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VIERNES 25- 9- 87 ESPECTÁCULOS Festival de San Sebastián ABC 81 Cuerda ata los cabos sueltos de El bosque animado San Sebastián. E. R. M. Fernández Flórez tramó una historia ciertamente animada en et bosque de Cecebre. En ella, ningún bicho viviente, ni hombre, ni mosca, ni rama, se escapó de ser contado por el escritor gallego. Azcona tuvo que limar de irrealidad El bosque animado por Flórez y traspasó a guión cinematográfico sólo las cuitas humanas de La Fraga, en la que se rumorea que es el mejor trabajo de adaptación de los últimos años. El encargado de dirigir las imágenes (encargado, confiesa, en el mejor sentido de la palabra) ha sido José Luis Cuerda. Yo conocía la novela- dice Cuerda- y cuando me ofrecieron dirigir la película mi única duda era conocer el tipo de guión que se había hecho, to hojeé y vi que no había bichos en sus páginas, entonces me di cuenta de que lo podía hacer. Más tarde, ai leerlo detalladamente, pude observar que el trabajo de Azcona era tan bueno que habría de forzar mucho mi trabajo para estar a su altura. Al desbrozar de ramas y bichos las páginas déla novela se corría un gran riesgo, pues no en vano recae en ellos un protagonismo parejo al de las personas, y desde luego todo el peso del ambiente, del mundo en el que se mueven y respiran los personajes. Había que conseguir, según dice Cuerda y la lógica, que las aventuras y desventuras de los habitantes de La Fraga quedaran hiladas en la trama del ambiente, aun sin ese componente entre disparatado y mágico que propone Fernández Flórez al compaginar, por ejemplo, los deseos de la raposa con las prevenciones del granjero. En la película- dice el director- se potencian y traban las hitorias de Geraldo y Hermelinda, del ladronzuelo Malvis y del fantasma Foiz de Cotovelo, de la niña Pilara y la huraña Juanita Arruallo... Todo ello ocurrido en un bosque con corazón (no en el sentido atroz que te dio Joseph Conrad) que no ha perdido en la imagen su sentido onírico y que conserva los elementos mágicos (desde el meigueo a la santa campaña) pero siempre desde un punto de verosimilitud. Sobre su trabajo con los actores, José Luis Cuerda admite las dificultades que supone el trabajar con intérpretes tan avezados como Alfredo Landa o Fernando Rey y otros de menor o nulo pasado cinematográfico como Alejandra Grepi, Luma Gómez o José Esteban Jr. pero añade que la respuesta ha sido perfecta en ambos casos. No puede evitar un particular elogio a lo que el llama los estados intermedios de Alfredo Landa. Un actor que hasta que llega al punto más alto de su expresión, tiene unos registros interpretativos tan surtidos y magistrales que le hacen único Cualquier trabajo es susceptible de ser premiado, pero a Cuerda no se le escapa las dificultades que van a tener las películas españolas en competición para hacerse con él, ya que en las dos ediciones anteriores se quedó en casa, y un festival internacional tiene el deber de repartir juego En fin, que Cuerda, en este sentido, tiene bien atados los machos. Alicia y Barbazul se dan la espalda en el diván de Segismundo Freud Interesante interpretación de John Gielgud San Sebastián. E. Rodríguez Marchante, enviado especial ¿Quién conoce los materiales con los que se hilan los sueños? ¿Quién, la rueca? ¿Quién, a la hilandera? Si alguien, sin ser Freud, tiene respuesta para estas minucias, las tiene también para las dos películas exhibidas ayer dentro de la sección oficial competitiva, la italiana Barbablu, Barbablu y la británica The magic toyshop que patalean en el barril de lo irreal como quien pisa uvas, dejando un fondo enlodado de pellejo y mosto. La primera de ellas, Barbablu, Barbablu tuvo la osadia de ser el gallo de la jornada, de despertar al festival de su sueño para sumirto en el de su personaje, un anciano psicoanalista que ante su muerte inminente reúne en su casa a todos sus hijos y nietos. A la película se asiste, mas bien, en duermevela, pues se toma dos horas con todos sus minutos para mostrar el puñado de caracteres de sus protagonistas. Interesa la interpretación de John Gielgud y el cínico caudal que se escapa de su boca, o de