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AL LORO N amigo liega lodo apuTildo junfo a micd. -Tu casa ub (á ardiendo- -le dice. -M u y hicn- l e responde usted sin i n m u r a r s e- ¿Quieres (ornar algo? Y sigue uslcd c o m o si lal cosa cootiuido su cuenlo. saboreando su aperitivo o jugando su pariida a c c rTds, Hasta que. de pronío. Ian? a usted lui alarido Terrible y se echa a ía ealk a i m o un loco. -j M i casa está ardiendo! ¡Mi cava está ardiendo! -grita ust e d- Qué será de mi mujer y de mis hijos? Es o que los psicólogos llaman c rcHeio tardío, t i celebro redbe un aviso apremiante, pero, ocupado con otros asuntos, larda en adoplar las disposídones propias del caso o en tran TníliT tas órdenes oportunas a sus diversos agentes: órganos de la voz, órganos dp HUMOR U Antología del h u m o r LOS RELOJEROS Y LA HISTORIA Por Jurk CAMBA movimiento, eici iera. En úllimo termino, el cerebro no pasa de ser una centralilh releróntca como cualquier olía y, muchas veces, las señoritas encaruiídas de arenderla están donritdas o se encuentran jugando al parchís, lo que las impide hacer caso de ninguna llamada por uraente que esta sea. El reileio tjirdko, uunque descubicrío nace ya vibrios aiiosconstituye (odavia in última palabra en cuestión de rcHejos y ha logrado eclipsar hasla aquellos nmosos reflejos condicionados del profesor Fawlow, que estuvieron l- fn de moda a raíz de la üllíma guerra. ¿Oue qui sirve el tardío? uc pard muchísimas Parapor ejemplo, reflejocosas. A mi, me sirve ahora para hacer un artículo; a los especialistas de enfermedades nerviy sas y memales les sirve para ir e n t r e t e n i e n d o a sus clientes y a los profesores de ijistoria les cstú sirviendo para construir una eurioiisima teoría con ia que. dicho sea de paso, no lograrán nunca nada más que desacredilar su propia asicnalura: la teoría de que en la anligúedad no huho héroes sino sencillamente hombres que no lograban rt accionar anlíí el peligro con la debida rapidez. ¡Unuii sifgundüs más- d i c e a esle propósito un profeiur de la H a r t a r a- y alguno de los personajes históricos, cuyos hechos, deformados por el transcurso de kr siglos, nos producen hoy nia or admiración, es muy pmibíe que hubiesen echado a correr como almas que lleva el diablo... Yo, n a t u r a l m e n í e no soy q u i e n p a r a o p i n a r s o b r e el asunfOn pero, de lodos modos, me pcrmíliré decir que si. por obra y gracia del reflejo (ardió, el heroísmo y todas las grandes acciones humanas han de sernos empicadas de aquí en adelante como fenómenos puramente mecánicoSn de igual manera que se expUca el atraso de un reloi o la lentitud de un automóvil, lo mejor será que los profesores de Historia comiencen ya a abandonar sus puestos para cedérselos a los relojeros y a los- cbauffeuts- ÍASC. 5- 2- 19431 E N el fondo de un lago vive un monstruo (fósil viviente de é Kícas prcicritas) Y en el inierioi del nwnstruo vive un hombre (fó il vi viente de épocas pretéritas) Ei hombre aún no ha logra Io descubrir cómo llegó allí. E hada una curj de reposo en el saniuano alpino de cierta montaña mágica, J: rrKlcabaii enfermeras rubicundas y fueitotas con aire de walkyrias. las cuales, en vez de sonreír, gruñían, Y enfermeras ojerosas y delgadísimas con aire de trayiatas, las cuales, en vez de gruñir, tosían sonriendo con mclancólic- i resignación. El hombre, como era de rigor, sentía gran aversión por aquellas enfermeras que le randcaban y cosían a jeringazos. En cambio, como tamhtén era de esperar, se enamoró tre- El observador entrometido SERPIENTE DE VERANO me bu nd amenté de la enferma más enferma, ojerosa y filiforme, una muchacha discreta (loses aparte) Ikimada Ruth, Junios pasaban las horas de aseo deambulando por los b crinlos vegetales que ornaban el sanatorio o jugando a reconstruir en el Tablero de damas las aventuras de Alice Lydell. También solían conv- ersar sobre sus autores fas- orilos en literamra (Poe. Emily Brome, L o v c c r a f t M a e h e n BiereeLord D u n s a y O- m ú s i c a (Siouxic. Nicó. D o o r s Flyng ü z a r d s Syd Barrett, Duffo. o puro ingenio (el ya aludido Carroll) Ruth Upellidada Usher- -lo que se intuía, dadu ¿u aspcclo particularmente deplorable- una n x: he de relámpagos preguntó en el gran salón si creía en lo p a r a n o r m a l N u e s t r o hombre respondió q u e entre dudar o creer, le daba más gustirrinin lo úJtmjo. R u l h con una sonrisa más cadavérica que nunca, le dijo que de ahora en adelante dedicarían sus o a o s a convoear entidades de lo más ominoso, raptante e idiota y asi podrian imponcise a las feroces enfermeras que lanío les atemorizaban. Pero la víspera de la primera sesión espiritista, una enfermera gífmcb de teciista de Tina Tumcr u gió a nuestro hombre e por el cordón del balín, lo zarandeó un monlón y. entre espantosos rugidos, le colocó un par de somníferos puyazos que lo dejaron absolutamente fuera de órbita. Despenó en las tinieblas gástricas del monstruo del lago. Lleva ires años allí. No comprende muy bien la SituaciónSupone que a Ruth Usber se le jorobó algún conjuro y las enfermeras ciclópeas captaron la movida. ¿No querínin los enfermiiüs góticos y zangolotinos entidades ominosas? pues, ale. a la tripa del monstruo. ¿P e r o qui h a b r á s i d o de Rulh Ushcr? Parecía lan traeiL Una larde Je confió: Si salgo de aqui, buf, no sé qué haré. Vivir sola... Seguro que SE M t C A E LA C A S A E N C I MA, Femando MÁRQUEZ 30