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ABC, pog. 36- TRIBUNA ABIERTA -MIÉRCOLES 23- 9- 87 E L juicio final sobre Ronald Reagan tendrá que dictarlo la Historia, pero algo podemos ya adelantar sus contemporáneos. Si no otra cosa, el actual presidente norteamericano ha destruido sin posibilidad de remisión dos mitos que venían presidiendo la vida política occidental desde hace dos siglos: el de que la economía socializada era más efectiva que la privada y el de que la mejor forma de preservar la paz era el desarme. De tales dogmas sacrosantos para la llamada progresía, no ha dejado el actual presidente norteamericano más que astillas. Razón tienen para aborrecerle. Es mucho más barato que reconocer que se estaba equivocado. Ronald Reagan, ese actor de segunda fila, superficial, belicista, etcétera, ha demostrado, y no con palabras, sino con hechos, que esos dos pilares del pensamiento estatalista y pacifista eran una ilusión cuando no una patraña. Por lo pronto, rebajó los impuestos. Y en vez de obtener el desastre que le predecían, la economía norteamericana empezó a crecer como la espuma. Ha creado trece millones de puestos de trabajo y lleva cinco años de expansión, la más larga del último medio siglo. Su éxito es tal que todos le están copiando la fórmula, incluidos los socialistas españoles. Que la economía privada es más efectiva que la estatalizada no lo discute hoy ya ni Gorbachov. Su segundo principio parecía, al menos de entrada, más difícil de digerir, ya que se fundaba en una paradoja: para llegar a un auténtico desarme, lo primero que tenemos que hacer es armarnos. ¿Cinismo? No, pura lógica: mientras nuestros enemigos crean tener superioridad militar sobre nosotros, no tendrán ningún interés en reducir los arsenales. querido aprovechar la soledad de la sierra clausurada por el silencio de las vedas, en el hueco de una estación vacía de caracolas monteras, Alonso Valdueza ha cerrado el libro de su vida junto al campo que tanto amó. Esa última página que se pliega, tras su cumplida crónica de caballero cazador, es la cancela de un siglo de la caza en España, entornada en un luto que ya es historia. Alonso Valdueza ha puesto la palabra final a un estilo irrepetible, a un talante sin futuro, a unos días que se contarán, más adelante, de viejos a nuevos, en los fuegos serranos, en las noches de tornacaza, con los perros dormidos y las armas mudas. Don Alonso Alvarez de Toledo, marqués de Villanueva de Valdueza, llenó con su figura los anales de la caza bien hecha en nuestra entera geografía venatoria. Hombre de campo recio, amigo del limpio pueblo cazador cuya lengua y actitud hizo suyas, Valdueza cuidó con esmero, por encima de todas las otras cosas, de la tierra brava que pudo amparar. Fue uno de los creadores de la prosperidad resera de la Sierra de Gredos; montero inveterado, fue testigo de excepción de la organización del Coto Real- s u padre era montero mayor del Rey Alfonso XIII- y cooperó al rescate de la incuria de los cotos de Bohoyo y de los Riscos de Villarejo, que se con sus tres cabezas nucleares no van a ser desmantelados por el amor ruso a los euroPor José María CARRASCAL peos, sino porque se les han emplazado enAl revés, tratarán de aumentar su ventaja, frente los Pershings- 2, que tantas y tan ruidopara imponer sus condiciones en los distintos sas manifestaciones generaron en Alemania, campos de las relaciones internacionales. Holanda, Bélgica e incluso España. Si esos Sólo si se ven en inferioridad, aceptarán de- manifestantes tuvieran un mínimo de sincerisarmarse. Razonamiento que encerraba un dad y dos dedos de frente, lo reconocerían. juicio duro sobre esos rivales: los soviéticos Pero sinceridad nunca han tenido, y en cuansólo respetan la fuerza. Aparte de una actitud to a frente, sólo la necesaria para que los somucho más realista sobre las naciones, que, viéticos les pongan una y otra vez los cuercomo los hombres, se mueven más por inte- nos. reses egoístas que por las ideas sublimes. El Tratado para la Eliminación de EuromisiTriste, pero verdad. les que va a firmarse es la confirmación de Consecuente con ello, nada más ttegar a la algo que los falsos o equivocados- que de Casa Blanca, Reagan lanzó un amplio pro- todo hay- pacifistas se niegan a reconocer, y grama de rearme de los Estados Unidos. Por sin