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A B C BBS ¿Hay o no hay tórtolas... CAZA ees se organizan y celebran previo pago de cifras cada vez más importantes por el puesto de caza, circunstancia que aún cuando cinegéticamente no sea agradable, humanamente es más que comprensible, puesto que de hecho las rentas que los propietarios de las fincas están obteniendo por el derecho de caza están resultando más saneadas que las propiamente agrícolas, por diversas razones más que fáciles de comprender... en cuanto pensemos en el fisco... Y huelga también mencionar que en curso de esas tiradas, e indudablemente a causa de la similitud en vuelo de todas las colúmbidas, no son tórtolas solamente las que se abaten, sino que también caen numerosas palomas zuritas bravas y domésticas, de las que hayan podido igualmente aficionarse a los girasoles en cuestión, no mencionando a las torcaces en este sentido, puesto que su caza está dentro de las especies autorizadas durante la media veda. Realmente sólo a las perdices y a las liebres se suele respetar en estas cacerías, lo que en más de una ocasión ya ha originado las correspondientes denuncias por las equivocaciones cometidas por más de uno, que parecen no tener otra finalidad que la de pegar el mayor número de tiros posible, sea lo que fuere el blanco de sus disparos. Por suerte también resultan bastantes urracas abatidas en estas tiradas, ¡menos mal que se hace algo bueno... especie cuya proliferación y sobreabundancia está originando gravísimos daños a casi toda la caza menor española, dando lugar en más de una zona a campañas encaminadas a su reducción, cuestión que también en cierta medida viene a contribuir a resolver dichas tiradas, en las que tenemos constancia de que toda urraca que aparece es calurosamente saludada por los cazadores... En fin, que así está la situación de las tórtolas en estos finales del verano de 1987, y podemos resumirla afirmando que, desde luego hay menor densidad de tórtolas que hace quince años, así como que han cambiado sensiblemente sus hábitos y costumbres como consecuencia de las modificaciones producidas en los cultivos hispanos, particularmente por los muchos campos de girasol existentes, que dispersan la presencia tortolera de suerte tal que hace ya prácticamente inviable su caza en los pasos diarios de antaño. Lo importante es que siga habiéndolas, y aún siendo más difícil dar con ellas y siempre en menor densidad promedial, podamos seguir disfrutando del electrizante espectáculo de su veloz silueta de vuelo corcheteante que pone a prueba las mejores dotes de los más afamados tiradores. Fernando HUERTA RAMÍREZ VIERNES 25- 9- 87 E N estas postrimerías de la temporada veraniega de caza, que ya hasta legalmente se denomina como media veda, el desconcierto de los cazadores españoles es más que considerable en lo concerniente a las tórtolas y sus posibilidades de caza. ¿Las hay en cantidad apreciable en alguna parte de nuestra geografía, o no las hay? Desde luego ha de admitirse que estas veloces aves migratorias han disminuido muy considerablemente de densidad, al menos en lo atinente a su expansión por la Península y por el resto de Europa, circunstancia que parece derivar de la instalación de los amplios regadíos del norte de África, en Marruecos y Argelia en particular, donde estas avecillas encuentran asentamiento querencioso para su proceso reproductor estival, y consiguientemente son muchísimas menos las que extienden sus vuelos migratorios primaverales hacia Europa. Esto ha venido a provocar una presencia tortolera en esas antedichas zonas norteafricanas que, por una parte está originando graves daños a los cultivos cerealeros en particular- incluso habiéndose declarado como plaga por el Departamento marroquí de Agricultura hace un par de años- al propio tiempo que ha propiciado un novedoso turismo cinegético para participar en tiradas a las tórtolas, turismo que está teniendo considerables altibajos, por cuanto que la inafraestructura cinegética y turística marroquí, aún habiendo sido perfeccionada considerablemente, no puede resolver el grave inconveniente de las altísimas temperaturas- por encima de los cuarenta y cinco grados centígrados casi siempre- como nos han confirmado recientísimamente cazadores deportivos españoles que