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LUNES 21- 9- 87 DEPORTES A- B. C 63 1- 0: En el estadio celeste no hubo sitio para las estrellas del Atlético Ganó el Celta, mucho más luchador, con un autogol de Arteche Vigo. Ignacio Torrijos, enviado especial El Celta demostró que, por ahora, cualquier equipo valiente puede ganarle al Atlético de Madrid. Los vigueses lograron su primera victoria en Balaídos ante los rojiblancos. El azar del gol no debe engañar a nadie: el Atlético mereció ese contratiempo por su insuficiente garra ante un equipo que sólo podía vencerle por medio de la gallardía. En el estadio celeste no hubo más brillo que el del sudor céltico. Apareció desatado el Celta. Diríase que no había salido del vestuario, sino de una jaula, con la comezón de picar en todo lo que encontrase. Del Atlético no puede decirse que saliera así o asá. Más bien parecía que no había salido. Era un Atlético con constelado de estrellas aún ausentes, y enfrente había un Celta constelado de deseos y empeños. Era el Celta de Vigor más que el Celta de Vigo. La esperanza del Celta se levantaba en celosas vigilancias y ardientes anticipaciones. Atilano le calentaba el occipucio a López Ufarte; Rodolfo, a Julio Salinas, y Noli, á Futre. Tardaron mucho estos rijiblancos en poder tocar el cuero. En la media también había más coraje celeste que brillo atlético. El balón era del Celta solamente, y a fuerza de poseerlo le dio cierta utilidad cerca de Abel. Una buena jugada de Zambrano, en el minuto cinco, terminó con remate fallido de Atilano. Un desvarío de remate, sólo frente a la puerta. Después tiró fuera Julio Prieto, jugador ex atlético, que en el Vicente Calderón se distinguió por su dedicación a cortar el juego, y ayer, en Balaídos, por su afán de cortarle la respiración a Alemao. Algo más hizo Julio Prieto, a fin de rectificar su fama de hombre tosco: unos toques de balón consecutivos, con engaño al rival, sin que la pelota pasase al suelo. Fino y muy aplaudido. En Madrid era campestre recadero, o bien fogoso aduanero, o bien persuasivo guardaespaldas. En Vigo, sin embargo, puede ensayar delicadezas de figura sin pedirle permiso a nadie. Más ocasiones tuvo el Celta. Un remate de Zambrano pasó a ser córner. Peligros aislados, mientras el Atlético ejercitaba la virtud de la paciencia, generalmente bien recompensada. Según el público vigués, esa recompensa fue que el arbitro no pitó un penalti de Tomás a Nacho, en el minuto veintiséis. Alboroto de rigor, enorme vocerío, cemento pateado, etcétera. Con todo esto, tan sonoro y excitante, pareció recordar el Atlético que estaba allí porque participaba en un encuentro de fútbol. Y púsose a jugar un poco, un ratito. El vertiginoso Futre complació entonces a rp Meridiano deportivo LOS SEGUROS No me refiero a los que van á cubrir los riesgos de lesiones de los jugadores en los partido, entrenamientos y viajes del equipo nacional de fútbol, sino a los que son jugadores fijos en la mente del seleccionador Miguel Muñoz, llamados al encuentro con Luxemburgo el próximo miércoles en el estadio de Castalia, de Castellón. Ellos son seguros en el equipo representativo español desde los últimos tres años, con alguna variante por lesión o baja que deja sitio a otro jugador entero y en alza. La convocatoria de la selección A está tan definida que es una alineación anunciada: Zubizarreta, Chendo, Sanchis, Andrinúa, Julio Alberto, Víctor, Míchel, Gallego, Gordillo, Butragueño y Salinas, con Buyo, Quique, Calderé, Martín Vázquez y Carrasco relevistas en el segundo tiempo. De estos cinco últimos llegaron a tener sitio fijo los barcelonistas Calderé y Carrasco, pero lo perdieron. La aportación del Real Madrid, con ocho jugadores, es abrumadora. Y si