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ABC. pág. 34 TRIBUNA ABIERTA LUNES 5- 10- 87 LA PLAGA TECNOLÓGICA TIEMPO DE REFLEXIÓN LAS DIOSAS BANCAS H ACE muchos años que se nos viene hablando de la investigación y la tecnología como los dioses de nuestro tiempo. Ellos habrían de proporcionarnos paz, prosperidad y felicidad. Y ahora vemos con amargura que, tras convertimos en sus esclavos, nos han conducido al borde de la catástrofe, a la pobreza cada vez más generalizada y a la desesperanza. No trabajan ya para nosotros; simplemente nos utilizan a un ritmo vertiginoso y robotizado que no somos capaces de digerir. Sólo el aturdimiento manipulado nos impide gritar ¡basta! La mecanización era para ayudar al hombre y no para que, como está ya sucediendo, el hombre sea esclavizado por las computadoras. So pretexto de aligerarle esfuerzo y sacrificio, lo que hacen esas verdes pantallas odiosas es sustituir al hombre; eliminarlo. El talento, la imaginación, la iniciativa, ya no funcionan; ya no sirven. El zar- programa lo maneja todo. El hombre escucha, ve y obedece ciegamente. El hombre está siendo aniquilado sin remedio. Sensación progresiva de inutilidad es cuanto la computarización nos está dejando. Los primeros han sido los ancianos, a los que se prolonga la vida maquinalmente a manera de tormento. Después les ha tocado el turno a los veteranos que aún se creían lejos de la jubilación. Pronto el mundo, -antes de lo que imaginamos- será una tercera edad en su totalidad y desde la cuna. Ninguno haremos falta. La programación habrá acabado con nuestra utilidad. El gusto por la cultura decrece y decrece. Pronto desaparecerá. La ficha y el disquette decidirán qué formación, información y educación enlatadas deben difundirse masivamente a través del vídeo enloquecedor o el directo manipulado. La pesadilla orwelliana y farenheit están ya con nosotros y sobre nosotros, aunque no se nos sirva de la forma autocrática y dictatorial que se imaginó. La nueva dictadura no es humana; es instrumental. La computadora es la que manda. Por supuesto, este feudalismo maquinista es manejado por hombres. Un puñado de hombres implacables que, dueños- del laboratorio, la técnica y las. finanzas, son los que tienen acceso al posmodérno privilegio de la programación. De programar férreamente la ¿vida? del resto. Del mismo modo que está programada, si las cosas se les tuercen, la muerte de todos. Contaminación en todas sus formas: sonidos, ruido, mecanización y vértigo, han terminado con la posibilidad de concentración mínima en el hombre para serlo. Sólo somos ya robots deshumanizados. La imagen ha avasallado a la realidad. A nadie importa lo que somos, sino lo que conseguimos parecer. Hombree del pasado, poseedores de virtudes, defectos y pasiones, discutían la existencia de Dios y hasta, soberbiamente, llegaron a afirmar su muerte. Hoy es peor. Nadie discute a Dios. Se le ignora. Ya no hace falta. Es el hombre el que ha muerto. Manuel MONZÓN L A experiencia histórica de los últimos años ha probado con obviedad incontestable que la actuación de un solo Gobierno no basta para lograr hacer de nuestra tierra una tierra próspera y de nuestras gentes unas ídemes psíquicamente equilibradas. Todo, por hache o por be, está patas arriba, como lógica consecuencia de que perdure en el ánimo de nuestros políticos- porque estadistas, en rigor, no tenemos- la vesánica creencia demoliberal en que hasta el último hijo de vecino tiene la obligación y el derecho de pensar en cómo solucionar la vida de todos y cada uno de sus coetáneos humanos. Ciertamente que soportamos en estos días una ola de problemas que no pueden ser tildados de superficiales o transitorios, salvo por ios necios: ahí están el tráfico y consumo de drogas, los malos tratos a los niños, el terrorismo marxista como Pedro por su casa, la caída del toro bravo durante la lidia, y, muy en especial, el auge del mal gusto que por doquier advertimos: cuando todavía éramos España, nuestros jóvenes querían ser- y eran- toreros, místicos, picaros, marinos, mendigos, descubridores de imperios, fecundadores de indígenas, desbravadores de caballos... Ahora, desde que nos han obligado a ser Europa, tan tentadoras opciones han sido sustituidas por la aspiración de llegar a ser diputado, ejecutivo o dominguero. La verdad es que nuestra presente insignificancia histórica y toda esta zafiedad nos viene de ese capricho de mercachifles llamado