habiéndose desplazado a Marruecos para intervenir en tiradas de tórtolas, han acortado el periodo previsto para ello, espantados por esos insoportables calores que aludimos. Así, Pepe García Escorial, Jaime Ramón, Curro Riestra y otros muchos han venido a coincidir en cuanto dejamos mencionado, aún reconociendo que la densidad ac tual tortolera, marroquí concreta, mente, es análoga- e incluso posiblemente mayor- que la que teníamos en la Península hace algunos años. Pero ha de añadirse a todo ello que también el uso y abuso de demasiados productos químicos en la agricultura sigue provocando verdaderas hecatombes faunísticas también entre las tórtolas, sobre todo entre los ejemplares jóvenes cuando salen de sus nidos, pese a que para ese momento ya estén más que levantadas y recogidas las cosechas. Y si además tenemos en cuenta que los cultivos de 114 ABC girasol aceitero se han extendido muchísimo por toda la Península Ibérica, comprenderemos que aquellas importantísimas concentraciones de tórtolas que antaño se formaban en los grandes encinares del centro y sur peninsulares han pasado a la historia, puesto que estas aves encuentran cobijo y sustento mejores en la proximidad de esos numerosos cultivos de girasol que mencionamos, que en algunas zonas son auténticos mares verde- amarillentos, cuya sustanciosa pipa les gusta y alimenta muchísimo, y siempre hay algún bosquecilio y algún río o arroyo en la proximidad que propician el asentamiento de las tórtolas en estos nuevos lugares del girasol, al encontrar así alimento, agua y cobijo para sus sesteos. De todas formas, poco a poco vamos teniendo noticia de algunos lugares en que se han llevado a cabo buenas cacerías de tórtolas, como ha ocurrido en lugares concretísimos de Cuenca (en Tarancón, precisamente) de Toledo (en las cercanías de Oropesa) de Ciudad Real (cerca de Porzuna) mientras que en los cazaderos tradicionales, manchegos y extremeños, aún habiendo algunas tórtolas, no las hay ni por asomo en la densi- dad a que antaño estábamos acostumbrados. Para el final hemos dejado la alusión a un asunto íntimamente relacionado con esta aparente o real disminución de las tórtolas en España, que viene a sumarse a las causas que sucesivamente hemos ¡do mencionando. Nos referimos a que en la mayoría de los casos, actualmente, en cuanto se detecta que determinado territorio tiene una apreciable densidad de tórtolas, casi siempre por haberse aquerenciado a algunos girasolares (siempre, los que tienen más llena la pipa) da lugar a que se organice una cacería en ese lugar, disponiendo apostamientos para los cazadores en número casi siempre excesivo, llegándose a situar en los contornos del girasol, y en traviesas (como si de una montería a la española se tratase) en su interior, quince, veinte, y hasta treinta o más cazadores, bien dotados de cartuchos, y en una mañana o en una tarde abaten en ese sitio varios centenares de tórtolas, tras el formidable tiroteo que ello supone y con la consecuencia de que las que consiguen salvar la situación no vuelven por allí nunca más. Huelga mencionar que estas tiradas de tórtolas las más de las ve- El 11 de octubre se abrirá la veda de caza en la primera región cinegética de España L A Junta de Castilla- La Mancha ha anunciado el comienzo de la temporada de caza en la región, cinegéticamente la más importante de España. Será el domingo 11 de octubre. Durará la caza menor hasta el primer domingo de febrero y la mayor hasta el tercer domingo del mismo mes. Entre otras especies, la fauna menor se compone de perdiz, conejo, liebre, faisán, paloma bravia, mirlo común, graja y cuervo; y la mayor, de ciervo, gamo y jabalí. Las aves acuáticas tienen otros períodos de caza, como también la cabra montes. En cuanto a la codorniz, puede ser cazada en el mismo período de las especies menores en general, más en la temporadita llamada media veda que empezó el 15 de agostó y dura hasta el 20 de septiembre. La caza es para las cinco provincias de la región una estimable fuente de ingresos que se diluye a través de diversos canales (muchos hoteles casi cubren sus plazas con cazadores de otras regiones y otros países) calculada en veinte o veinticinco mil millones de pesetas y que equivale normalmente a una buena cosecha de cualquier cultivo agrícola. GARCÍA DE MORA