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ABC, pág. 32 ENTRO de cinco años se cumplirán quinientos det día en que empezó a suceder lo de América. Lo digo así, dando un rodeo, porque ya no sé cómo llamar al suceso que ün famoso historiador, más optimista y arrojado que yo, hace siglos designó como el más importante de la historia de la Humanidad después def nacimiento de Cristo. Lo digo así, tímidamente, no me vaya a salir un dómine que me dé palmetazo y me explique que América no fue descubierta entonces porque ya existía antes, o que la descubrieron otros, o que en realidad no fue descubierta, sino destruida por España en un gigantesco genocidio, o, en fin, que más valiera que no la hubiera descubierto nadie... Pero lo cierto es que América está ahí desde entonces, desde que el Almirante empezó a sentir que la tierra se le acercaba y que los aires eran dulces y sabrosos como abril en Sevilla qu es plazer estar a ellos; tan olorosos son Ahí está desde que a las diez de la noche del 11 de octubre, el Almirante, erguido en el castillo de popa, todo adivinación, todo esperanza, vido lumbre... como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba... candelilla misteriosa con la que desde la noche de la historia quizá América llamaba a España. Ahí está. ¿Cómo lo nafraremos? Me parece que frente a la convicción de muchos, empezando por la firme y clara convicción de nuestro Rey, a quien yo creo que acompañamos la inmensa mayoría de los españoles, hay un montón de compatriotas, y quizá de hispanoamericanos, sumidos en perplejidades sobre la forma e incluso la oportunidad de celebrar el V Centenario de eso y contribuyendo con sus dudas, recatos y complejos a sumir a otros en la misma perplejidad. ¿Podríamos aclarar algo la confusión? Primeramente, creo que deberíamos establecer con transparencia definitiva, y para no perder más tiempo en disquisiciones, el hecho físico del Descubrimiento, porque hasta eso a veces se discute. Puede que mucho antes que Colón tocaran aquellas tierras los vikingos, los portugueses o los vascos, y aún antes los griegos o los fenicios. Pero ocurre que ninguno sabía lo que era aquello, ni consiguió que América entrase en la Historia. (No olvido que Colón tampoco sabía que lo descubierto era otro continente, pero después los españoles lo supieron, lo contaron y ahí está. Lo demás son azares, misterios, leyendas, pero no conciencia de lo que se venía a las manos. A continuación tenemos que reflexionar sobre un gran equívoco generalizado en demasía. Se trata de un enorme error de visión. En efecto, es achaque frecuente en los tiempos actuales juzgar el pasado conforme a nuestros criterios morales, políticos, sociales y culturales de hoy, transfiriendo a otros siglos todo un esquema de valores que son propios de nuestra época, pero no de aquélla. Así, cometemos una tremenda injusticia con el pasado. Desde una visión tan incorrecta se juzga por ejemplo, a los conquistadores de América pensando que debían haberse comportado TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 10- 10- 87 D Segundo: que España es el único país que se planteó a sí mismo la duda, la autocrítica, el juicio moral de sus Por Alfonso de la SERNA derechos y comportade otra manera: Pero los conquistadores no mientos en un admirable debate teológico y eran antropólogos de la Smithsonian Institu- jurídico que llegó a hacer pensar al Emperation, ni exploradores enviados por la National dor Carlos V en abandonar la empresa de Geographic Society. Eran rudos hombres, na- América, y que en todo caso creó una verdacidos muchos de ellos aún en la Edad Media, dera ética de la conquista. impregnados todavía del espíritu de cruzada Tercero: que esa conciencia moral fraguó contra el infiel y estaban solos, en un admirable cuerpo legal llacon un puñado de amigos todo mado las Leyes de Indias, que lo más, provistos a veces de fue la norma de la Corona de unas capitulaciones tan admiEspaña para su acción en Amérables como alejadas de la realirica. ¿Que no siempre se cumdad; enfrentados con la selva, el plieron? ¿Se cumplen hoy, siemdesierto, ia nieve, el calor, el altipre, los derechos del hombre plano. Habían, prácticamente, a Cuarto: que es muy fácil juzla manera cortesiana, dado las gar el hecho americano cuando naves