Mercado Común. Ya no podemos mirar con orgullo, de igual a igual, a nuestros hermanos árabes e hispanoamericanos. Pero esto no se puede decir muy alto, dado que aún a muchos de nuestros compatriotas les encanta presumir de europeos. Hay que atajar el mal con decisión, y convencerse de una vez de que lo que necesitamos son dos Gobiernos: uno, que puede ser el que tenemos u otro, para los asuntos más o menos fútiles (burocracia, cenas oficiales, y todo eso) y otro que se ocupase de las cuestiones verdaderamente importantes para el estado emocional de un pueblo: las relaciones internacionales, las fuentes de energía, la promoción de los toros y demás manifestaciones culturales y la lucha por la conversión de Rusia. Entre ambos Gobiernos, para que el primero de ellos no se meta en donde no le llaman, habrá que interponer como órgano de enlace a algún semidiós respetado, de autoridad indiscutida. Por ejemplo: Salvador Dalí. La presidencia de este auténtico Gobierno sería deseable que recayese en una persona que está, a mi juicio, políticamente desaprovechada, y cuya ausencia de la vida pública es completamente inexplicable e injustificada: Miguel Primo de Rivera y Urqúijo. Para el resto de los cargos: Fernando Sánchez Dragó, Rafael de Paula, Carmen Rigalt, Pepe Montero Ríos, Alfonso Ussía, Camarón de la Isla, Antonio D. Olano y Chema Suárez. Aunque lo lógico sería que el Gobierno francés concediese de una vez una pensión vitalicia a nuestros socialistas, para que nos dejen en paz. Pero esto, después de lo anterior, es demasiado pedir. Joaquín ALBAICIN H ACE poco tuve el honor de charlar con un gran poeta de Granada que por motivos profesionales reside en la actualidad en Villena, un puebío de Alicante. Este escritor me visitaba en Sevilla después que nuestra relación se había visto ¡nterrurrh pida por algún tiempo. Hablamos de Rilke, de la nueva poesía española, de esa generación que aflora y que en absoluto se encuentra en los Postnovísimos de Villena- qué coincidencia- y de la poesía femenina actual. ¿A dónde marcha la poesía española escrita por mujeres en los últimos años? ¿Qué dicen de esto las protagonistas? En 1985 aparecía en el mercado nacional el libro de Ramón Buenaventura Las diosas blancas, que con un sugestivo subtítulo indicaba: Antología de la joven poesía española escrita por mujeres, y en cuyas páginas encontrábamos la obra de la Rossetti, de la Andreu y de otras muchas jóvenes poetas que exponían públicamente parte de su obra. Se convertían- n o sé aún por cuánto tiempoen diosas blancas y Buenaventura era algo así como el joven Zeus, descubridor de una generación de féminas, dueño de su propio harén. Y ahora aparece la segunda edición del libro, al que han cambiado el color de la pasta (antes era rosa) y dicen haber efectuado algún retoque. Poco a poco, las diosas blancas se ha convertido en libro que ellas llevan para conocer la nueva ola poética de sus contemporáneas, y que ellos también leen para poder enamorarse idílicamente de una de esas bellezas. Ahora esas diosas, que van dejando de ser blancas y con el sol estival han tomado color, son el no va más. Baste mencionar a Luisa Castro, Almudena Guzmán, Mercedes Escolano; sin tener en cuenta- o teniendo, qué más d a- a Ana Rossetti o Blanca Andreu. Ellas introducen una tendencia desconocida en la lírica española: la poesía vacía. Ya está bien- l e indicaba a mi amigo poeta- que nos cargen de amoríos absurdos, y que todas hablen de lo mismo: El güisqui de anoche o el chico de los pantalones azules que me sacó a bailar Dicen que la poesía lo es todo, pero el todo deja de ser algo cuando no es nada, y eso es lo que le ocurre a esta poesía. No deja, sin embargo, de ser un divertimento, como decía Matamoro a raíz de los heterónimos, todo un divertimento absurdo. Creo que si agrupamos los poemas de estas señoritas y ios vamos haciendo aparecer sin saber de quién es quién, seguro que no acertaríamos. ¡Son las modas! Ya lo decía el viejo Wilde: Esto de las modas es horrible pero son necesarias con moderación- añadía mi amigo poeta- ¿Y qué me dices de la poesía de María Victoria Atencia, Pureza Canelo, Acacia Uceta u otras mujeres como A. Domínguez, María Sanz o Amalia Iglesias? pregunté. No escuché respuesta. En el fondo, estoy ya acostumbrado a estas conversaciones que no son más que monólogos. Al menos tenemos en ellas algo digno que leer; lo demás, puede ser un divertjmento. Javier SÁNCHEZ MENENOEZ