embargo, conocían ya los viejos romanos, un momento pareció que aquello iba a llevar según nos cuenta Gibbson en su obra clásica a una desaforada carrera de armamentos, tal sobre ellos: la mejor forma de garantizar la vez a una confrontación mundial, por lo que paz es estar preparado para la guerra. Es le llovieron críticas, insultos y manifestaciones algo que saben también los rusos mejor que por todas partes. Pero éf aguantó el chapa- nadie, pues lo han aprendido en su propia rrón y siguió adelante, reforzando su Ejército, carne: si Napoleón y Hitler les atacaron fue su Marina, su Aviación, e incluso creó algún creyendo que no estaban preparados para renuevo sistema de armas, como las espacia- sistirles. Y al principio no estaban. Los nueles. vos dirigentes soviéticos no están dispuestos Y de repente, otro milagro: tras un montón a confiar en el general invierno para ganar de airadas denuncias, indignadas protestas, las batallas. Quieren que las ganen sus ejérapocalípticas amenazas y palabras tronantes, citos. los rusos se prestan a negociar en condicioEn cualquier caso, Reagan va a marchar a nes que hasta ahora nunca habían hecho. Es la Historia con esos dos logros. No estaría más, aceptan no sólo el viejo compromiso de mal que hiciese el completo, logrando tamdestruir armas ya anticuadas- que han sido bién el último del terceto: demostrar que el de hecho los anteriores acuerdos nuclea- capitalismo no sólo crea más riqueza que el res- sino también el desmantelamiento de socialismo, sino también la distribuye mejor, algunas de sus armas más modernas. ¿Qué por vía natural, en vez de dejárselo hacer al ha pasado aquí? Pues, simplemente, que la Gobierno. teoría de Reagan era la correcta. Los SS- 20 Pero eso nos lo van a demostrar los prosoviéticos que apuntan a Europa occidental pios socialistas con su comportamiento. sin pistas, cercas ni vehículos. Una panoplia que én España apenas habrán colgado tos caPor Francisco LEÓN zadores que se cuentan con una mano, lohicieron famosos en el macizo. En El Casa- gradas con la verdad de una afición íntima y rejo y en Azagala Valdueza fue precursor auténtica; una hazaña que nadie contó y todo de la moderna gestión de fincas de cervuno: el mundo sabía. con una disciplina y rigor de tal categoría que Hubo otra historia secreta en su pulso vital. en sus últimos años declaró, al hacer balance de sus piezas, que un buen venado, lo que Valdueza hizo gala en todas sus actitudes se dice un buen venado, nQ he tenido la camperas de lo que ha sido blasón generoso y constante de los grandes cazadores: ía prosuerte de tropezarlo en mi vida. tección a la Naturaleza. Una conducta mantePocos saben ahora que Alonso Valdueza, nida en silencio y con eficacia, cuando la antes de montero excepcional fue una de las conservación de la fauna singular estaba aún primeras escopetas de España, cuya veloci- lejos siquiera de nacer. En la extremeña dad con las perdices anduvo en coplas. Pero Azagala siempre llamaron a las águilas imValdueza inscribió su nombre en la historia periales y las cigüeñas negras la aviación del de la montería por dos razones envidiables: marqués, incólume y sin riesgos allí donde en primer lugar, por su rehala, que ha sido llegaba su celo. puntera entre las mejores, y no hay montero que sepa pisar una sierra que no mencione a Hace poco más de un año, la revista Trosus perros con el respeto de la devoción. feo recogió la que habría de ser última enQuiso fijar genéticamente la mezcla de los trevista con Alonso Valdueza. Un montero de mastines ligeros con los podencos; tos val- España le llamábamos, transcribiendo la posduezas, llamaban en el campo a sus produc- trera sentencia de su magisterio: mientras tos, acollerados por Pedro Castro, el estupen- haya hombres cultos, habrá caza. Valdueza do podenquero de Piedrabuena que tantas era la caza y ahora no está. Le lloran por tos manchas cubrió de gloria con una recova que cuatro rincones dei campo guardas y podensigue en pie. Y la última razón, la legendaria, queros, monteros y maestros de sierra, porsus nueve piezas autóctonas de caza mayor, que saben que el viejo hidalgo de Avila ha los nueve grandes de la baraja española, cerrado un hermoso libro que nadie volverá a conseguidas cuando las sierras se cazaban escribir. DOS MITOS c I O M O si hubiese ALONSO VALDUEZA, MONTERO DE ESPAÑA