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ABC, póg. 38 TRIBUNA ABIERTA MARTES 6- 10- 87 IEMPRE cuando acudo a las ferias de libros- e n este caso Líber 87- salgo con una cierta sensación paradójica entre ei aturdimiento y la seducción; el aturdimiento me lo producen los miles de libros expuestos, el exhibicionismo masificado de Ja letra impresa; la seducción, los que consiguen destacarse entre el resto y me llaman desde las estanterías, los tres o cuatro títulos elegidos que me llevo debajo del brazo. Pasear la mirada por esos pequeños objetos dispuestos en hilera supone constatar, contra los que afirman que en el futuro el libro será sustituido por otros canales de comunicación, que quedan palabras para rato, que la casa del lenguaje está muy habitada; a ella acuden nuevos inquilinos, como una fuente inagotable. Y cuando están reunidos, inevitable también la tortura del exceso, el pensar que en toda nuestra vida no podríamos leer ni una cuarta parte de esos libros. Pero tampoco es necesario, lo que importa no es tanto la cantidad, sino esos pocos que se diferencian de los otros para hacerse algo nuestro y personal, aquellos que sentimos ya como parte de nuestra vida. No sé muy bien qué será eso del espíritu de los tiempos, pero, si de verdad existe, el nuestro, seguramente, quedará como un espíritu escindido; dividido en antinomias, marcado por las contradicciones de io heterogéneo. De la rápida multiplicación de los signos, percibimos mejor la rapidez que los signos. Miramos hacia el futuro sin renunciar a un pasado que pesa demasiado y el presente es un constante ir y venir del pre- al post- Zaratustra decía: Y cuando miré en torno mío, vi que el tiempo era mi único contemporáneo. No es difícil repetir hoy la misma frase, si miramos a nuestro alrededor: neorro- s ERÓTICA Y RETORICA DEL LIBRO bro como objeto de consumo o institución social. En esta masificación de los signos, en el exceso de lo multituPor Amalia IGLESIAS dinario, vuelvo asentir mánticos, posmodernos, idealistas, alienados, el aturdimiento, la retórica que me acosa. Pero en este mismo recinto comienza tamsuperhombres y mutantes... Nuestro siglo, habitado por hombres de todos los siglos. En bién la seducción de la palabra, la aventura teoría tenemos un acceso mayor a la infor- de buscar la palabra en una selva de palamación, somos, o al menos podemos serlo, bras, la subjetividad de elegir. Cada libro es más cultos y más libres; tenemos a nuestro una tumba de palabras que esperan ser resucitadas por nuestros ojos, pero alcance más alternativas; pero, también verbos que nos vivifican, contradictoriamente, de un extrepupilas de la página que nos mo al otro del mundo, cada vez identifica. nos parecemos más, no tanto por la interpretación de los sigLejos de la retórica, ya a sonos, como por la velocidad a la las, con un solo libro entre las que éstos transcurren. El tiempo, manos, se produce una relación la conciencia del tiempo es que podemos adjetivar como nuestro único contemporáneo. erótica, que muestra sin desvelar del todo, que nos permite descuEn medio de esta excesiva rebrir encrucijadas ocultas. Erótica tórica de lo heterogéneo tiene ludel pensamiento, de la vista, del gar la apología de lo diferente. olor del papel, de la tinta, del En una cultura embadurnada J tacto de sus hojas. Erótica en de signos que nos ocultan baesa relación íntima, privada, acto rroca hasta la saciedad de tanto silencioso que nos individualiza. superponer sus máscaras; surge Transgresión y juego, que nos el individualismo como un mecadiferencia. Somos también los liAmalia Iglesias nismo de defensa. Frente a la bros que hemos leído, sobre Poetisa retórica de la masticación, de la todo aquellos ante los que teneobjetividad tecnológica, de los medios de comunicación de masas... se rein- mos la sensación de que nos pertenecen, venta la erótica de lo privado, la identidad de aunque no los hayamos escrito, aunque los lo íntimo, la comunicación personalizada, la hayan leído otras muchas personas; perdura en ellos algo que sólo es nuestro, esa relapeculiaridad de lo