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Al igual que la Tate Galiery, el Centro Reina Sofía podría ofrecer al público una visión del panorama artístico del último siglo con una mayor perspectiva que el MEAC La política de bellas artes El Centro Reina Sofía: ¿Una Tate Gallery española? A supresión hace pocos días del Patronato del Museo Español de Arte Contemporáneo y la atribución de sus funciones a la Comisión Asesora del Centro Reina Sofía son los primeros pasos para llevar a cabo la decisión, ya tomada, de instalar ese mismo museo en el antiguo Hospital de Atocha. Este acto plantea una serie de cuestiones acerca de nuestra política artística, que afectan a la configuración definitiva del Centro Reina Sofía, sobre las cuales sólo se han tenido en cuenta hasta ahora las opiniones de los especialistas nombrados por la Administración, sin que la opinión pública haya recibido una información completa sobre los proyectos que baraja actualmente el Ministerio de Cultura. Por eminentes que sean las personas designadas para formar parte de la Comisión Asesora del Centro, parece, sin embargo, excusable abrir un auténtico debate público sobre este asunto, en el que se dé a otras voces la oportunidad de ser escuchadas, incorporando quizá ideas no consideradas hasta este momento. La cuestión previa, y a mi juicio más importante, con la que se encuentra la Administración a la hora de establecer una nueva política en materia de artes plásticas, a partir del Centro Reina Sofía, es la ausencia de una institución que permita conocer y estudiar en su integridad la evolución del arte en Esp a ñ a d e s d e los primeros movimientos que anuncian en el siglo XIX la aparición del denominado arte moderno hasta nuestros días. Existen, desde luego, otros problemas importantes, pero para em 26 A B C L pezar a resolverlos es preciso saber antes si se desea convertir el Centro Reina Sofía en la institución gracias a la cual podrá obtenerse esa visión global del arte español de los últimos cien años, a ser posible en conexión con las demás tendencias del arte occidental de la misma época. Debe recordarse que un proyecto semejante, aunque nunca llegó a realizarse en toda su dimensión, estuvo presente en 1894 en la creación del Museo de Arte Contemporáneo, luego llamado de Arte Moderno, origen de las actuales colecciones del MEAC. La separación en 1971 de ios fondos de este Museo, pertenecientes al siglo XIX, que hoy forman las colecciones del Casón del Buen Retiro, permaneciendo las restantes obras en el MEAC, sigue siendo una de las causas que hacen imposible una ordenación mínimamente sistemática de tas colecciones estatales de arte moderno, de manera que puedan presentarse con fidelidad tos movimientos artísticos producidos en España a partir del último tercio del XIX y la trayectoria de tos más importantes artistas españoles que se incorporaron fuera de España a las vanguardias de nuestro siglo. Nos encontramos así con que obras que tienen mejor encaje historiográfico entre las conservadas en el Casón se encuentran ahora en el MEAC, mientras que el Guemica y los legados de Picasso, Dougias Cooper y Miró se hallan en el Prado, entre otros motivos porque España carece de una institución que exhiba con suficiente dignidad todo el arte moderno producido en nuestro país. de nuestro arte del siglo XX respecto de las primeras vanguardias salvo en el caso de los artistas que trabajaron también en París) no permite deslindar entre los siglos XIX y XX con la claridad con la que se ha hecho en Francia al formar el nuevo Museo de Orsay, a caballo entre el Louvre y el Museo Nacional de Arte Moderno del Centro Pompidou. Sin embargo, de las últimas experiencias francesas puede muy bien extraerse en nuestro país la necesidad de revisar científicamente el arte de la segunda mitad del siglo pasado y la conveniencia de conectarlo, más de lo que se ha hecho hasta ahora, con corrientes que se prolongan en el stgfo XX, como muchas de las tendencias realistas o naturalistas. Al igual que la Tate Galiery de LondresT el Centro Reina Sofía podría ofrecer al público una visión del panorama artístico del último siglo en España con una mayor perspectiva y profundidad que ef actual MEAC. Para lograrlo no se debería intentar olvidar, al configurar el Centro, la realidad de lo que se ha producido en España, constituyendo una nueva colección a partir únicamente de las vanguardias artísticas del sigto XX. Tal y como están las cosas en el mercado artístico internacional, una colección semejante tampoco podría dar una idea medianamente aproximada y con suficiente altura de los movimientos artísticos de nuestro tiempo. El ejemplo de la Tate es el de un museo que, concebido en 1893 para dar testimonio de la creación Es necesario reconocer, en mi británica del sigto XIX, ha servido opinión, que el aislamiento relativo también para albergar la mayor co- lección de arte contemporáneo del Reino Unido, permitiendo al público comprender la evolución de las artes plásticas desde tos comienzos del arte moderno. Existe, por otra parte, una estrecha relación entre la Tate Gallery y la National Galiery de Londres, cuyo patrón bien podría utilizarse para regular las futuras relaciones entre el Museo del Prado y el Centro Reina Sofía, si se llegara a adoptar la solución de instalar en Atocha un auténtico Museo Nacional de Arte Moderno, reuniendo los fondos del MEAC con fondos del Casón y otros dispersos de los siglos XIX y XX pertenecientes actualmente al Prado. De manera semejante a lo conseguido por los británicos con la Tate Gallery, no debiéramos prescindir en España de una visión completa y veraz de nuestro panorama artístico desde la primera revolución industrial. Al fin y al cabo, si por razones históricas bien conocidas no podemos constituir dos museos separados tan completos como tos de Orsay y Nacional de Arte Moderno de París, podríamos aprovechar, en cambio, el Centro Reina Sofía para presentar to que hemos producido en el arte moderno con todos sus logros y sus lagunas, sin alteraciones de las colecciones o del propio edificio no conformes con la Historia. Por lo demás, aunque la principa! función del Centro fuera mantener y enriquecer el Museo Nacional de Arte Moderno, ello no sería incompatible con la instalación en parte del edificio del antiguo Hospital, siempre que se respete esencialmente su arquitectura, de otras actividades artísticas de carácter experimental. Alfredo PÉREZ DE ARWÑAN JUEVES I- 10- 87