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ABG, pág. 58 1 TRIBUNA ABIERTA -JUEVES 1 10. -87 L martes 17 de- No pudimos bajar septiembre de por. las escaleras porque los peldaños se 1 985, la niña movían como si fueran Vanesa Martínez estuPor Torcuato LUCA DE TENA de gelatina. Mi mujer y vo tan distraída, tan los niños íbamos, danabstraída con sus propios pensamientos, durante ia clase de grarra en suspensión, ocupaba el lugar de las vi- do bandazos de pared a pared. Todos los mática, que su maestra Rosita Moreno, la lla- viendas caídas. Su automóvil no estaba: fue cuadros y espejos se cayeron. Y la lámpara mó severamente la atención. Ai día siguiente, sepultado y laminado, quién sabe bajo qué se hizo añicos contra el techo al balancearse. miércoles 18, Vanesa, de siete años de edad, escombros. Rosita Moreno, a pie, por calles Donde se estaba más seguro era en el suelo, se presentó en clase con su hermano Carlos, cuyo asfalto parecía una pista quebrada de de modo que los que no nos caímos a las de cinco, portando un hermoso ramo de gla- hielo a causa de los cristales rotos, sorteando primeras sacudidas, nos sentamos para no caernos después. De pronto el diolos blancos. Los hemos comprado mi cornisas caídas y tropezando cuarto se llenó de claridad y esta hermano y yo para usted- le dijo la niña- con gentes que corrían alocadas niña gritó: mira, papá, se ve el para que me perdone por lo distraída que es- y ciegas, llegó, al fin, a la escuesol Era algo inaudito. El sol no tuve ayer en clase. La maestra besó a la la. Sus ojos se llenaron de lágripodía verse nunca en casa porpequeña, puso los gladiolos en un florero y lo mas al ver intactas sus paredes, que lo tapaba el edificio vecino, depositó en el suelo junio a su pupitre, pues- así como los edificios vecinos, y ahora entraba por la ventana y to que en lo alto no cabía. En ía mañana del donde vivían muchos de sus nos daba de lleno en los ojos. jueves 19, cuando Rosita Moreno manejaba alumnos. Al entrar en su aula, No entendíamos ese fenómeno y su automóvil camino de la escuela, miró el vio la pizarra caída, las sillas por no caímos en la cuenta de que reloj, pues temía llegar tarde a sus obligacio- el suelo, los cristales rotos. Súbi Nuevo León se había aventanes. Eran las siete horas y nueve minutos. tamente sus ojos se detuvieron do, hasta que todo acabó, y puEn ese mismo instante el volante se le fue de en los espléndidos gladiolos que dimos asomamos. Ordené a los las manos como si una fuerza poderosísima chavos que se fuesen a casa de se lo arrancara, y el coche se puso a saltar le regalaron ia víspera. Allí estaban, donde los dejó; pero dos de los abuelos que viven cerca, y como un caballo sin doma que quisiera desmi mujer y yo, nos echamos a la prenderse de su jinete. La maestra no se ellos, sólo dos de ellos, misteriocaHe, para ayudar a los vecinos. acuerda si salió del utilitario por propia volun- samente, se habían marchitado. Todos los de nuestra casa lo hitad o si fue despedida por las sacudidas del Sintió el corazón acongojado T. Luca de Tena cieron. Algunos logramos salvar. seísmo. Se recuerda corriendo, alejándose de porque le pareció una señal de de la Real Academia Muy pocos. Los demás ya estalos edificios altos, hasta caer al suelo en un que su alumna, Vanesa, y su Española ban muertos. descampado donde quedó de bruces, abraza- hermano Carlos, habían muerto. da a un montículo de tierra que latía bajo ella Y así era. Esta, historia se ia he oído contar, bien que como un animal vivo, en tanto el mundo se Este corresponsal visitó los escombros del derrumbaba en torno. Fueron sesenta y dos con otras palabras, a la propia Rosa Moreno, edificio Nuevo León gigantesca colmena segundos patéticos, de sacudidas frenéticas, tras la misa de campaña celebrada junto a la habitacional con setecientas cincuenta vivienacompasadas por el estruendo de los de- plaza de Tlaltelolco en sufragio de las almas das, a los cinco días de su derrumbamiento. rrumbamientos. Cuando al fin las fuerzas te- de los que allí murieron. Se lo contaba a un Diez carpinteros fabricaban féretros en la lúricas quedaron satisfechas de su obra des- matrimonio que tenía dos niños junto a sí de base de las