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Carta desde Barcelona ABC muerto los heredase el rey nuestro señor, como todo lo demás curioso y exquisito que pudo adquirir en el progreso de su vida. Pero si, efectivamente, el legado de don Juan de Espina pasó a Felipe IV- y no otra cosa parece indicar el hallazgo de los manuscritos de nuestra Biblioteca Nacional- lo cierto es que los mencionados dibujos, recopilados por Leoni con independencia de los manuscritos, fueron adquiridos por un gran coleccionista británico, Thomas Howard, conde de Aroundel, que falleció en Padua en 1646. Cómo pasaron de sus h e r e d e r o s a la colección real británica es algo que se ignora, pero ya figuraban en ella en 1690, en que se mencionan por primera vez. Después no vuelven a ser citados hasta 1778, y también como descubiertos casualmente- a l igual que los manuscritos de Madrid- en el fondo de un arcón. En el siglo XIX los dibujos fueron separados del volumen encuadernado por Leoni y quedaron tal como, con una mayor protección, se muestran hoy. ¿Aparecerán también algún día los otros dos volúmenes de dibujos que poseyó el áulico escultor italiano y de cuyo paradero nunca se ha vuelto a saber? Aunque cualquier esperanza en tal sentido ha de ser, forzosamente, muy vaga, quién sabe. Cosas más raras se han visto... Dispongámonos ya a examinar los dibujos de la notabilísima exposición que motiva estos comentarios. Pero antes, una breve alusión al catálogo, que es excelente en sus textos, como debidos al ya fallecido Kenneth Clark (lord Clark) catalogador, con Carlos Pedretti, del corpus de los dibujos de Leonardo existentes en el castillo de Windsor (Windsor Catalogue) sólo la bibliografía me parece demasiado exigua, en especial cuando, por lo que al tema concreto de la exposición se refiere, únicamente remite a la introducción del catálogo general del conservador de estampas y dibujos del British Museum, A. E. Popham, desdeñando el magistral libro del gran hispanista italiano Arturo Farinelli, Leonardo e la Natura (Milán, 1939) consagrado estrictamente a obras como las reunidas en esta exposición y en cuyo título parece haberse inspirado el de esta última. Por lo demás, considerar a Leonardo, como dice Kenneth Clark, un precursor de Turner resulta algo fuerte, pues ya se sabe que, evangélicamente, el precursor es el que anuncia a alguien mucho más importante que ha de venir y no parece que entre Leonardo y Turner quepa establecer la misma relación que entre San Juan Bautista y Jesucristo... Rafael SANTOS TORROELLA A B C 21 Leonardo y la Naturaleza (I) A divulgación, fuera de Italia, de la obra dibujística original de Leonardo da Vinci, de la cual acaba de inaugurarse una breve muestra monográfica en el Centro Cultural de la Caja de Pensiones de Barcelona, es cosa bastante reciente. Puede decirse que arranca del verano de 1969, cuando por primera vez se exhibieron en Londres, en la Queen s Gallen del Palacio de Buckingham. la mayor parte de los dibujos de su mano que atesora la colección real británica. Antes, sólo esporádicamente se habían visto algunos de ellos fuera del castillo de Windsor, sobre todo en la gran exposición que la Real Academia londinense celebró en 1952 con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Leonardo. Tuve la fortuna de poder visitar la de 1969 en el Palacio te Buckingham, que me dejó un recuerdo imborrable: ia cuento entre las dos o tres más extraordinarias que me ha sido dado contemplar dentro o fuera de nuestro país. El hecho de que tal vez sea irrepetible, aún me hace aferrarme más a su recuerdo, vale decir que en parte refrescado ahora porque algunos de aquellos dibujos han venido entre los que, bajo el título general de Estudios de la Naturaleza, componen el medio centenar de los que nos presenta la Caja. Aquí como allí, y ahora como entonces, uno tiene que plegarse al régimen de las grandes colas en ia calle y, una vez dentro, la espera de turno ante cada obra de aquel a quien el pintor Ramón Gaya llamó una vez, creo que en estas mismas páginas de ABC, el inventor