de través y no tenían acabamos de vivir la descoloninada a la espalda, y delante, zación en el mundo moderno y una tierra fabulosa e inquietante nuestras mentes están llenas de que tanto en la imaginación espíritu anticolonialista. Pero encomo en los rudimentarios matonces no había colonialismo a pas estaba aún llena de fantasía, la moderna ni anticolonialismo. de reyes dorados, de amazonas Había otras cosas muy distintas. intrépidas, de minas increíbles, Pero basta de perogrulladas, de dioses enigmáticos, de ciudaaunque sean, tristemente, neceAlfonso de la Serna des misteriosas. ¿Qué quieren sarias. América y España están Escritor nuestros jueces de hoy que hiahí, irremediablemente unidas cieran para dominar en cincuenta años aquedesde un momento- ¿bueno, malo? nueslla enormidad? Aún tardarían siglos en llegar la Declaración de los Derechos del Hombre, tro- en que, como ha dicho el colombiano la abolición de la esclavitud- ¿se olvida que Germás Bleiberg, América empezó realmente a existir, pues antes no existía (América es todavía hoy cerca de Europa hay esclavitud? -la cuestión social la liberación de la un concepto posterior. Cuando Cortés llegó a Méjico Méjico era básicamente el Valle mujer, la descolonización, y, sin embargo, hay entre nosotros quienes exigen a poste- del Anáhuac. Cuando México se independizó, riori a los conquistadores que se comporta- sus fronteras llegaban al Canadá) ran como si todo esto existiera ya en la fronY ese momento, al que el Rey de España tera de los siglos XV y XVI. No me parece ha llamado el reencuentro nos es común y justo. no tenemos por qué renegar de él, a no ser ¿Que hubo crueldad, abusos, crímenes, que reneguemos de nosotros mismos. Pese a corrupción, matanzas y hasta destrucción que América vive hoy un tiempo crítico, de como diría el padre Las Casas? Desgraciada- más dolores que alegrías, no debemos ser mente, sí. ¿Y quién no siente el dolor de todo pusilánimes. Los que hemos estado en Améesto? Pero ¿no hubo también heroísmo, sa- rica sabemos que junto a problemas y flaquecrificio, generosidad, gallardía, honradez? zas que en parte heredó de España, hay allí, Hubo de todo, como en cualquier obra huma- y también España contribuyó a alumbrarlos, na, y más si dura siglos. En vez de entregar- tesoros de vitalidad, de energía e imaginanos a la especulación barata deberíamos res- ción, y que el alma mestiza de América petar el hecho de que sobre lo de América ¡cómo lo diría mi viejo amigo don José Vashay ya una gigantesca bibliografía española y concelos! que es la clave de comprensión extranjera que ha puesto en claro, con rigor de lo hispanoamericano, tiene aún que decir científico, definitivamente, áreas inmensas de al mundo su palabra. Celebremos, pues, los aquel hecho histórico, restableciendo e! justo cinco siglos con serenidad, con salud y sin perfil de las cosas y liberándonos- de argu- complejos. Yo espero que esa recordación no mentaciones apasionadas cuando no frivolas se quede en espectáculo que luego se desen demasía. Echar una ojeada, aunque sea vanezca como fuegos artificiales, sino que dé ligera, a ese enorme esfuerzo de esclareci- lugar a un gran acto de conciencia histórica y miento histórico sería lo menos que podemos política que justifique ante el mundo nuestra pedir a los detractores antes de que se pusie- mera existencia. ran a hablar. Respondo así, desde un rincón de la que Un historiador lo diría mucho mejor que yo, Julián Marías llamó Plaza Mayor de los que soy un aficionado, pero de los historiado- hispanos, a la propuesta de diálogo que acares aprendí algunos hechos que me atrevo a ba de lanzar desde estas páginas mi amigo recordar: Alberto Wagner de Reyna, peruano ilustre. La Primero: que las conquistas eran entonces contesto con orgullo y amor a América- e n así y no con agentes comerciales o técnicos donde nació mi padre y nació mi hijo- con de la Alianza para el Progreso, y que ni los el mismo amor que ya iba poniendo el Almirante cuando la candelilla le llamaba y los aiactuales descendientes de Roma, Germania res eran tan sabrosos como los que a él le o el Islam arrastran sobre ellos el sentimiento parecían los más sabrosos de España: los aide culpa por á sangre que derramaron sus res de Sevilla. antepasados conquistadores: LO DE AMERICA