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ABC A la izquierda, edificio Seagram, etvPark Avenue (Nueva York) considerado como el prototipo clásico de (os rascacielos. A la derecha, una vista del parque Lafayette, en Detroit (1963) Arquitectura Mies van der Rohe, la sencillez de la perfección L O que más emociona en la contemplación de la obra del arquitecto Ludwig Mies van der Rohe (1886- 1969) es la precisión de sus esquemáticos diseños, que contienen la aparente sencillez de todo lo que es perfecto. Mies redujo la arquitectura a sus lineas más elementales, siempre rectas, acusadas intencionadamente sobre los prismas y paralelepípedos de sus formas preferidas. Líneas imperiosas de las estructuras metálicas vistas al exterior, bien patentes y subralladas con pintura negra o de colores muy oscuros. Rectas, entre cuya rotunda verticalidad sirven de unión- formando el murolas superficies de vidrio o los paramentos de ladrillo. Fachadas, a veces, totalmente cristalinas que dieron a la arquitectura del siglo XX una personalidad nunca antes conocida. Otra de las características de Mies es el haberse mantenido siempre fiel a unos principios básicos estilísticos muy personales, que fue depurando más y más cada vez, pero sin traicionarlos en ningún momento, dando cambios poco comprensibles, como les sucedió a otros graneles creadores, incluso a Le Corbusier. Inventor del rascacielos de acero y vidrio, cuyas dos primeras versiones las proyectó en su Alemania natal, en los años 1921- 22, aunque sin llegar a construir ninguna 24 A B C Sala de Exposiciones del MOPU Castellana, 67 de las dos, fue con su llegada a los Estados Unidos cuando pudo comenzar a construir obras que a muchos les habrían parecido sueños irrealizables. Mies tuvo más suerte en Norteamérica que los otros grandes maestros europeos que también fueron tentados por el coloso del norte, como Gropius y ya el citado Le Corbusier, que no consiguieron introducirse plenamente allí. Por el contrario, Mies marcó con su peculiar sello al menos dos décadas del presente siglo- a partir de la mitad de los años cincuenta- y aún sigue vigente su manera de hacer en gran número de obras que continúan levantándose por todos los países. Y aunque el centro principal de donde irradió el estilo Mies fue Chicago, con sus edificios de apartamentos a las orillas del lago Michigan, y los edificios para el recinto universitario del Illinois Institute of Technology (ITT) la obra magna de Mies se considera el edificio Seagram (1958) en Park Avenue de Nueva York, muy cerca del famoso hotel Waldorf Asteria. El rascacielos Seagram hizo época por muy diversas razones, y no sólo por la rectilínea belleza desusada y la riqueza de los materia- Hasta el 1 de noviembre les empleados: bronce y vidrio de color melado. También urbanísticamente constituyó un precendente muy saludable, pues voluntariamente cedió casi la mitad del terreno de su solar edificable para convertirlo en plaza peatonal, flanqueada por dos fuentes simétricas. Un caso que nunca se había visto hasta ese momento en la metrópoli más avarienta del suelo edificable, y que ya, desde entonces, se ha convertido en norma de todos los grandes edificios neoyorquinos, que ordenan plazas a su alrededor, más o menos espaciosas, adornadas con esculturas y otras obras de arte. Mies no era ningún desconocido cuando llegó a USA en 1937, pues aparte de sus numerosas obras en diversas ciudades alemanas iba con el prestigio de haber sido director- d u r a n t e tres azarosos años- -de la tan celebrada escuela de arte y diseño Bauhaus, que había sido trasladada de Weimar a Dessau, y de allí a Berlín, en donde fue definitivamente clausurada por presiones políticas. Gracias a su amistad con el arquitecto norteamericano Philip Johnson- que Mies había conocido en Europa- cuando éste llegó se le abrieron fá- cilmente las puertas, alcanzando prontamente puestos de importancia y responsabilidad; aunque esa facilidad inicial no siempre le acompañó y Mies pasó por temporadas difíciles de contratiempos y pleitos en su dilatada etapa norteamericana. A principios de la década de los sesenta. Mies volvió a Alemania para construir en Berlín occidental la nueva Galería Nacional de Arte (1962- 67) una de sus obras más puristas y características, en la que la arquitectura se hace etérea en las grandes superficies del vidrio que permite la continuidad espacial interior- exterior del edificio, aparentemente sin barreras. Ahora, en Madrid, se pueden contemplar por primera vez dibujos, proyectos y maquetas de Mies y de sus principales discípulos y colaboradores en la exposición organizada por el MOPU en sus salas de la Castellana. Exposición a la que ha prestado su asesoramiento el arquitecto español Alejandro de la Sota, cuya obra es tan afín a los postulados de Mies, el hombre macizo de aspecto tan tosco- d e comedor de salchichas y bebedor de cerveza- -que, sin embargo, está considerado como el arquitecto más importante del siglo XX, capaz de los mayores refinamientos estéticos. Juan RAMÍREZ DE LUCAS JUEVES 1- 10- 87