Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LUNES 21- 9- 87 ESPECTÁCULOS Crítica de teatro A B C 87 Título: Grande Place Autor: Mario Onaindía. Adaptación y dirección: Francisco Obregón. EsTítulo: Dios está lejos Autor: Marcial Suárez. Dirección: Emilio Hernández. Escenografía: cenografía: José Ibarrola. Música: Juan Carlos Toni Cortés. Iluminación: Josep Solbes. Intérpretes: Mercedes Sampietro, Héctor Colomé, Mar- Irizar. Teatro Geroa. Actores: Javier Alday, Izasgarita Calahorra, Fabio León, Daniel Dicenta, Cesáreo Estébanez, Joaquín Molina, Carlos Ka- kun Asua. Yolanda Beguiristáin, Juanlu Escudero, Kepa Gallego, Juan Carlos Garaizábal y Manakiowsky, Isidoro Barcelona. Teatro Español. n u e l M o r e n o C í r c u l o de B e l l a s A r t e s Dios está lejos vigoroso drama negro de Marcial Suárez Grande Place Onaindía aventa sus fantasmas Marcial Suárez, autor de larga lucha, premio Calderón, historiar de aciertos considerables- citemos tan sólo Las monedas de Heliogábalo ve subir ál escenario del Español su obra Dios está lejos ocho años después de que fuera distinguida con el premio Lope de Vega. Quede la referencia como reprobación a los rectores- cada cual en su e s c a l ó n- del teatro que se hace en España. Ni ahora ni en 1979 Dios está lejos pertenecía al lote monótono Mercedes Sampietro de las obras que se representan- autóctonas o importadas- en la temporada. Clasificar es un vicio tecnológico de la crítica. Clasificar y emplazar. Pues bien: Suárez no se presta a ese juego. Su drama, ¿es un drama policiaco, psicológico, de crítica social? Es las tres cosas y algo más. Es un cuadro social extremadamente violento, impregnado de acción, en el cual el suceso que parece formar el núcleo del drama no es otra cosa que el punto dónde se encuentran una serie de vectores del comportamiento humano que al oponer sus direcciones originan la tensión o tensiones de las que brota la situación dramática. O sea, yerdera teatro. Teatro de pensamiento en eíque éste no se expresa por medio de discursitos, sino por los actos de los personajes. Todos ellos- e l juez, la prostituta, el comisario de policía, el hermano de la ramera- obedecen a las reglas del cuerpo social a que pertenecen. Si el juez, que individualmente es un insensato, duda, no es sólo por lo que la mujer haya impresionado sus sentidos. Es porque la ceguera de la Justicia suele debatirse entre indicios que se contradicen más allá de las fronteras de conocimiento que separan los distintos comportamientos de las clases sociales. El Comisario profesa el amor a la violencia y a las decis i o n e s t e r m i n a n t e s p r o p i a s de u instrumento social dispuesto a tomar los medios por los fines. La mujer es ramera por la imposibilidad de ser otra cosa, instrumentalizada por el marido que a su vez es víctima dé la sociedad. El hermano es el personaje tornasolado, quizá demasiado complejo e intelectual para el modesto, estamento cultural en que se mueve. Por la acción, por la implacabilidad y sordidez de los sucesos, la obra recuerda a algunas novelas de Dashiell Hammet, el gran novelista americano muerto hace un cuarto de siglo, uno de los padres de la llamada serie negra Dios está lejos puede ser un drama de serie negra. Realismo con fondo romántico. Apegamiento a una circunstancia social precisa. Ese oficial del Juzgado que cala al nuevo juez apenas llegado y le plantea cínica complicidad es, no puede dejar de serlo, un funcionario de una región perfectamente conocida por el autor. Satisfecho ya por haber hallado una fórmula, Dios está lejos drama de serie negra, el. crítico, como esos personajes, se halla presionado. El espacio es su presión. La acción no tiene desmayo. Su encadenamiento es lógico, causal, los personajes dialogan con veracidad. Interesan, sorprenden. Hernández le ha dado a la pieza un montaje expresionista, sombrío. Un nido de realidad concreta: el cuarto, giratorio, de Rosario. Abstractos jirones de realidad, los otros espacios. Movilidad cinematográfica. Luces y sombras expresionistas de serie negra norteamericana, a veces de Fassbinder, se insinúa. Los personajes actúan con cierta