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72 A B C DOMINGO 4- 10- 87 territorios de heren Nueva York. José María Carrasca! De la gira de los Reyes de España por los territorios de herencia hispánica de los Estados Unidos, lo más importante es que, finalmente, tuviera lugar. Y no me refiero sólo a los repetidos retrasos que sufrió el viaje de Don Juan Carlos y de Doña Sofía. Me refiero a que fuesen los primeros Reyes de España que visitaron San Antonio, Santa Fe, Los Angeles, San Francisco, Monterrey y las misiones de fray Junípero Serra. Pues visitaron todos esos lugares como Reyes que fueran un día de esos territorios, y así se les recibió allí. Esta es su casa, sea bienvenido le dijo la alcaldesa de San Francisco, con frase que era algo más que pura cortesía. El primer riesgo del viaje venía precisamente de ahí: de que se convirtiera en inútil reivindicación. con agravio al país huésped. Se evitó comenzándolo con una visita de amigo y aliado al presidente Reagan y subrayando en todo momento que España se ha contentado con dar a los Estados Unidos, no a pedir, queriendo con ellos sólo colaborar, no debatir. Y la verdad es que las autoridades locales parecieron comprenderlo perfectamente y se unieron con entusiasmo a la fiesta española que fue el paso de los Reyes por cada lugar. El segundo riesgo era. la amplitud. Ya dice nuestro refrán que el que mucho abarca poco aprieta, y querer abarcar en una semana los territorios descubiertos por España en los Estados Unidos, es tarea tan de locos como aquel viaje de Cabeza de Vaca desde el golfo de México a California. Pero si él lo hizo, ¿por qué no los Reyes? Y se intentó a base de madrugones fenomenales todos los días, irse a la cama pasada la medianoche y correr de un lugar a otro. La mayor, y casi única, queja que encontramos fue por qué no se quedaban más Claro que si se hubiesen quedado todo lo que aquí querían, no se cuándo hubieran regresado a España. Lo que no impide constatar que alguna de las visitas fueran realmente sucintas, algo que los Reyes compensaron con sus dotes naturales. Dicho lo anterior, parece contradicción lo que sigue: que Florida fue el gran ausente de este viaje. ¿Todavía más? Oigo ya decir a mis compañeros y al séquiio real. Pues sí, la gira quedó un tanto coja por esa parte y Florida es acreedora de un viaje de los Reyes de España. Por lo demás, la gira cumplió su objetivo principal: ei del reencuentro con las comunidades hispanas que por una razón u otra habían quedado desgajadas de la Corona española en los últimos siglos. Fue un reencuentro a la vez inseguro y emotivo, como el de esos parientes que no se han conocido todavía. Pero una vez roto el hielo, la alegría lo inundó todo. San Antonio estuvo sólo tibio, tal vez porque faltaba todavía seguridad a ambas partes. Había también el factor mejicano allí predominante. ¿Debían los Reyes acercarse al barrio mejicano de aquella ciudad, o al chicano de Los Angeles, dado el enorme peso que tienen en ellas? Fue una de las cuestiones que más se debatieron- ai planear la gira, pues era sin duda una de las más importantes. Los mejicanos constituyen la minoría hispana más numerosa, con mucho, en esta parte de los Estados Unidos- como la cubana en Florida- y su peso será aquí cada vez mayor. Se decidió, sin embargo, no hacerlo, por la sencilla razón de no romper el carácter global que tenía la visita, por no hacer excepciones. Los Reyes visitaban y saludaban a todos los englobados en la cultura española, los mejicanos naturalmente entre ellos. La visita a uno de sus barrios específicos hubiera atraído multitudes mucho mayores de las que los Reyes atrajeron, pero aparte de violar la norma globalizadora del mismo, le daría un carácter popularista, mitinero incluso, que se quería evitar. Ello nos lleva directamente a otro aspecto del mismo: ¿a quién vieron entonces los Reyes? Pues a mucha