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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 5 DE OCTUBRE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ESPUES de comer en un restaurante de El Palmar, decidí pasear en barca a través de los hermosos cañaverales de la Albufera. Rebullían por todos los lados las anguilas. Recordé que Francesc Eiximenis, en el Tere del Crestiá aconsejaba, con mucho tino, yantar graciosamente para así parecer los pus temprats homens en viure que sien en lo món De acuerdo con estas máximas están indudablemente redactados dos recetarios de cocina que con el título de Llibre de Sent Soví existen, manuscritos, en las bibliotecas universitarias de Barcelona y Valencia, si bien con notables diferencias. El erudito general Luis Faraudo de Saint Germain publicó el texto de Valencia, dada su reducida extensión, en las páginas del Boletín número XXIV (1952) de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. Tales manuscritos fueron en su día comentados por el padre Villanueva, por el sabio arqueólogo y comisionado secreto José Puiggarí y por el bibliófilo José Enrique Serrano Morales, este último durante una excursión que en tranvía hicieron a la Albufera diversos eruditos valencianos (entre ellos Roque Chabás y Teodoro Llórente) acompañando a don Marcelino Menéndez Pelayo, a quien habían invitado a comer una paella in situ El programa, impreso, decía así: Viernes XVII de abril de MCMIII. Itinerario. Salida de Valencia a las siete y media de la mañana en el tranvía de Catarroja. Embarcar a las ocho y desayunar a bordo. Visita a la isla de El Palmar. Viaje al Saler y desembarco a la una y media. Almuerzo en la Alquería de Olmos. Regreso a Catarroja y a Valencia en el tranvía de las siete de la tarde. De esta excursión memorable dio cuenta el erudito José Sanchis Sivera, que formaba parte del cortejo, en la crónica Una excursión a la Albufera publicada en Las Provincias del 21 de abril de 1903. Por esta crónica sabemos que el día resultó magnífico, que la travesía del lago se hizo en una barca con vela latina completamente izada, que don Marcelino hacía uso de la palabra continuamente, solazado por el esplendoroso espectáculo de las aguas plateadas, que llegados a la alquería fueron recibidos obsequiosamente por don Pascual Olmos, persona amabilísima, que les enseñó in continent la maravilla de su propia ABC imagen tallada en piedra de Monóvar y erigida en el centro de la posesión, sin faltarle la escopeta al hombro y a sus pies el perro fiel, inseparables en tan decidido cazador También vieron al monstruo Antonet surcar las aguas de la Albufera espantando los patos y las anguilas que se alejaron precipitadamente con gran algarabía. A Antonet cuya morfología recordaba la de los cefalópodos, le gustaba maniobrar con la pértiga de los barqueros y se aseguraba haber sido visto, por las noches de luna clara, intentando navegar en embarcaciones hurtadas a sus propietarios. Una rudimentaria emisión de voz parecía dar aire con energía a su intento. El Antonet está descrito por Pedro de Madrazo en el Catálogo de los cuadros del Real Museo de Pinturas (Madrid, 1850) Figura en el cuadro de Teniers Les tentations de St. Antoine Por cierto, que en el libro inglés titulado Hand book for travellers in Spain. London. John Murray, 1847 se halla un fuerte ataque al monstruo Antonet o monstruo de la Albufera y contra el Rey Fernando Vil, a quien apostrofa, según Madrazo, de ser el godo más inestético de cuantos han fumado tabaco Es éste un criterio que hubiera reprobado severamente el maestro Azorín. A la hora de la comida, después de los aperitivos y diversos entrantes, les fue servida una paella descomunal con arroz de bombeta pollo, cerdo, vaquetes anguilas, alcachofas y orondos langostinos. Se sirvió después un pescado con salsa picante, anguilas al all i pebre y a l ast seguidos de merluza, delicados salmonetes y ensalada de lechuga. Vinieron luego los postres: aromáticas fresas y casque- REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID D MEHENDEZ PELAYQ EN LA ALBUFERA tes dulces y turrones de Carcajente, Elche, Jijona y de el Maestrazgo. Mientras tomaban el café moca y los licores, Serrano y Morales comunicó a los eruditos y sabios comensales la naturaleza científica del Antonet así como la existencia y las características del Llibre de Sent Soví valenciano y se preguntaba si no derivaría del patronímico italiano Sansovino Fue muy aplaudido. Al final del banquete, entre los vapores de la digestión y los eructos, fue disparada una traca como culminación de la fiesta, cosa que afectó muy favorablemente a nuestro querido Menéndez Pelayo, genio de la erudición española. Algunos de los excursionistas, entre ellos don José Martínez Aloy, ostentaban magníficas máquinas fotográficas y es gracias a ellos que se conserva el gráfico recuerdo de aquella fraternal y amable fiesta. Reproduzco a continuación fragmentos de una carta de don Marcelino a Serrano Morales, de 24 de diciembre, recordando la excursión: LA MAYOR COLECCIÓN DE ALFOMBRAS PIUSAS Y ORIENTALES Certificado de origen y garantía de cambio. Facilidades de pago. S ¿f 1 Rosales, 10; W Tel. 24190 88 a yf f P. Pintor Mi muy querido Pepe: Hace muchísimos días que tengo intención de escribir a usted, pero de tal modo se acumularon las ocupaciones durante los últimos días de mi estancia en Madrid, y tanto me molestó en esos mismos días el ataque reumático por los terribles fríos de este invierno en la dura meseta castellana, que no tuve tiempo ni humor para nada (aquí siguen unas consideraciones generales y vagas) Los días que pasé en Valencia no son de los que fácilmente se olvidan y tengo el propósito de renovarlos. Afectuosos recuerdos a María, y sabe usted cuan de veras le quiere su amigo, Marcelino. Unos cuantos años después, como ya he dicho al principio, el Llibre de Sent Soví fue estudiado, editado y prologado por mi antecesor en la barcelonesa Academia de Buenas Letras, el simpático general Luis Faraudo de Saint Germain, el cual había estudiado y editado también años antes el Libre de totes maneres de confits manuscrito de repostería del siglo XIV. Faraudo dice que la última aparición pública de Antonet fue durante un ágape que se ofreció a don Vicente Blasco Ibáñez con intención promiscuadora. El malogrado profesor Sanchis Guarner me aseguró que, en realidad, lo fue en una merienda lerrouxista de 1919. Juan PERUCHO