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ABC, pág. 198- TRIBUNA ABIERTA JUEVES 1- 10- 87, las puertas del otoño, que es tanto como decir al borde del comienzo del curso político, los socialistas catalanes se lanzaron por sardanas, en vísperas de. la Diada, y anunciaron que llevarán al XXXI Congreso del PSOE la ponencia- estrella de la federalización del Estado español. De España, para entendernos mejor algunos. La cabeza visible de la propuesta es Obiols, que quizá pretenda así limpiarse la mercromina que aún debe quedarle de su último logro electoral como cabeza de lista del PSCPSOE. Da toda la impresión de que se trata de pasar por la izquierda a los más radicales nacionalistas, y vender mejor en ja inminente contienda electoral catalana. La estrategia puede estar pactada y más que pactada con Madrid, y así se entendería cómo desde Cataluña todo son apoyos a Obiols, y desde el poder central socialista todo son descalificaciones del federalismo. Con ello se lograría, además, una imagen de no sucursalismo del PSC respecto del PSOE estatal. También cabe que sea una propuesta muy personal de Obiols, tratando de ponerse como adalid de las más puras esencias socialistas. Ha llegado, incluso, a pontificar: Es imposible que el PSOE rechace mi propuesta federalista, porque responde al legado histórico de! socialismo. El actual alcalde barceloN amigo mío, poeta donde los haya, j o cundo amador y orondo gozador de la buena mesa, escribía no ha mucho, a propósito de la singular cocina conquense, que el rito del morteruelo comenzaba en el mátagorrino, en la matazón (matanza, decimos en Andalucía) cuando la sangre en surtidor cae desde el pescuezo del cerdo agonizante hasta la vasija. De aquel principio- afirmaba- saldrá su magia repetida, su machacada virtud encaramada sobre la sencillez. Morteruelo es mortero, almirez, conacho... la fórmula es tan conocida como insuficiente, pues no consiste sólo en machacar el hígado y las especies en la compañía del pan rallado. Hay una sabiduría qué aporta luz al morteruelo y que lo hace ser así y de otras cien maneras. A Lfl niSTRnCCIDN DEL FEDERALISMO bió, desde las filas socialistas emergen voces defendiendo preciPor Ángel SANCHIS PERALES sámente algo que im; p l i c a la r e f o r m a constitucional. nés Maragaíí también se ha apuntado al carro ¿Cómo puede entenderse esto? Máxime, si federalista, diciendo qué cabe en el camino miramos el horizonte político- sindical del que marca la Constitución. A lo mejor sigue a PSOE. Cabe pensar que hay mucha más tela Obiols para batirle después en la recta final y que cortar, y tela que hace más falta para encabezar la lista, toda vez que. Berra se ha que España no se desnude. Un botón: que autoprolongado el contrato de ministro por un se aclaren los socialistas cómo van a jugar año. partido y sindicato. Porque a los demás nos Alfonso Guerra ha terciado señalando la in- va mucho en ello. Tanto, que parece que la coherencia de federar las Autonomías. Mara- UGT de Redondo es el freno de la política vall ha dicho que el PSOE no apoyará la pre- económica de Solchaga y del propio Felipe via reforma. de la Constitución. Y Benegas, el González. Si resultase que es sólo una muestra de pequeñas políticas personales, seria triste. Si lo fuese por estrategia del Gobierno, de lanzar desde Cataluña un debate ficticio, que distrajese a la gente de otros problemas más importantes o de algunas vergüenzas del poder, sería penoso. Si se plantea por un sector del PSOE como un hallazgo en el baúl de los recuerdos, que se nos quiere vender como progreso y modernidad, habrá que decirles que, una vez más, cuando el PSOE ofrece futuro, sólo sabe malvender, retrotrayéndonos al pasado, empolvadas antiguallas. De modernidad, nada. De inoportunidad y surrealismo todo. real portavoz del Gobierno últimamente, ha leído a pie juntillas a Fraga. Efectivamente, el juicio de Fraga ha sido certero: plantear el federalismo supondría lá ruptura del pacto constitucional. Este es el meollo de la cuestión. Si hemos convenido todos en que la actual Constitución es la que ha permitido la pacificación política y constituye la base del consenso necesario, no sólo de la transición, sino del pleno establecimiento de la democracia, no se entiende cómo ahora