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MARTES 6- 10- 87- RELIGIÓN -ABC, pág. 49 La igualdad de derechos varón- mujer ocupó los debates de ayer en el Sínodo Obispos del Tercer Mundo piden la ordenación de casados Ciudad del Vaticano. Santiago Martín, enviado especial La mujer ha estado en el primer lugar de las intervenciones de los padres sinodales en la mañana de ayer. Varios obispos pidieron ¡a eliminación de las discriminaciones reales que existen en la iglesia y que les sea permitido a todas aquellas funciones que no impliquen el orden sacerdotal, como por ejemplo el acolitado, la presencia en la Curia Vaticana o incluso el ejercicio de las misiones diplomáticas en las nunciaturas. Dos ideas fundamentales se repitieron en la mañana de ayer en el aula sinodal: la necesidad de acabar con la discriminación de la mujer en la Iglesia y la negación de la división entre clérigos y laicos en lo que respecta a la presencia de la Iglesia en el mundo. Sobre la mujer hablaron especialmente cuatro de los diecinueve padres que intervinieron. Monseñor Weakland, de Estados Unidos, pidió acciones concretas para acabar con la marginación femenina: acceso a todas las acciones litúrgicas que no requieran la ordenación sacerdotal, admisión en los órganos de decisión y administración de la Iglesia, tanto a nivel diocesano como en la Curia romana y en el cuerpo diplomático. Una mujer, por lo tanto, podría ser prefecto de una congregación- vaticana o nuncio si se elimina la condición que exige ser cardenal u obispo para desempeñar esas funciones. Monseñor Ramírez, de Colombia, pidió también que sean admitidas a los ministerios de lector y acólito. Schwenzer, de Oslo, insistió en que la discriminación es real y que se basa en el Derecho canónico que es preciso reformar. Bullet, de Suiza, abundó en el mismo argumento y dijo que el mismo instrumentum laboris del Sínodo va en contra del Derecho canónico y, por lo tanto, éste debe ser corregido en favor de la igualdad hombremujer. Ninguno, sin embargo, habló del sacerdocio femenino, prefiriendo dar la batalla a favor de la mujer en aquellas cosas que pueden ser corregidas porque no tienen una base evangélica o un interrogante teológico tan serio como el del ministerio sacerdotal. No fue la mujer el único motivo de intervención de los padres sinodales. Destaca en la mayoría de. ellos él interés por subrayar la unidad entre laicos y clero dentro de una misma Iglesia. Niegan la división de funciones, aunque reconocen que hay un campo específico del seglar. ¿flue es el compromiso con el mundo, que no es exclusivo de él (monseñor Clancy, de Sydney) Varios prelados subrayaron el deber de los cristianos de comprometerse en el campo político. Así, monseñor Obando, de Nicaragua, dijo que cuanto más lamentamos la corrupción de un cierto mundo político, hecho de intrigas y de odio, más necesaria será la presencia de verdaderos cristianos en la brecha de la vida política. Estos deben empeñarse en la lucha por la auténtica justicia, por la libertad, por la plenitud humana de todos aquellos que hoy, en tantos sitios, soportan la opresión y no tienen voz Y monseñor Porras, de Venezuela, añadió que ese compromiso político debe ir siempre dirigido a defender a los más pobres. También se refirieron a la función del seglar dentro de la Iglesia. Fue magnífica la intervención del obispo suizo de Lausanne, monseñor Bullet. Pidió que desaparecieran los conceptos consultivo y deliberativo para pasar a la búsqueda de espacios de diálogo que lleven al consenso. Este consenso, dijo, no debe identificarse con las mayorías democráticas de la vida política, sino con el discernimiento del verdadero sentido de la fe que anima al Pueblo de Dios y que está garantizado por el Espíritu Santo. Insistió en la necesidad de evitar la adjudicación del compromiso con el mundo a los laicos y del gobierno de la Iglesia a los clérigos, aunque reconoció que el empeño de los laicos en la Iglesia no debe ir en detrimento de su empeño en el mundo Sobre este compromiso de todos, laicos y jerarquía, para estar presentes en la sociedad, dijo que debía concebirse como un servicio y no como una conquista del poder, ni siquiera justificándolo por la utilidad de transformar las estructuras una vez alcanzado. Otros obispos hablaron de