exasperación. Parecen ser conscientes de estar ante un suceso inevitable, luego trágico. En trágica está la clave de Mercedes Sampietro al dar crispación a la desesperada sorpresa de la mujer, verdadera víctima del drama. Un trabajo valiente y coloreado. Colomé expresa bien el determinismo, insensato, joven, de un juez más apasionado por la veracidad que por las formas convenientes. Margarita Calahorra es, como suele, un caliente trozo de realidad. Molina, un comisario de serie negra duramente perfilado. Todos los demás, ya citados en el raparto, recargan el claroscuro del montaje y lo hacen bien. Daniel Dicenta pone en pie un tipo contradictorio, inteligente, tierno y cruel, cínico y oportunista, quizá incestuoso. Los tornasoles de su composición gestual dibujan vigorosamente las aristas de su personajeCompleta el claroscuro expresionista del tratamiento, de manera imprescindible, el cuartito giratorio, y su aspecto, producido por Toni Cortés, la buena distribución superespacial de los otros elementos recortados sobre negro y lo subraya perfectamente el ámbito psicológico la aportación musical, atenida a las reglas del cine. Marcial Suárez ha trabajado con duro cincel su drama. Cuando tanto y tan frivolamente se improvisa hoy, esa actitud merece respeto y justa estimación. Su teatro es teatro. No puede decirse tal cosa todos los días. Lorenzo LÓPEZ SANCHO PROMOCIONES GARCÍA DOMÍNGUEZ, S. A. La Sociedad Promociones García Domínguez, S. A. ha cambiado el domicilio social del actual que tiene en la calle Ayala, número 18, de Madrid, al de paseo de la Castellana, número 40, edificio Saudes- Bank, también de esta capital. Madrid, i 8 de septiembre de 1987. -El administrador único. De Grande Place, novela de Mario Onaindía- que mantiene una continuada actividad literaria en los ratos que roba a su actividad política en Euskadiko Ezkerra- ha nacido esta obra t e a t r a l cuya adaptación firma Paco Obregón, director del grupo Teatro Geroa. Onaindía define su novela como un texto intimista, en el que, a la Mario Onaindía par de una historia de amor, recoge una reflexión sobre una generación entre los treinta y los cuarenta años, marcada por los avatares de una actividad personal más allá de la política de las palabras. En Grande Place, Mario Onaindía aventa sus fantasmas: los protagonistas, un etarra extrañado a Bruselas y. su mujer, Josu y Jone, se reúnen en Bruselas, después de que él haya pasado varios años en la cárcel, y mantienen un combate de amor y ajuste de cuentas con el pasado. El recuerdo de su primer beso sé mezcla con el de la primera vez que Josu tuvo una pistola entre las manos, el de sus encuentros amorosos con el de los interrogatorios; su historia íntima se ve continuamente salpicada por las consecuencias de la actividad terrorista de él. Y es en esa bisagra que articula sentimientos y acontecimientos donde la obra encuentra sus momentos de mayor emoción, cuando Jone, a la vez que maldice la política, enumera sus angustias, sus privaciones de afecto, el haber dado a luz una hija que no conoce a su padre... Un pasado que gravitará siempre sobre sus vidas como una losa y que poblará de pesadillas sus sueños. Con todo, el conjunto, que tiene la textura de un lienzo sin desbastar, pisa con frecuencia los dominios del tópico, engatillando mank das situaciones de víctimas y torturadores, y dejando notar en algunos momentos el origen novelístico de la pieza. Los intérpretes, que actúan con ese entusiasmo desbordante tan propio de grupos independientes que rozan el amateurismo, suplen con frescura y esfuerzo sus lagunas técnicas y luchan como pueden contra las condiciones del local, una sala estrecha, en cuyos márgenes se colocan los espectadores; el centro lo ocupa una plataforma oblonga de rejilla sobre la que transcurre la representación con mínimos elementos escenográficos: un lecho blanco en medio del escenario, una mecedora, una cuna... Grande Place es, en suma, un irregular descargo de conciencia, una reflexión en voz alta en una situación en que, desde ciertos sectores intransigentes hasta la reflexión pue de ser interpretada como traición. Juan I. GARCÍA GARZÓN