es luminoso y certero. Marguerite Yourcenar lee a Mann después de haberlo leído en muchas ocasiones de su vida, y el elemento de novedad o de contemporaneidad de su obra, al centrarse tan fuertemente sobre la descripción de un tiempo y un lugar, ya no nos oculta el verdadero trasfondo atemporal y cósmico de la obra maestra; el elemento sensual que hace no mucho nos turbaba al leer José GARCÍA NIETO de la Real Academia Española Tanto en este primer ensayo- e l lector se encuentra como en su casa -d i c e- cuando lee Historia Augusta -como en los siguientes, Marguerite Yourcenar tiene un estilo claro y directo, atractivo y fluido que hace que su libro se suceda sin detenimientos impertinentes. Los trágicos de Agrippa d Aubigne, un clásico de los menos leídos entre los poetas franceses del Renacimiento, revela un talento didáctico en la autora- n o olvidemos su dedicación a la enseñanza- poco común en quien trata de acercarnos autores interesantes y acaso inéditos. Los estudios de la autora de A beneficio de inventario dejan siempre libre al lector para que, con los datos que ella nos proporciona, entremos en un camino de seleccionada libertad. El! a hace sus descubrimientos sin énfasis, sin amaneramiento doctoral. Sus mejores dotes de narradora vuelven aquí para que la prosa discurra como un relato, no como una lección. La puesta al día de Agrippa se nos hace familiar y necesaria, y nos nace el deseo imperioso de leerlo si no lo hemos hecho hasta ahora. La tentación es constante: Se leen muy poco sus versos de amor, que son de una gran nobleza, pero que no exceden de lo que puede esperarse de un gentilhombre que poseyó fogosidad e instrucción durante una de las más bellas y apasionadas épocas del lirismo francés Yo tengo un castillo es un ensayo casi novelado de los avatares por que ha pasado uno de ios castillos más memorables de Francia, a orillas del Cher, el de Chenonceaux, cuya biografía- s e puede llamar así- por donde han pasado los actores decisivos de la historia. Dueños distintos, frecuentemente dueñas- h a sido llamado el castillo de las viudas han puesto entre las piedras de Chenonceaux recuerdos sobre recuerdos, como si se pudieran leer ahora en sus paredes esplendores y decadencias que le han dado sabor a su permanencia en el tiempo. Diana de Poitiers lo recibió como regalo de Enrique II. Su extraordinaria belleza se merecía el hermoso homenaje. Catalina de Médicis, entre la verdad y la leyenda, se disputa el favor de su esposo el rey, y siempre el castillo es como una joya elegida que una mujer recibe como herencia o como regalo. Pero, aunque apasionante, el capítulo del castillo hay que seguirlo morosamente y no ahora bajo la pluma de la gran novelista que es Marguerite Yourcenar. El negro cerebro de Piranesi -que es frase de Víctor Hugo- sirve a nuestra autora para seguir los pasos de la vida y el arte del célebre grabador Giovanni Battista Piranesi, que fue el intérprete y casi inventor de la trágica belleza de Roma, y que ostentó hasta el final con orgullo y acaso arbitrariamente el título de arquitecto veneciano: architectus vénetianus. Marguerite, con lúcida visión y admiración justificada, que raya en la pasión, nos dice que en Piranesi se revela un artista que ha encontrado su tema Piranesi es Roma, pero Roma sería otra si no la hubiera dibujado Piranesi. Todo el que haya po-