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ABC, póg. 64- TRIBUNA ABIERTA JUEVES 1- 10- 87 L releer en su tercera edición (1986) Hispanoamérica, de Julián A LA PLAZA MAYOR DE JULIÁN MARÍAS Marías- meditación en profundidad que hace aflorar recuerdos y germinar ideas- a más de treinta años de distancia me atrevo a terciar en un debate, y ello no por real gana sudamericana, que nos atribuye Hermann Keyserling, sino empujado por orteguiana circunstancia. Me refiero a la plaza mayor. Pero mejor será comenzar por poner en autos al lector, que no puedo suponer con memoria fresca de una batahola de los años 50. Comentaba Marías que España era la plaza mayor -nosotros diríamos plaza de armas -de la América hispana: el centro de convivencia, donde los vecinos compran, venden, murmuran; admiran, envidian y conversan. Ante ciertas objeciones de Rosa Arctniega y Guillermo de Torre, aclara él: no significa ello que España pretenda asumir la función de capital espiritual de. nuestra región ni que su meridiano intelectual pase por Madrid. En efecto, la plaza mayor es punto de referencia y convergencia, lugar que a ningún barrio pertenece, donde suele estar la iglesia y en el cual pervive el recuerdo de la fundación de la ciudad. Cuando decimos Hispanoamérica, para indicar nuestra unidad y definir la posición en la cual nos hallamos- diferente de la América sajona, pero emparentada con la lusitana- hacemos referencia a ese punto de partida que es España. No, por cierto, único y absoluto, porque tenemos raíces múltiples, pero sí elemento común y unificador, frente a la diversidad de fuentes indígenas y adventicias, que nos diferencian los unos de los otros. Sólo a partir de España hay esa Hispanoamérica en que la lengua- instalación histórica -imprime carácter y nos incorpora que en ellas se expresa. Y esa tónica ha de ser de a f i r m a c i ó n como corresponde a la verdad. Por Alberto WAGNER DE REYNA Cuando se lee que en una de las grandes comunidades cultura- en 1492 no hubo descubrimiento sino agresión, de un continente; no colonización, sino les del mundo. En la plaza mayor se suelen celebrar las destrucción; que toda la gesta descubridora fiestas; se le ponen barreras y sirve de coso; fue una empresa sórdida y un escamoteo de valores y que la cristianización fue un despopor ella desfilan procesiones y marchas de jo cultural, ha de venir de la plaza mayor la protesta. Por sus portales se va y se viene, lo que exige que tal lugar tenga determinadas fundamentada pero rotunda protesta de una características no únicamente físicas- ornato milenaria conciencia histórica, convencida de su buena causa y orgullosa del servicio presy aseo- sino humanas. Bien dice Marías: la tado a la Humanidad. dignidad de plaza mayor hay que ganarla. Nadie niega que haya habido sombras en Y echo aquí mi cuarto a espadas. El solar el cuadro de la acción de España en Améridejodos ha de dar la tónica a la ciudad, graca, pero ello no impide que se aprecien y vacias a la conciencia de que en él confluyen loren debidamente, como preponderantes y- aparte las calles- historia y destino; y ante superiores, los aportes de luz que a ella se opiniones encontradas y actitudes negativas, deben y el enfoque noble y positivo de una debe representar el sentir profundo de los poproblemática que determina una época y tiebladores, sustentar la esencia que desde su ne consecuencias mundiales que aún hoy fundación simboliza. persisten. El descubrimiento de América, que hizo de Una actitud derrotista, con recatos sociolóEspaña una entidad transeuropea, no fue por gicos, como de quien pide perdón, frente a cierto un hecho casual. En la aventura de las quienes siempre ha denostado lo hispánico, tres carabelas castellanas llega a su climax no cuadra a la espléndida efeméride del dessu vocación universal cristiana, a la que Es- cubrimiento del Nuevo Mundo: De España paña supo ser fiel al incorporar vastos territo- esperamos muchos hispanoamericanos que rios ultramarinos- con gentes, culturas y ponga las cosas en su sitio, que afirme sin destinos- en la monarquía católica. La cir- ambages la grandeza de la gesta heroica que cunstancia de su quinto centenario es uno de duplicó el mundo, el alto valor del tesoro de esos momentos en que la plaza mayor ha de fe, de