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DOMINGO 4- 10- 87 INTERNACIONAL A B C 47 Túnez, en el punto de mira del integrismo islámico La avanzada edad de Burguiba acelera la actividad de los radicales La avanzada edad de! presidente Habib Burguiba, con ochenta y cuatro años, y el futuro incierto y agitado que se prevé en Túnez tras su desaparición, han acelerado en los últimos años la actividad de los grupos de integristas radicales. Tras el estallido y deLas penas de muerte y cadena perpetua dictadas por un Tribuna! de Túnez contra setenta y seis militantes integristas islámicos es la manifestación úlürna de una guerra de religión que tiene proporciones desestabilizantes para todos los países árabes, prolongando una guerra revolucionaria entre partidarios y adversarios de la modernización pro occidental o la restauración islámica en los cinco continentes. Los orígenes últimos de ese conflicto intercontinental se pierden en la noche histórica del Islam, en la batalla de Kerbela (6- 10- 680) se prolonga con la majestuosa y laberíntica historia de las grandes sectas revolucionarias islámicas durante quince siglos, se reafirma plenamente con los primeros esbozos de restauración modernista que proliferan en las metrópolis árabes entre mediados del siglo XIX y el período de entreguerras, para propagarse de modo incendiario cuando las sociedades árabes conquistan el arma estratégica del petróleo y el islamismo radical decide conquistar un puesto en la escena mundial, sin dudar en el recurso al derramamiento de sangre, el asesinato político y el terrorismo internacionalizado. A partir de los años setenta, ese conflicto cobrará una violencia diplomática mundial, que la revolución iraní de 1979 y la personalidad religiosa de Jomeini contribuirán a extender y multiplicar, convirtiéndose, quizá por vez primera, en un proyecto religioso, político, diplomático y militar con vocación mundial. La ocupación de la gran mezquita de La Meca (noviembre- diciembre de 1979) el asesinato de Anwar el Sadat (octubre de 1981) los ataques militares contra los cuarteles generales francés y estadounidense en Beirut (octubre de 1983) la intemacionalización- definitiva de la guerra entre Irán e Irak, la militarización definitiva del golfo Pérsico, son los grandes jalones de la historia reciente del mismo conflicto, ensangrentado periódicamente con erupciones sociales literalmente volcánicas en Egipto, Marruecos. Túnez, Siria, Irak, los Emiratos del Golfo, Irán. En sus orígenes últimos, el conflicto fue una guerra de sectas islámicas (chiíes y sunníes) Esa guerra de religión ha enfrentado históricamente a los defensores de una suerte de populismo integrista (chiíes) con los defensores de una suerte de aristocracia libresca (sunníes) Hoy, la ambición religiosa y diplomática del islamismo radical se convierte en un gigantesco enfrentamiento entre sociedades, Estados y civilizaciones. El conflicto religioso afecta directamente a la vida espiritual de los quinientos cincuenta o seiscientos millones de musulmanes que habitan el planeta. El conflicto político puede desestabilizar a la gran mayoría de la treintena de Estados e s t r i c t a m e n t e árabemusulmanes. El conecto diplomático es una bomba de relojería i: uaiada en el corazón de El Irán de Jomeini, principal respaldo de los grupos revolucionarios sarrollo de la revolución islámica de Jomeini, el fundamentalismo radical se ha extendido no sólo por los países árabes, moderados o no, sino que ha alcanzado de lleno a los países occidentales en la variante bélica moderna del terrorismo internacional. en el Líbano, Al Dawar en lra k, Yamiyyat Tala al- Islam en Marruecos, al- Mujah ¡d ¡n en Siria, al- Qiyam, al- Tali al- lslamiyya en Túnez, dan una idea muy gráfica de la capacidad revolucionaría de organizaciones que en Occidente son presentadas tradicionalmente como grupúsculos integristas grúpúsculos terroristas islámicos Los islamistas saben hasta qué punto esas organizaciones forman parte de la historia religiosa y política del Islam, hasta qué punto esas organizaciones son la parte visible de un gigantesco iceberg revolucionario. Existen numerosas diferencias de criterio y enfrentamientos (con frecuencia ensangrentados) entre esas facciones irredentas del islamismo radical. Todas ellas tienen en común tres puntos capitales: Históricamente, sociólogos, políticos y Gobiernos esperaban que la modernización de las sociedades islámicas se consumaría a través de la separación de poderes, la instauración de Estados laicos y la irrupción de las técnicas occidentales de gestión de los negocios públicos (desde la óptica islámica, los- modelos capitalista y comunista son meras variantes de un mismo tronco y civilización cristiana, hostil y enemiga de los valores islámicos) Los integristas musulmanes ortodoxos fanáticos etcétera, los en verdad ¡slamistas radicales, estiman por el contrario que la pobreza, miseria y retraso crónico de las sociedades árabes son el fruto de su occidentalización forzada y reclaman un retorno a las fuentes del Islam para salir del subdesarrollo y la miseria. Los historiadores de la cultura occidentales son proclives a pensar que uno de los grandes acontecimientos sociales de envergadura mundial fue la revolución rusa, dividiendo a Occidente en dos grandes bloques. Ya Mircea Eliade nos había subrayado, bien al contrario, que el gran acontecimiento capital del siglo XX era, es, el descubrimiento del hombre no- europeo, y su mundo espiritual Los movimientos islámicos radicales comparten ese punto de vista, sacando una consecuencia militar revolucionaria: el Islam debe liberarse de la herencia occidental a través de la guerra santa revolucionaria. Quizá por vez primera en la historia de las civilizaciones, los monjes- soldados de la tercera religión monoteísta cuentan, al mismo tiempo, con recursos minerales estratégicos (petróleo) con ambiciones religiosas y políticas muy dinámicas y agresivas (extensión imperial de su propio proyecto político) y un sustrato social muy receptivo (las masas hambrientas, pobres y desheredadas por las oligarquías religiosas, políticas y militares de los países árabes) La guerra estrictamente religiosa entre el islamismo radical y los Gobiernos establecidos amenaza la estabilidad de Túnez, Marruecos, Argelia, Egipto, Siria, Irak, todos los países del Golfo. Juan Padro QUIÑONERO Habib Burguiba la región geoestratégica más inflamable del planeta. Tras la consolidación de la revolución iraní, la guerra entre Irán e Irak (desencadenada militarmente por Bagdad) y la vocación imperial de los ayatollahs iraníes ha descubierto a la opinión pública mundial las verdaderas dimensiones intercontinentales de un conflicto que el asesinato de Sadat reveló en sus primeras proporciones incendiarias. En la actualidad, cerca de un centenar de organizaciones islámicas radicales (chiíes y sunníes) militan activamente en todos los países árabes y en los países no árabes con fuerte población musulmana. Es imprescindible recordar la importancia capital de las minorías radicales en las Repúblicas árabes de la URSS. Es necesario recordar que los musulmanes son una mayoría absoluta en países no árabes como Afganistán, Bangladesh, Indonesia, Irán, Pakistán, Turquía, las Comores, Gambia, Guinea, Mauritania, Senegal, Somalia. Sin olvidar que los tres millones de musulmanes residentes en Francia convierten a París en una capital musulmana de primer orden. Esas organizaciones tienen todas. sus raíees últimas en sectas medievales que han pervivido subterráneamente durante siglos, dando muestras de una vitalidad moral y, revolucionaria nada común. Las actividades de los Hermanos Musulmanes en Egipto, los comunicados incendiarios de la Jihad Islámica