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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 10 DE OCTUBRE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC do lugar, porque escribir es nuestra obligación social si somos escritores, y, finalmente, porque el lenguaje del arte es el único lenguaje de salvación que tiene el hombre de nuestro tiempo. El único y el último, como en seguida vamos a ver. Tenemos que defenderlo a toda costa. Ahora debemos preguntarnos si es lícito escribir poemas desde el punto de vista social. La segunda pregunta es más difícil de contestar. En cualquier parte del mundo, no hay periodista que no se acerque a nosotros para hacernos con retintín la pregunta: ¿cuál es la utilidad de la poesía? Vayamos con cuidado. Vayamos paso a paso: andando y desandando la respuesta, para no dejar demasiadas cosas importantes en el tintero. En principio, la utilidad social de la poesía creo que consiste en inducirnos a pensar con espontaneidad y en cierto modo, en inducirnos a pensar desde nosotros mismos. Hoy por hoy es tan grande la influencia de los medios informativos que nadie piensa espontáneamente. Todos pensamos más o menos con palabras prestadas, y además con palabras que nuestros prestamistas no pudieron pensar con tiempo suficiente. Así, pues, son palabras prestadas, insuficientes y provisionales. Por su propia naturaleza, el extremismo es la finalidad y la bandera de los medios de información que sólo viven para el éxito. Ahora bien, todo extremismo es simplista, y toda simplificación aleja al hombre de la verdad. Para pensar espontáneamente, o dicho de otro modo: para pensar con inocencia y sin simplicidad, hay que volver a los orígenes, hay que volver de nuevo al lenguaje poético, y ésta es la utilidad de la poesía en su aspecto más destacado. Dejemos que se sigan engañando con su verdad simplista los mentidores profesionales. No pueden engañarnos, en primer lugar porque no los oímos, y en segundo lugar porque ya estamos desempalabrados. Los poetas somos humildes y no creemos en demasiadas cosas. No buscamos esa verdad que nadie va a encontrar: no busques lo que no encuentras, lo que buscamos es la certidumbre, y únicamente la poesía puede hacernos hablar con certidumbre de corazón. Lo cual es útil, REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID que se p l a n t e a n a cualquiera de los poetas de nuestro tiempo es el hecho de sentirse obligado a justificarse por escribir poemas. Dentro del mundo en que vivimos, dentro de un mundo lleno de injusticia, de violencia y de arbitrariedad, ¿tiene sentido escribir? Abrimos el periódico por la mañana (aquel que todavía se atreve a abrirlo) y las noticias más dramáticas y desconcertantes agujerean nuestra atención y nuestros ojos. No entendemos lo que leemos. No lo debemos entender. A consecuencia de la presión y la opresión políticas, mirar es desangrarse, y aun la lectura del periódico se puede convertir en algo injusto. Hay que cortar esta hemorragia y no sabemos cómo hacerlo. Sin embargo, es preciso intentarlo. Ernesto Sábato toca el tema, con la claridad y la ejemplar actitud cívica que son en él habituales, cuando escribe refiriéndose a Kánt: Se encontraba tan cómodo en el caos, que lo explicó en lugar de solucionarlo. Supongo que el mismo Sábato nos diría que explicar una situación vital es la tarea que corresponde al escritor, y tratar de solucionarla es la tarea que corresponde al hombre que hay en cada escritor. La validez de ambas funciones es innegable. Cada escritor tiene que plantearse este problema para legitimarse como escritor y como hombre; es decir, tiene que plantearse claramente si la vocación artística, la vocación personal y la vocación social pueden legitimarse con una misma legitimidad. Pero antes sería preciso contestar algunas preguntas: ¿Tiene sentido escribir? ¿Cuál es la utilidad de la poesía? ¿Responde nuestro oficio de poetas a una forma de conducta moral propia de nuestro tiempo? ¿Escribimos para vendarnos los ojos o escribimos para salvar lo que aún queda por salvar en el mundo? Quisiera contestar las dos primeras, pues las restantes están implícitas en ellas. Desde hace varios años trato de contestarlas, y mis respuestas fueron siempre parecidas, pero distintas. Hay que volver a planteárselas. Hay que correr el riesgo de equivocarse o acertar en la respuesta. (Lo cual no es tan distinto como parece, pues el acierto y la equivocación conllevan un peligro parecido. Incluso hay que correr el riesgo de equivocarse acertando, puesto que nadie sabe las consecuencias que su opinión puede tener con el paso del tiempo. Corriendo todos estos riesgos, contesto afirmativamente la primera pregunta: ¿Tiene sentido escribir? Con el honesto margen de duda que tienen para mí mis propias opiniones, considero que es preciso escribir y lo contesto de manera inequívoca. Conviene escribir porque nuestras palabras, las palabras de cualquier escritor, tal vez puedan vendar alguna herida ajena; en segun- E L más urgente y acuciante de los problemas ¿ES LICITO ESCRIBIR EN NUESTRO TIEMPO? y además es cierto, y además es nuestro. Para seguir con la utilidad de la poesía, demos un nuevo paso. Rilke ha dejado escrito un verso que me parece admirable: era un poeta y odiaba lo impreciso. Digamos de pasada que considero este verso como el arranque de la poesía moderna, y me gusta decírselo a los poetas que creen que Rilke es un poeta superado. Cada uno hace de su capa un sayo, y yo no voy a criticar la opinión de nadie, pero pienso que después de Rilke ya no podemos escribir de manera imprecisa. La imprecisión es el infierno del escritor. La imprecisión consume a fuego lento cuanto esc r i b i m o s Lo i n u t i l i z a t o d o pues lo impreciso se desmiente a sí mismo y deja al mundo entero reducido a cenizas. Para salvarnos de este infierno verbal, de este infierno en donde se condenan y se queman nuestras propias palabras hay que volver a los orígenes. Para volver a los orígenes es preciso olvidar cuanto sabemos y aprender a nacer. No sabemos nacer. En rigor, los poetas sólo sabemos una cosa: sólo sabemos que el lenguaje poético vuelve a darnos a luz, que el lenguaje poético camina entre la sombra y es una orientación hacia lo claro. L A SILLA CARRANZA, 25 I MADRID I Para que nadie se llame a engaño, veamos en qué consiste esta claridad. Por ley de irigen todos los escritores actuales, y como añadidura todos los escritores que en el mundo han sido, se dividen en dos grandes familias muy diversas y muy opuestas: los escritores en que predomina el estilo sobre el lenguaje y los escritores en que predomina el lenguaje sobre el estilo. Considerando la cuestión desde el punto de vista del público, añadiremos que los primeros son partidarios de escribir literariamente, de escribir como suele escribirse, y los segundos son partidarios de escribir como suele hablarse. Naturalmente, sólo hasta cierto punto. Góngora es un escritor muy representativo del primer grupo y su fuerza descansa en el estilo. Octavio Paz es un escritor muy representativo del segundo grupo y su fuerza descansa en el ajuste del pensamiento y la expresión. Los escritores estilistas colorean las palabras, los escritores dialogantes o, si se quiere, dialógicos, tratan de convertir la palabra en cristal. Ahora bien, el cristal no tiene estilo propiamente: el cristal tiene transparencia. Si somos escritores dialógicos seremos claros y podremos tener esa expresión encristalada que tiene Octavio Paz, esa expresión que nunca está literaturizada y no es declamativa, sino declarativa. Luis ROSALES de la Real Academia Española