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MI TÍA M I R L I CONOCÍAN usrcJos yj V mi l i a M i r h siompfL t stüha iMciendo así y k inl: Llij las piernü como unu l i K J ira J. n clásica liít de los iiiíis v c m i i í H a t í j d u l c t du MitiubnUti de frambuesa y di: LMLIIM iin: Soba- ii- idn de c: dahj iiiL L mis quinicnios kilus Su difunto marido, don Ortioño. muñó de una índij- tolióií de caluha illc, t l l i se quedó v i u d i ii t o n s c c u c n c í d de la muerie de ¿I- iLí panenltfs v dL nias dt. udo fuimos ¿c cnlíeíTo 4 tv e i l iilliino adiós. Y o por ser el más alio de los subrinoí tui el último en deciríc: ¡Adiós, tío ü r d o ñ o t Ya cuando ¡han a cerrar lu caja entro una señora llorando. -i P i í r favor, diíme Una caja de nícnibrillo! -Y i no se puede, vanio? a ft rrar la caja. M i tío CJrdoño abrió uno de lo4 ojos que tenia de guardia y exclamó: -S i e i m n i t i t gloria m u n d i mcmbrülus eramu M i ria M i r l i sacó un pañuelo de íjncaje v se lo enírcaó al a l calde ót Okiahoma. E T alcalde se echó 1 llorar. Los vecinos W avalunzaron sobre el edil y k besaron los músculos. T o t a l que al día siauienie i n o a verme mi lia M í ñ i y me -M i r a ro quifleía. tú como eres el ñus wfnsalo quiero que me aconsejes. -T ú dirás lila MírU- d i j e yo aún con los ojos humedecidos i Con ccucncju de la peMe que ella derramaba. 0 u ¿crees que debo hacer Tosquilleía? -L o primero lavarle- V an id -mas si a l g ú n caud al ha quedado en u honesta viudez hübrá que emplearlo en ilíun ncjiocio que redunde en lu l i e nefieio y puedas dístruiar de unai piíigijes cuotas mensuales con las que h; icer trente a lo impuestos de nuestra iiita lUicicnda que lauto da a mene ler. El señor Solchai íi te tpiedani muy ai radecido. Tita Mirli, no llores mn S pues aquesto puede perfudicar i tus órganos ocularcv M i lía M i r l í dejo de llorar. Saeú un siilchichón de tamaño natural, apretó el gatillo. Jo disparó contra mi cuerpo vital. y ya no pude. y ya no pude. s 0 tiuir, escribiendo, este trlíc... Lo que sí es muy de agradecer es el telegrama que recibí del ministro de JusUcia. diciendo que lo sentía mucho, que no pt dia asistir a mi entierro, jjero que acudiría al próximo, NJuchas uracias. señv r Ledcsma, Luis SÁNCHEZ POLACK TTP LA MAMA DE MI ESPOSA dijo: L A m a m á de m i esposa era. adenjás, mi suegra. U n día me d i j o que tuviera cuidado con su hi a- m i futura esposa- t porque 5 c trataba de una persona que mentía s i e m p r e p o r c o s t u m b r e Que jamás decía la verdad, m por casualidad. La cosa, sm embargo, era baslanle cómoda p j r a m í puesto que siempre que me conle lase algo, yo sabría, de antemano, que la verdad era lo contrario de io que dijese, Me quieres, -l e prciitmle iin día. aíios después de haberiio casado. debía inlerprelar aquel llanto como risa. -Me has hecho mucho daño- -se íamcnió desde el suelo, 5 ujeiindose la mejilla. A h- J e g r i l l a- no solamente te ries, sino que nie d i ces i ue la boletada ni le ha i n mutado. -j E s i á s loco! -r u g i ó -31. en efecto- Soy un hombre cuerdo. V me alegra que lo reconozcas, -N o e n r i e n d o nada d e l o que dices- -murmuró. -F íes eso es bueno. Ouc lo entiendas. res un idioia! -No me vengas con adulaciones. Y duranie casj una hora, siguió desde el suelo díniíiéndO me los máí, lurjosos improperios- Pero no caí en la trampa del h, ilago, Cucindo volví a casa me la encontré en la cama con olro. Aquello me iranquili ó para s i e m p r e í ra una autL nlica prueba de su íidelidad, JO É Luis COLL -CJaro que le quiero, Te eres fiel? -insistir -TolaJmenTe. Nunca he pensado en ciiro hombre que no lucras l ú Le di una enorme bctfeíada. Recordando lab, palabras de la mama de mi esposa, ni me quena ni me habííi Ído fiel. Cayó al suelo cual larga era y comen (j a llorar desesperadijmentc- S i r í e rítrl- l e g r i t e puesto que como mentía, yo 27