problemas concretos de sus naciones o de situaciones particulares de algunos miembros de la Iglesia. El obispo de Cáceres, de Filipinas, monseñor Legazpi, pidió al Sínodo que se pronunciase sobre la posibilidad de ordenar a los líderes laicos de las comunidades que no pueden ser atendidas por escasez de clero. De este modo, dichas comunidades no se verían privadas de la Eucaristía. Estos sacerdotes sólo tendrían esa misión ministerial, y seguirían siendo laicos, con su trabajo y su familia. Monseñor May, de Estados Unidos, informó de una encuesta hecha en su país como preparación al Sínodo en la que han sido consultadas más de doscientas mil personas. Como fruto se ha visto en la necesidad de revalorizar las parroquias, y pedir a los nuevos movimientos que se inserten más en ellas. El arzobispo de Estambul de los armenios dijo que ellos no empleaban más a los laicos en las misiones sociales de la Iglesia porque no tenían dinero para pagarles el sueldo que necesitan para mantener a sus familias, y el general de los Pasionistas habló de la discriminación, en la Iglesia, de los minusválidos, a los cuales les ha estado prohibido el acceso al ministerio sacerdotal y. que todavía se encuentran con muchas dificultades incluso para entrar en unos recintos sagrados que están llenos de escaleras. En las iglesias perseguidas, los mártires son los laicos Roma. S. M. Catorce padres intervinieron en la sesión sinodal del lunes por la tarde. Si bien es verdad que no hubo ninguna aportación que supusiera una gran novedad, como ocurrió por la mañana cuando varios obispos pidieron la modificación del derecho canónico para permitir el acceso de la mujer a algunos puestos directivos de la igiesia, y un prelado filipino hizo sonreír y temblar a más de un sinodal a! sugerir que se permitiesen las ordenaciones a laicos sólo para decir misa, a pesar de esa tónica tranquila, como digo, no faltaron por la tarde algunas intervenciones interesantes. Los obispos norteamericanos, tomaron la palabra tres, insistieron en la importancia de la parroquia y de la familia como lugares naturales para la formación del laico y su inserción en la iglesia. Uno de ellos, monseñor Mahony, de Los Angeles, pidió al sínodo que clarificara la función de los distintos consejos que hay en la Iglesia (pastoral, económico... para evitar confusiones y problemas que surgen con frecuencia entre los laicos y los sacerdotes en las parroquias y diócesis. Persecución en la Unión Soviética También de Estados Unidos, pero representando a los ucranianos emigrados a aquel país, habló monseñor Sulyk. Narró con acentos dramáticos la persecución que sufre su pueblo en la Unión Soviética recordando que Stalin obligó a hacerse ortodoxos a cinco millones de católicos, a pesar de lo cual, la Iglesia ha seguido existiendo en las catacumbas. En esta situación de persecución, afirmó, son los laicos los primeros mártires, pues muchas veces son los únicos que quedan, ya que los sacerdotes hace tiempo que desaparecieron Interesante fue también la intervención de un obispo brasileño, monseñor Pinto Carvalheira, de Guarabira. Dijo que es preciso acentuar la vocación a la santidad que tiene el laico como bautizado, pues sólo desde esa vocación recuperará su dignidad y no se sentirá cristiano de segunda clase. Esta santidad, sin embargo, no debe ser entendida como algo individual, pues sólo se realizarán en comunión con el resto de la iglesia, ni tampoco debe verse como una huida de la sociedad. El mundo, incluso con sus ambigüedades- d i j o- se manifiesta como el Jugar donde deben realizar esa santidad Habló también de la necesaria opción por los pobres sin que eso signifique excluir a nadie. Terminó diciendo que es preciso encontrar el equilibrio entre plegaria y compromiso temporal. De los demás obispos que intervinieron merece destacar a monseñor Rovalo, dé México, que planteó el problema de la evangelización de los jóvenes, para lo cual son necesarios sacerdotes preparados y estos son muy escasos. El arzobispo de Esztergom, en Hungría, pidió al sínodo que aclarara la diferencia entre el sacerdocio común de los fieles y el ministerial y afirmó que esta diferencia no es un capricho y no debe verse como una injusticia, sino que procede de la voluntad del mismo Cristo, que quiso hacer así a su iglesia.