la del viejo Barbazul Interesa, menos, la factura sosegada con la que el director, Fabk) Carpi, introduce el elemento onírico én una historia aparentemente real. Interesa, algo, el constatar que la nariz de Héctor Alterio, pase lo que pase, presenta un gesto perpetuo como si lo que le rodea no oliera del todo bien. Interesan, apenas, las pequeñas miserias de los tres hijos del psicoloanalista por mucho que se muestren una y otra vez. E interesa, nada de nada, el ritmo lento y tortuoso para contar sutilidades, lo que no alentaba suficientemente la curiosidad precisa para ser testigo del final. La otra película en competición, The magic toyshop dirigida por David Wheatley, trajo la carne que se le había olvidado a la anterior. Contenía ef fondo de los cuentos y la forma de los sueños (un esquema de buenos y malos presentado con ese estirar y encoger la realidad de las pesadillas) En la historia de tos tres hermanos huérfanos que pasan a depender de su tío Philip, un artesano de la madera y un maléfico animador de marionetas, se encuentran retazos de AJicia, de los hermanos Grim, de Pinocho, de En compañía de lobos y de algún que otro cuento con estrías infernales de la tradición anglosajona Si se rodea cada una de estas supuestas narraciones infantiles, detrás de ellas siempre se oculta el miedo, el horror de una nariz aguileña, una boca desdentada o una pata peluda. Wheatley ha forzado bien ese giro en The magic toyshop para que el cuento sin perder su esencia se convierta en respingo, no hasta el punto que logró Neil Jordán en En compañía de tobos pero to suficiente para que la catarata de irrealidad que hay en sus imágenes moje al espectador. Los efectos especiales juegan un discreto papel en to tenebroso de la historia, como la simbólogía de los velos blancos, tos viajes én barco, las gafas rotas, las manchas de sangre... f Stormy Weather un refrescante sirimiri musical La sección Los Olvidados se ha convertido en un disperso cajón de sastre cuya visita nunca defrauda. En él se dan cita todas las modas, géneros y estilos, donde el celuloide sirve tanto a la inventiva de tos creadores, como a la consagrada profesionalidad de tos confeccionadores. Cualquiera que sea el año de producción de la realización con que cubramos nuestra vista, nuestro espíritu se engalana. El último modelo que lucieron los espectdores les dio un aire de jovial dinamismo y alegría natural, que contrastaba con el aspecto circunspecto de quienes provenientes de otras salas reflejaban en su andar la negrura de tos trágicos amores prohibidos visionados. Fue Stormy Weather, un conjunto de números musicales hilvanados por el artesano Andrew L. Stone, con un pretexto argumental basado en la biografía artística del cantante y bailarín Bill Robinson, que él mismo interpreta. Este modelo de musical, presentado con éxito en la colección del año 1946, e íntegramente representada- por actores de color está adornada por el jazz y por algunos de sus más grandes ejempíificadóres. La consecutiva y casi ininterrumpida filmación de bailes y canciones presenta al pianista Fars Waller, al cantante y director de orquesta Cab Calloway, a la irrepetible pareja de baile Nicholas Brothers, a la más bella estatua de ébano cantante, Lena Home (todos ellos recreados en el Cotton Club de Coppola, a su paso por el célebre club) y también a Ada Brown, Katherine Dunham, Eddie Anderson y un estelar conjunto de bailarines corales. Fars Waller canta con humor y virtuosismo pianístico Ain t Misbehavin, Lena Home, rodeada de un ballet africanista canta Diga digadoo, y a dúo, con el propio Bilt Robinson, una lenta y acariciadora versión de can t give you anything but love. Y en la apoteosis final una de las mejores versiones de Stormy Weather, prolongada en una particular coreografía mostrada por la cámara que traspasa una ventana. En dicho epílogo festivo, tos Nicholas Brothers, flexibles, gimnásticos, llenos de swing y exultantes de poderío, consiguieron el aplauso unánime del público asistente, que con el mismo fervor premió la conclusión de este mito fílmico. El cine, el musical y el jazz volvieron a ganar la batalla a la vulgaridad y la tristeza. Ángel Luis INURRIA