ruinas: féretros que, desgraciadatructora y se aplacaron, la maestra, temerosa las edades aproximadas de Vanesa y Carlos. mente, eran ocupados muy pronto. Centena- M i casa, que se llamaba Michoacan de una repetición inmediata del temblor, tardó res de voluntarios retiraban vigas, abrían tútodavía unos minutos en ponerse en pie. El- me explica la pequeña- estaba allí. Esa no neles, cargaban piedras en los camiones. A panorama había cambiado. Era como si se se cayó, pero la tuvieron que derrumbar con un lado se iban formando montones con hubiese dormido en una ciudad y se desper- dinamita, porque estaba toda rota. La casa cuanto se extraía de las ruinas: ropa, muetara mágicamente en otra. Los edificios inme- donde vivía Vanesa, que se llamaba Nuevo bles, libros, cortinajes, juguetes. Recuerdo diatos que bordeaban la acera derecha de la León esa sí, se cayó. Estaba allí, donde muñecas, pelotas de goma, trenes eléctricos, calle por la que circulaba, no existían. Los ahora han puesto el altar. Siempre íbamos uniformes escolares y varios trajes de primeque, se veían en pie eran los de la calle para- juntas a la escuela y, como vivíamos a la ra Comunión. Tal vez algo de eso perteneció tela de atrás. Una nube espesísima y amarilla misma altura, y frente por frente, muchas vea Carlos y a Vanesa: los dos gladiolos marcomo puré de boniatos, hecha de polvo y tie- ces hablábamos de balcón a balcón. chitados. El padre de la que hablaba, toma la palabra: E DOS GLADIOLOS BLANCOS NA de las razones aducidas por la Prensa, para explicar aquella historia de la supermadre argentina que se inventó un supercuento es decir, que dijo tener 32 hijos cuando en realidad sólo tenía 8, era la extrema pobreza de la mujer, que la impulsó a crear la historia para obtener algún tipo, de protección económica de las autoridades. Claro que había otras muchas explicaciones, como supuesta incapacidad mental de la señora, por ejemplo. Pero el hambre, la miseria, es algo serio, que empuja a hacer y. decir muchas cosas. María Bendita Oliveira vivía en una precaria casuca de Cochaguay con su esposo, y siete hijos, y de pronto, llegan los. periodistas, la televisión, la radio. La. fama. Ó los Reyes Magos. ¿Qué les llevan. los Reyes Magos a los pobres? Pues poca cosa, u n cuento como los de Andersen, de. vez. en cuanda Y sino, llegan ios cuentos, pué s se inventarióla imaginación es cosa barata y funciona, bien o mal, a poco que uno U o en Benarés, por poner algunos ejemplos, jamás habría podido levantar cabeza. ¿Cómo salir de ahí? ¿Cómo luPor Pau FANER char contra una situase alimente. Bien o mal, uno imagina maravi- ción tan adversa, sin medios, sin posibilidallas o alucina monstruos, pero funciona. Lo des de esforzarse para mejorar? Pero, ya que no funciona siempre es la realidad, que digo, no hace falta que se vaya tan lejos. No se vaya tampoco a Sevilla, ni a Galicia, a mefue la que le falló a María Bendita Oliveira. nos que sea usted de allí. Quédese en casa, Fíjense tengo recortada otra nptieia de los recorra las calles de su ciudad, entre en las mismos días. En Dacca; en Bangla Desh, ias iglesias. Claro, en las calles, err. las bocas, del lluvias monzónicas agravaron, el perenne esmetro hay mucho mendigo profesional. Esa tado de. indigencia de los habitantes, agrava- es otra de las deformaciones del hambre. ron, el hambre, desataron epidemias de mala- Tiene usted razón, alguno de esos pedigüeria y los corrimientos de tierra mataban a la ños puede que sea rico. Es un. picaro, moderpoblación indefensa que casi debía recibir la no y los españoles fuimos maestros de la nomuerte. como una liberación a tanto, dolor. Sí, vela picaresca, en jos días más grandes de es triste, no me, gusta a mí babiaf; de; desgranuestra historia. Pero hay entre esos... alguno cias, dueledemasiado, Pero, ahí está. que no finge, alguno que no. come, y, que. no Sí, ahí. Salga ufeted a la callé; rió hace falta sabe tampoco cómo salir, de la miseria, cómo levantar cabeza, -Tal vez, inventando, un que se vaya a la Argentina, ni tampoco a cuento- fantástico como los de. Aodersen. o Bangla Desh. Usted tal vez. piense. que si hucomo el de María Bendita Oiiveira. biera nacido éñ Cochaguáy, en Báñgia Desh