se da la paradoja de que quienes con sapiencia denunciaron las deficiencias del título VIII han sabido callarse en aras del bien mayor de la paz política y, en cam- U LOA D a MORTERUELO Por supuesto, que no voy a quitarle la razón a mi amigo, pero es que ademas de ese hígado, esas- especies, ese pan rallado y esa sabiduría, er morteruelo tiene otros ingredientes capitales- que él conoce, aunque no nombra- -que le dan no sólo esa luz, sino ese sabor especialísimo que lo distingue y encumbra: el jamón, la panceta, la gallina, la perdiz y el conejo o. la liebre. Complementarios los dos primeros y discreta y modosa la cacareadora, son los tres restantes los que yo quiero destacar, en cuanto que son mandones en el condumio, es decir, vigorosos y detectables al paladar a poco que se hagan presentes. No hay que olvidar que en un morteruelo para diez personas, entran una perdiz completa y media liebre o conejo de campo. La perdiz- h a dicho alguien- tiene su sabor, es ella misma un característico sabor. Y se basta. Ahí están la perdiz trufada de Turín o el pastel hojaldrado de perdiz, de Se- mó Federico Muelas. En ese toque pendular reside una de las claPor Carlos MURCIANO ves que lo hacen tan atractivo. Ante un morteruelo, con moje dan, o la perdiz dorada al espetó en cualquier de pan y buen. apetito- h a escrito Juan Vancastañar otoñado de Galicia, rellena previa- Halen- se descubre mucho del carácter de mente con dos lonchas de jamón y cuatro las sierras de Cuenca, su altivez, su bravuaceitunas. Cunqueiro apunta que comer así ra. Cierto. Pero también del carácter de sus la perdiz es como comer un trozo del otoño, hoces, de lo que es hondo y secreto, y donde un trozo nostálgico de las eras del trigo, de no falta un pellizco de delicadeza femenil, centeno y de avena Pues bien, esta perdiz casi de abadesa perfumada, de incienso. de tari fuerte personalidad es la que se desPorque esa dualidad que el morteruelo rehuesa y corta fina en el morteruelo, al que revela es propia de Cuenca toda. ¿Cuenca cogala su mejor esencia. loso? ¿Cuenca matrona? Uno se inclina por Cet animal du silence est un ami des esta última imagen, aun aceptando, con Juan grands bois et de la lune dijo ChateauIgnacio Bermejo, que pudiera haber sido paribriand del conejo. Allá va con sus orejazas da por las hadas, de padres cíclopes. Luis lunadas, vibrátiles como antenas, atento al Martínez Kleiser nombrábala precisamente voletío tenue del gran duque ó a la pisada así, matrona, con faldas y valona de peñas, y cauta del cazador noctivago; o velocísimo, a corona feudal: las crestas agudas de sus rispleno sol, alejándose del ladrido de los bracos. Antes que él la había llamado reina, en cos inclementes, de la perdigonada certera. un trono de granítica grandeza, un conquenAsí también la liebre, cuya carne vale por la se, sacerdote por más señas, Emilio Echevadulzura de su sangre, en la que se suele corría, que rio había dudado en denominarla cer; bien especiada. ¿Quién no recuerda la ninfa bella pero, eso sí, con agrestes ataliebre benedicta, con su salsa dé higadillos víos Sin ellos, es decir, desnuda, pero de sazonados con pimienta y su punta de anís? plata, la veía el recordado Gerardo Diego, es ¿O la empanada de conejo de Betanzos, deltirándose de puntillas para copiarse en las gada y aceitada, de carne aromosa a romero aguas verdes del Júcar. Así, narcisa, la sory a helécho uve, ro, es decir, a las esencias prendió una poetisa andaluza, Angustias Peque el animal pastara? Pues bien, el uno o la reyra, y la cantó, por ende, doncel enamoraotra, que tanto montan, se entregan, humildo de su reflejo. des, al morteruelo, a la cocción fraterna y múltiple, previa al paso por la sartén, donde hará de las suyas el pimentón. Y donde des- Cuenca mira en el rio su hermosura taparán su tarro las especias, ese trío solem- como un Narciso en piedra sosegada, ne que integran la alcaravea, el clavo molido y el río, con sonrisa enamorada, se va llevando a Cuenca en su andadura. y la canela. Pero no se la lleva. Miradla ahí, empinada y rotunda, terrena y celeste, desafiando impertérrita a los pájaros, las nubes y los siglos. Plato fuerte el morteruelo, servido siempre caliente. Plato suave también, amistoso sin perder su reciedumbre. Plato lírico lo Ha-