espíritu, de cultura, de humanidad que asumir su responsabilidad ciudadana. Dicho nos transmitió por siglos y que fue origen de en lenguaje claro: España se debe a sí pro- nuestros pueblos mestizos. Es menester que pia y a América al dar la tónica de la conme- conservemos la cabeza erguida en la confumoración de aquel acontecimiento único en la sión de fin de era en que vivimos- llena de historia de Occidente, que tan profundamente negaciones y dudas- y ello sólo es posible ha marcado el porvenir. No, no me refiero a si en la proyección histórica de Iberoamérica la materialidad de las festividades, que eso se descubre la obra universal y perdurable de poco importa, sino al contenido, ai mensaje España. dignas relecturas alcancen a nutrir espirituaimente toda una vida. Luego, en fin, pensé que nunca tenPor Antonio PEREIRA dría valor para cerrar en un apartamento de clase media del barrio la puerta a las nuevas voces del mundo, por mucho que hacia dentro sonaran las músicas de Arguelles, por donde vivieron don Benito y Rafael Alberti y otros ingenios cuando no te- más consagradas... Serán, pues, 2.860 libros (lo he jurado) nías que andar apartando con el zapato los Pero por qué habrían de ser siempre los misvidrios de la guerra diaria de las litronas. O sea, los libros que uno puede guardar sin te- mos libros. Abriré el buzón y recibiré con ner que echar a la caHe a la mujer y los hijos, amor los envíos compañeros: ¡Maldición! porque esta gente quiere una cocina y un si- dijo el cartero, tres libros de Marrodán y tio para comer, y dormir y asearse, y hasta estamos a 2 de enero. Caeré una vez más quieren una bicicleta que siempre está en en la perdonable trampa de un reembolso poco menos que anónimo, en la suscripción a medio, para la gimnasia. Caben 2.860 libros. alguna colección improbable. Y, sobre todo, No es- que quepan. Ahí están. He leído que Gesualdo Bufalino- qué boni- seguiré acercándome a los escaparates de las librerías como me acercaba de chico al to, llamarse Gesualdo- ha pedido á sus careclamo goloso de los confiteros: peor aún, merati de la literatura italiana que se tomen porque los dulces no se dejaban tocar y las un largo silencio, un tiempo sabático con la mesas de novedades nos ofrecen los libros a pluma sin cartucho y la máquina de escribir la vista y al tacto, a prueba y a cala, y pronto enfundada: para no atascar el mundo y la vida con los libros. Recordé a Julio Camba, está uno viéndose con un ticket frente a ia caja... Luego, en casa, donde ya me han dique en su vida no hizo otra cosa que abastecho que o los libros o yo, me entregaré a l a cer a las imprentas y vivía en una habitación inédita reflexión de cuáles sean los cinco lide hotel, con un puñado de libros... q sin ninbros que deberán salir inexorablemente para guno. Pensé, yo mismo, en beclarawne en dejar hueco a los cinco libros recién llegados. huelga de hambre de comprador de Jiferos. En Una elección dolorosa, como todo lo que vale 2.860 libros se pueden aprender muchas cola pena. sas y es probable que su lectura y las con- A HORA que estamos con el Líber, la feria del libro de los que hacen los libros, uno recuerda la enseñanza de sus primeros maestros: los libros son los mejores amigos del hombre. Ellos están ahí, siempre dispuestos a servirnos. Y no QOS piden nada, los libros no comen pan Es verdad. Lo que comen los libros es sitio. En Villafranca del Bierzo o en Trujillo el espacio no le preocupaba por entonces a la gente; la riqueza contenida y discreta de los libros, el más acompañador de los inventos del hombre, se repartía por estancias modestas pero desahogadas, y aún estaban las alacenas, los altillos, los sobrados y los desvanes. Los tiempos han cambiado, y si uno junta con los años más libros, también ocurre que se nos estrecha el mundo entre paredes cada vez menos consentidoras. Un volumen de Shakespeare o de Vafte- lnclán ocupa un espacio determinado. Pero aun en el mismo Madrid (cf, Proyecto de Nuevos Valores Catastrales) el alojamiento del Ótelo o de Divinas palabras ya resultar más gravoso en Fortuny que en Vallecas, y no digamos si se aspira a disponer, -de las páginas inmortales en una zona de las. que llaman- fiscalmente- zonas apreciadas He mirado el número de tomos que caben LO QUE COMEN LOS LIBROS