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HUMOR tio se FÍERDE UÑ sHmm, Y Vt PASO SB aNJBM PE LA VACANTE PE JKABAJO QUB PEJA EL PÍPVHTO. DDO VsOt EHP PD fVESMlPñCO. COMO esTñ PARA OO. INCREÍBLE ILE un viaje al África (VnrrjL en busca del rubi tie kts hechuímos. A t r a v e s é el d e s i e r t o c o m o p u d e ya que no l l e v a b a ní nifiia ni ninjiun otro licor. I an solo tinas tajad is de l -naliio crudif, i! mendras v unas vemiis de huevo cocido. íi! SÍ. IJ L V ¡I lan Inerte, que no se ocultaba ni dur: irile la ninihe. ü sea, no hahia noche. La arena cakinante arormeniaba mis pies desnudos, asi como lamliien fas picaduras de víbora en el cuello y en los parpados. A tan solo unos ccntmielros de distancia, me secuian las hicníLs aulladoras e hilarantes, en espera de devorar mt CLid- iver, Tuve que matarlas con mis propias manífs. Y ya, eu; indo no me quedaban níamos, insultándolas. También me acosaban los leones de melena negra, E. sLos eran mJs difíL íles do vencer, porque eran mas ÍLTcrtes. Hueno, va h, ibran oído iisredes hablar tIe los leones, A veces me aracabiin de seis en seis, lo que me hacia sudar, Una vez atravesado et de cierto, llci UL- a la cascada de H pDP do. DDF Stanley, de a uas heladas c incluso muy Irías, plagadas de cocodrilos helados v muv fríos. Pero yo no me arredraba, porque entonces sólo reñía ochenta y siete años, muy bien con. wivados, a pesar Je mi ceguera. J ort ue vo era eieijo, que no se lo lie dichtt. V me movía guiado por el olíalo v mi propio insim (o. Aunque debo de reconocer que eareeer de visídn en un caso iisi, es un handicap considerable. Al ün llegue a la región de los beehuanu Todos habían mucrro por eíceio de la peste 5 n unos minutos aprenda su idioma, que me enseno un njorihundo indígena, Y encontré el rubí de los bechuanos. Me volví a España. Mi vuelta fue trágica, ü l r o día les contare las mil y un aventuras que tuve que pasar hasta llepar a la csiacion de Atocha. V alh di con un guardia iniransiRcnie ue me IJevtS a la comisaría. ue lo peor de toda la aventura, José Luis COLL mp- Í LAS HIJAS DE MERINO l hijas de üMerino Hagamos (lisiona: Se eslremí en el tealm Zaiziinarrilla el día diedsicti de Seseólas del ano de graeia de mil nnvecienTcís sselc. Sus aurores, el imo lihreiisla Jacobino Caldereia 5, hijo del enionce mínisrro d t la ünbeiTiadrtn. Bsianislao Kobopcrai. eonodtü a sus padres el dja del estreno. El autor de la pariüura, el maestro Jadnirtn Eseabcchc. ijue a la itzon eslaba casado con ¿u esposa, lego una tarde a la boiiUena de Pombo, a eiiya tenulía acudía el eéJebre tenor Agusrin Mascachicles, afamado canior de moiftes L n l i R TIUIÍJ de kt ¡irisloaüda. Y allí, t n Ja botilkria. fuE dondtí he conocieron Jacobino y E Gibechc, Por quL no esenbimos und zarzuela que se litule los hijas de Morino? Y, en efcciOn al dia siguiente se esiíciiaba con un clamoroso éxito en el tCnitrode la ZaiTaparrila, La romanea del bantono que dio fama a la zarzuela ee en la que al Ik pur i l barilcnu compleíamenie desnudo. Jiriutuuüo J e América, cania: ¿R E C U E R D A N ustedes aquella lAÍj ni. í níe Je a us erf; ni Fnf. í. s nn dejni lísíeíí h un muro- i i hlvuCíí ion bv hfi ¡Ls de Menno que llev- iit n M ntcncfida. (Tni rstecl auior: j qutr A- van ne mtnf n Ja. E púbLcO se puio en pie y empegó a giilar; jÑOiOlnís íambién queremos ir a murendar con las hijas del señor Minno! -jY yo También! -dijo el Tenor que en ese nionujnro llegaba en el espre- so de J íendava, -j Y yo- dijo la irple, Y eonlesló el büjo que era il isinio, como lodos los bajos: -Usied no puede i r a merendar porque e tá muy gorda, doña Manuel 5, Al hral. t Sinlanlea. aurorei, publico V attiminJadorc se íuertm lodosjunU aVOj; idObdelbraío j la alameda coil Us hijas de Merino, que llevaban rica nierienda. Y al día íij; uicn e no se pudo hacer la se und; i represt- nTadun, pitrque la meíii: nd! í estaba podnda y (KJoaeíUiltanLTun diarrea. iPa que e h es de lai hijas del señor Merino! -Luis SÁNCHEZ POLACK TlPi 35