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JUEVES 1- 10- 8.7 RELIGIÓN -ABC, pág. 65 El Sínodo debe elaborar la nueva carta de identidad delseglar en la Iglesia Hoy solemne sesión de apertura en la Basílica de San Pedro Ciudad del Vaticano. Santiago Martín, enviado especial Hoy será inaugurado el Sínodo de los Obispos sobre los laicos. Durante treinta días, los padres sinodales discernirán cuál debe ser la misión del seglar en la Iglesia y en el mundo. Dos respuestas aparecen claras y. nítidas, son los dos extremos: confusión total o separación total. En el centro, en el difícil mundo de los grises, está la solución por la que se inclinan la mayoría de tos obispos y que cuenta también con el apoyo del Papa. Tres son las preguntas que los dosciento: treinta y dos padres sinodales deberán contestar en este mes de reflexión que constituye el Sínodo: ¿cuál- debe ser la misión del laico en la Iglesia, cuál en el mundo y qué relaciones debe mantener con fa jerarquía eclesiástica? El problema no es insignificante. No lo es, en primer lugar, porque afecta a la práctica totalidad de los bautizados (99 por 100) No lo es, además, porque la situación de ¡ncreencia en el mundo actual ha hecho que, incluso naciones tradicionalmente cristianas, sean hoy consideradas como terreno de misión. La Iglesia entera debe salir a evangelizar en medio de un mundo cada vez más indiferente ante lo religioso, y esa misión no puede ser mantenida por el clero en exclusiva. El Sínodo, por lo tanto, se encuentra ante la necesidad de elaborar una teología del lajeado que dé a los seglares una nueva carta de identidad y les aporte claridad para saber cómo han de ser sus relaciones con el mundo y con el resto de la Iglesia, la jerarquía. Este empeño por buscar una teología de lo secular no es ninguna novedad. A lo largo de la historia ha habido muchas respuestas que se adaptaban a las circunstancias concretas del momento en que se emitían. En los años anteriores al Vaticano II la teología del laicado tuvo dos expresiones coincidentes. Una de ellas vino del mundo seglar y estuvo representada por Marríain. La otra procedía de la jerarquía, y se encarnó en la encíclica Mistici Corporis de Pío XII. Maritain insistió en la distinción entre la misión religiosa de la Iglesia, dé la cual es responsable la jerarquía, y el compromiso cristiano en política, del cual son autónomamente responsables los laicos. Las tesis de Maritain constituyeron el fondo ideológico de los partidos democristianos. Supusieron, en aquel momento, un gran avance porque liberó a los laicos de iá exceáiva clericalización, especialmente fuerte en Italia tras los problemas con el Estado Pontificio, y en la Iglesia en general tras la hostilidad contra el liberalismo y la democracia. Pío XII, por su parte, sé hizo eco de esas nuevas corrientes Bel pensamiento secular y expresó con su Teología del Cuerpo Místico la primera teología moderna del laicado. Fue muy bien acogida por los movimientos y organizaciones seglares que empezaban a nacer en la Iglesia. En síntesis se basaba en el viejo concepto paulino que ve a ta Iglesia como ün solo cuerpo con muchos miembros, todos con una raíz común, con una soía vida que les une: la vida de la fe y de la gracia que surge del bautismo. Esta era lá teología oficial que llegó al Vaticano II. Pero allí cristalizó un nuevo concepto de Iglesia: él Pueblo de Dios. Ambas eclesiologías encontraron eco en los textos conciliares y ambas han continuado existiendo hasta hoy. La Teología de) Pueblo de Dios da un paso mas allá del concepto de cuerpo y afirma que es todo el conjunto, y no los miembros especializados, el responsable de continuar la obra de Cristo en el mundo. La eclesiología actual tiende a no sentirse satisfecha ante aquella especie de vivisección que las tesis tie Maritain introducían en el seno de la Iglesia. Tiende a mirar a la Iglesia como una única comunidad. En. esta Iglesia que, toda ella, evangeliza, el papel del laico es central. En cambio, en la otra Iglesia, aunque el laico tiene un papel importante, no deja de ser secundario: es el brazo y la mano ejecutora, pero la cabeza sigue siendo la jerarquía eclesiástica. Previsible confrontación de tres sectores ideológicos ante el problema moral: una moral familiar y personal, basada en los principios evangélicos, y una moral social, cultural, científica y política basada en la necesidad