y muy variada gente. Por lo pronto, a las autoridades locales, como era de obligación, que tes dedicaron atención, tiempo, cariño, no habiendo distinciones entre los que tenían apellidos anglos o hispanos. Incluso me atrevo a decir que el gobernador de Nuevo México, Carruthers, fue el más efusivo de todos. Vieron a los jefes indios, en ceremonia solemne y sentida; vieron a las colonias hispanas de cuantos lugares Don La gira americana terminó en Monterrey, capital de la antigi Monterrey. José María Carrascal La gira de los Reyes de España por los territorios norteamericanos de herencia hispánica terminó en Monterrey, la vieja capital de la California española. Y vamos a escribirlo con dos erres, pues en inglés ha perdido una de ellas, Monterey aunque conserva su aire español y bastantes de sus viejos edificios. En pocas ciudades del mundo un español se sentirá tan en casa como en ésta. A Monterrey la bautizó Sebastián Vizcaíno en 1602, cuando explorando esta costa, quedó impresionado por la bahía con que había topado, y le dio el nobre del virrey de México, conde Monte Rey, que le había despachado. Pero habrá que esperar a 1770 para hablar de verdadera colonización. Gaspar de Portóla emprende una expedición por tierra desde San Francisco, mientras fray Junípero Serra sale por mar desde San Diego. Se encuentran, el 3 de junio de ese año, en este punto, asentándose en él. Las condiciones son tan favorables que pronto Monterrey se convierte en la capital militar y eclesiástica de la Alta California y, de hecho, en la más septentrional del Imperio español en las Américas. Monterrey tiene un encanto especial. La Naturaleza ha sido particularmente amable con él, el clima es suave, el paisaje, hermoso. Lo que en otras partes es un lujo, aquí es normal. Nada de extraño que se haya convertido en uno de esos lugares privilegiados en un país como éste, rico de por sí en ellos. El puerto está lleno de yates, los campos de golf se suceden, las villas tienen aspecto de palacetes, las gentes exhiben esa seguridad y buen aspecto de los que no tienen que preocuparse del fin de mes. Aún quedan por todas partes restos españoles. El viejo presidio o fortaleza, convertido en Aduana Vieja que con su capilla adjunta es hoy uno de los edficios históricos de la. ciudad. Se tropieza uno por ella con la Casa Sobranes la Casa del Oro y la Casa Gutiérrez aparte de calles y plazoletas con típico sabor español. Separado por el Bosque del Monte está Carmel o Carmelo, un suburbio de Monterrey con personalidad propia, acentuada a propósito. Levantado en torno a la misión de San Carlos Borromeo, la segunda creada por fray Junípero, Carmelo es hoy un pueblo encantado. Si todas las poblaciones tratan de crecer, Carmel lucha por no hacerlo y conservarse en sus cinco mil habitantes. Los artistas que llegaron a principios de siglo huyendo del terremoto de San Francisco, ya no lo abandonaron, y han dado un ambiente especial a la comunidad, que rechaza todo intento de establecer hamburgueserías y otros signos de la civilización moderna. Incluso el coche han tratado de desterrar, consiguiéndolo en bastantes calles. Cómo esta villa ha elegido a Clint Eastwood alcalde resulta de entrada difícil de entender. Pero luego uno se entera de que el duro actor es, como ciudadano, un hombre preocupado por la calidad de vida de su comunidad, y aparte de cobrar sólo un simbólico dólar de sueldo, ha gastado de su bolsillo altas cantidades en empresas comunales. Que es lo contrario de lo que suelen hacer los alcaldes mundo adelante. Tal vez parezca éste un prólogo demasiado largo para la última jornada del viaje de los Reyes. Pero es necesario para entenderla. Las prisas que nos han perseguido durante los últimos ocho días se han convertido en sosiego. Incluso venimos aquí en autobús en vez de en avión. El programa ha sido igualmente relajante. El Rey fue recibido