subjetivo. ción erótica, íntima, que puede llegar hasta lo obsceno y que huye del exhibicionismo. Cuando acudo a las ferias de libros me reEl libro defiende nuestra individualidad al conozco mi espíritu escindido. Por uñ lado está la visión del acontecimiento literario margen de las oscilaciones del mercado y los como algo global; el libro y su repercusión índices estadísticos. El libro nos humaniza, social, la comercialización, la distribución, el nos remansa en el tiempo, nos detiene por marketing las estadísticas, las críticas, las un momento para hacernos contemporáneos presentaciones... Toda la parafemalia del li- de nuestra existencia. crúpulos cuando tan alegremente se vanagloria en público de su genialidad Tal actriz confiesa, asimisPor Medardo MUNIZ mo desde televisión, su de contrato. Hasta el extremo obligaba la vida privada con vahos de estercolero, dicho simple palabra A medida que el honor se sea con perdón. Nuevamente repetimos que ha perdido o debilitado, se ha hecho impres- debilidades y aberraciones las ha habido cindible el contrato escrito, la firma. Entre siempre, aunque menos generales, con la dipersonas de cierto rango intelectual era dis- ferencia esencial de que hoy el indeseable, tintivo, era imprescindible ei pundonor y el sabiéndose indeseable, muestra al vivo y con respeto a la verdad. Ahora, sobre ser discuti- orgullo a veces todas sus lacras. No es insólible la calidad de intelectual que suele apli- to que un espectáculo inmoral se anuncie concarse con frecuencia, cada cual tiene una éti- su etiqueta de inmoralidad para hacerle más ca hecha a medida de su interés. atractivo, lo cual demuestra, por otra parte, la A un escritor de ahora, con más fama que filiación moral de nuestra época. Los títulos mérito, le hacen una entrevista. Respondiende algunas publicaciones anuncian ya pura do a una pregunta contesta: Es que yo no bazofia. Para justificarse lo sucio y chabacatengo escrúpulos. El mismo Lope no los no, nos muestran en ocasiones como modetuvo en alguna ocasión, como se desprende los a algunos de nuestros clásicos. Deberían de sus propias manifestaciones; pero desustedes dejar en paz a nuestros clásicos, pués mostró por ello su arrepentimiento. que, aunque tengan algunos defectos, son Aquello de que al necio, puesto que paga, siempre loables y admirables por la genialies justo hablarle en necio para darle gusto dad que nos regalan. En su pluma, io bajo se llegó a producirle verdadero pesar. Al aludido ennoblece y lo insignificante adquiere la escritor de hoy no le es motivo de vergüenza máxima significación. Las ¡deas dé algunos y sí de orgullo hacer tan cínica declaración. son perlas entre fuego, pero son perlas. AlBuena parte de su fama es debida a exagún sincero de nuestros días puede morir bruptos del mismo jaez. Para este buen homtranquilo: ningún futuro intentará resucitarlo. bre debe de ser un honor carecer de es- E S nuestro siglo el siglo de las técnicas. Hemos llegado a las máquinas- hombres y a los hombres- máquinas. Y esto es terrible. Muchos años hace que Ortega y Gasset escribió: Nada más discreto que ocuparse de las mejores técnicas si bien añadió: Pero hacer de ello la empresa decisiva de nuestra existencia, dedicarle los más delicados y constantes esfuerzos nuestros, es evidentemente una aberración. No existe moralidad ni monstruosidad que no se dé en la sociedad actual. Toda clase de aberraciones se justifican, cuando no se aplauden. Las normas que siempre estuvieron vigentes se encuentran en desuso. La seriedad, la- dignidad, la rectitud se han llevado con orgullo y contempladas con respeto. Si alguien se sabía con lacras inocultables pasaba por la vida con humildad de caído indefendible. Naturalmente que había excepciones; pero estas excepciones venían a confirmar la regla. El profesional de cualquier clase sentía, por lo general, el orgullo de la labor bien hecha, la dignidad del oficio. Unos y otros estaban prendados de la palabra fielmente cumplida sin más requisitos que la palabra dada. Palabra de honor más que una simple expresión verbal, era una especie DE NUESTRO TIEMPO