de estar en el mundo con las exigencias del mundo y que asume sin discernimiento lo moderno como fruto de la moda. Pero también estará en el Stnodo la tercera vía, la de los difíciles e incómodos grises, la de aquéllos que no quieren abandonarse a la engañosa seguridad de los extremos. En ésta, se encuentran l a mayoría de las Conferencias Episcopales y el mismo Pontífice, el cual ha alertado al Sínodo del peligro de caer en uno u otro de los clericalismos precedentes. La tercera vía tiene unas fronteras menos definidas, más conflictivas, y, frente al maniquéísmo de la más conservadora, se niega a hablar de separaciones y prefiere tratar dé preferencias: laicos preferentemente en el mundo, pero también con una misión en el interior de la Iglesia, y sacerdotes sobre todo en la Iglesia sin excluir el compromiso con el mundo. Recoge la doble personalidad del laicado, su doble vocación: Iglesia y mundo, y no da una respuesta unívoca porqué parte de un análisis de la realidad qué 1 habla d e an mundo muy complejo ante él cual es difícil adoptar siempre la misma postura. En esta búsqueda de la teología del laicado algunos observadores ven, sin embargo, un peligro: que unos y otros olviden el capítulo V de la Lumen Gentium que invita a todos los miembros del Pueblo de Dios a caminar hacia la vocación común: la santidad. Sería un error que se perdiera de vista que la evangelización no se va a producir sólo mediante compromisos temporales sino, especialmente, con la presencia santifiCadora que el individuo y la comunidad cristiana deben hacer presente en medio del mundo. Y sería también grave que esta llamada a la santidad fuese considerada por algunos como un mensaje conservador y espiritualista. Pero no sólo hablará el Sínodo de la teología del laicado. Otros problemas esperan introducirse en las discusiones; el más espec- tacular es la posibilidad de acceso de la mujer al s a c e r d o c i o A u n q u e m o n s e ñ o r Eyt, r secretario especial del Sínodo y arzobispo coadjutor de Burdeos, ha afirmado que en el aula no se va a tratar e s e asunto, cuatro Conferencias Episcopales, entre ellas la canadiense, lo han planteado y posiblemente estará en los debates. El Papa también ha hecho referencia a ello recientemente, pero para precisar que la mujer es un miembro vivo del Pueblo de Dios y del Cuerpo Místico de Cristo y que el Sínodo estudiará su función bajo la perspectiva de María Es decir, nada de sacerdocio femenino por el morrien- to. También se discutirá sobre un viejo asunto: el consensum fidelium la opinión d e los fieles para establecer cuándo existe o no dogma de fe. Y se hablará de las relaciones entre los movimientos eciesiales, que muchas veces son conflictivas en lugar de testimoniar la necesaria unidad de la Iglesia. En definitiva, estamos ante treinta interesantes días que serán sin duda tiempo def Espíritu Santo, el cual siempre ha conducido a su pueblo hacia adelante. Tendencias distanciadas Así las cosas, en el aula sinodal estarán representadas las tres tendencias actuales: un clericalismo de izquierdas, que preconiza una mezda total, una ausencia de distinción entre clérigos y laicos y que ve bien la presencia de los seglares en lo más íntimo de la estructura eclesiástica y la de los clérigos en los partidos políticos. Muchos acusan a estos de ser el viejo clericalismo y de desear reinstaurar el antiguo orden en el cual la Iglesia mandaba en las realidades seculares, pero ahora hacerlo no a base de excomuniones sino ocupando los clérigos los puestos dirigentes antes sólo reservados a los seglares. El otro clericalismo es el de derechas. Quiere la división total, la independencia de ambos poderes. Lo social quedaría reservado para los seglares y la doctrina para los curas. Esto, además de mantener la sumisión del laico, crea en éstos el peligro de una doble Juan Pablo IIreitera su deseo de visitar Ucrania Ciudad del Vaticano. Ep Juan Pablo II reafirmó ayer al cardenal Lubachivsky su deseo de visitar Ucrania. Ya desde el comienzo de mi pontificado- dijo el Papa- expresé mi deseo de una peregrinación espiritual, ligada al milenario, a los lugares que fueron la cuna de la Iglesia de Rusia, Kiev El Papá recibió ayer en. el Vaticano a los 17 obispos ucranianos participantes en el IV Sínodo dé la Iglesia católica ucraniana, con el que comienza lá solemne celebración del milenario dé su bautismo a lá fe de Cristo.