de La Gioconda La exposición, que procede de otros países, permanecerá algún tiempo en el nuestro, pues de aquí pasará- supongo que a mediados de noviembre- a Madrid, por lo que bien merece que nos detengamos un tanto en ella. Y vayan ante todo algunos datos más de los que da el actual catálogo, un tanto parco en ellos, acerca de la colección de los dibujos de Leonardo de la que proceden los aquí expuestos y cuya historia tiene en sus orígenes un marcado sabor español; un sabor infausto, ciertamente, como ia de otros muchos tesoros artísticos que fueron, debieron o pudieron ser nuestros y que desventuras más o menos claras hicieron imposible que lo fueran o lo siguieran siendo. Como se sabe, en el castillo de Windsor se guardan- aparte de los pertenecientes a sus libros de apuntes- las dos terceras partes de los dibujos que se conservan de Leonardo, entre los cuales no se cuentan los 1.500 de mayor o menor tamaño de que existe alguna noticia, pero que nunca han sido JUEVES 1- 10- 87 L -i- Hoja de estudios misceláneos, con un busto de anciano, plantas y figuras geométricas (detalle) vistos. Los de la colección real británica suman un total de 779, repartidos primitivamente en un volumen de 234 folios. Imponente como es esta colección, sólo representan un tercio del total que poseyó el escultor italiano Pompeo Leoni, de quien proceden los más de los originales que de Leonardo se hallan dispersos por el mundo (Pinacoteca Anbrosiana, de Milán; Instituto de Francia, de París; Biblioteca Real, de Turín; Biblioteca Nacional, de Madrid; colecciones inglesas) La historia es como sigue: Leonardo, al morir, en 1519, en Colux, Francia, legó todos sus manuscritos y dibujos a Francesco Meizi, el compañero y discípulo predilecto de sus últimos años. Melzi se trasladó después a Vaprio d Adda, cerca de Milán, donde guardó celosamente el inapreciable legado. Al morir, en 1570, éste pasó a su hijo, el doctor Orazio Melzi, de quien, por una serie de vicisitudes que alargarían demasiado el relato, buena parte de aquellos dibujos y manuscritos pasó a poder de Pompeo Leoni, desde 1556 en España, cuando su padre entró al servicio de la corte imperial de Carlos V; otros dibujos se dispersaron o desaparecieron. Un tanto bárbaramente, Pompeo se dedicó en España a ordenar el acervo l e o n a r d i n o en su poder, dividiendo algunos de los manuscritos para formar diversos volúmenes, los más importantes de los cuales son el llamado Códice Atlántico, al que puso el título de Dibujos de máquinas y de las artes secretas y otras cosas de Leo- nardo de Vinci reunidos por Pompeo Leoni y tres volúmenes de Dibujos de Leonardo de Vinci restaurados por Pompeo Leoni uno de los cuales- e l único conocido que se conserva- pasó después, junto con tres libros de anatomía, a la colección real del castillo de Windsor. También pertenecieron a dicha colección los manuscritos descubiertos en 1967 en la Biblioteca Nacional de Madrid, titulados Tratados de estática y mecánica y Tratados varios de fortificación, estática y geometría Tras la muerte de Pompeo Leoni, acaecida hacía 1608- 1610, su colección fue heredada por su hija natural, Vitoria, mujer de Polidoro Calci, que algún tiempo después inició la venta de los manuscritos leonardianos. El conde Galeazzo Arcoti adquirió en 1625 el Códice Atlántico que donaría a la Ambrosiana, de Milán, donde, como queda dicho, hoy se encuentra. Otros volúmenes fueron adquiridos por don Juan de Espina, diligente coleccionista español del siglo XVII. Vicente Carducho, que tuvo ocasión de ver esta colección (otros ilustres pintores que tuvieron acceso, en el XVII, a los dibujos de Leonardo fueron Rubens y Rembrandt) dice en sus Diálogos de la pintura, refiriéndose a la colección que en su casa albergaba don Juan de Espina: Allí vi dos libros dibujados y manuscritos de mano del gran Leonardo de Vinci de particular curiosidad y doctrina, que a quererlos feriar no los dejaría por ninguna cosa el príncipe de Gales cuando estuvo en ésta Corte, mas siempre los estañó dignos de estar en su poder, hasta que después de