no pone nueve es por la lesión y baja de Camacho, el jugador que más partidos ha jugado en la selección nacional. Le ha sustituido bien Solana en el Real Madrid, pero Muñoz no ha ascendido a la selección al segundo zaguero izquierdo blanco, sino que coloca a Julio Alberto con toda lógica, porque el barcelonista era ya casi un primero nacional. O sin casi. Todo el Madrid es internacional. Martín Vázquez iba con el equipo sub 21 y ahora ya está con los mayores, pero no cabe. Está llena la selección con sus propios compañeros de equipo y con el cupo de los barcelonistas, entre los que ahora no está Roberto. El meta Buyo se halla en mejor forma física que Zubizarreta. Da esa impresión. Sin embargo, la clase. del bilbaíno, barcelonista merece respeto y hay que mantenerlo, pero si no recupera acción más dinámica caerá como cayó Arconada, porque ahora no hay senadores vitalicios. Julio Salinas vuelve al equipo nacional casi al mismo tiempo que ha vuelto a ser titular en el Atlético de Madrid. Ha caído el pequeño gijonés Eloy, y milagro será que no haya perdido el sitio e incluso la reserva para siempre. Gordillo es el viejo de la selección. Tiene mérito su conservación y su recuperación. Butragueño se halla en forma, más fuerte y sólido que en la temporada anterior. Míchel y Gallego, Chendo y Sanchis son parte de la gran plataforma blanca. Andrinúa no tiene competidor conocido, y Víctor se sostiene como valor individual, esté como esté el Barcelona, pero podría caer en cualquier momento, porque Martín Vázquez empuja mucho y trata de meterse en ese eje que el Madrid monopoliza. En suma, una selección con tanto madridista, de un buen Real Madrid, es un equipo conjuntado, que no es poco en una selección nacional tantas veces deshilvanada en el transcurso de la historia. GILERA Hjfl Futre demostró en Vigo sus excelentes condiciones para el fútbol de ataque Ficha técnica Celta de Vigo: Maté, Atilano, Hagan, Noli, Rodolfo, Julio Prieto, Vicente, Nacho, Zambrano (Albelo, minuto 80) Lucas (Moyano, minuto 86) y Baitazar. Atlético de Madrid: Abel, Tomás, Arteche, Sergio, Quique, Parra, Landáburu, minuto 46) Alemao, Marcos (Marina, minuto 61) López Ufarte, Julio Salinas y Futre. Arbitro: Pérez Sánchez. Deficiente. Tarjeta amarilla a Arteche y Nacho. El gol: 1- 0 Minuto 58. Carrera de Julio Prieto por la banda, superando a Sergio. Arteche quiere cortar el pase y marca en propia puerta. Incidencias: Veintiocho mil espectadores en el estadio de Balaídos. los huéspedes portugueses. Un detalle. Encontró, por fin, el balón y le dio. el debido curso. Arrancaba y frenaba en una décima de segundo. Sólo el portero Maté, que no tenía que seguirle, sabía dónde estaba, y en el minuto treinta y cinco le vio aparecer repentinamente en el borde del área, levantar la cabeza- sí, a veces lo hace- y enviar el balón a la frente de Julio Salinas, que remató fuera. Podía interpretarse, con mucha benevolencia, que ya teníamos allí al Atlético de Madrid, o de Gil y Gil, o de Menotti. Para satisfacer su deseo de chutar a puerta con el pie, el Atlético tuvo que esperar a que el Celta hiciera una falta cerca del área. Sucedió eso cuando ya había comenzado el segundo tiempo. Landáburu, que había sustituido a Parra, tiró y el balón pegó en la escuadra. Rebotada en la madera, la pelota, junto a la puerta, fue a los pies de Tomás. ¡Gran ocasión! Pero ya se sabe cómo son los pies de Tomás cuando se empeñan. Buenos son ellos a nada que se lo propongan... Se lo propusieron: en urv periquete el balón fue remitido a la parte alta de la grada. Era un síntoma de reatíción. Pero inmediatamente después Arteche marcó en propia puerta. Una desgracia por la cual el Celta había luchado con ahínco. Después de esa contrariedad, el Atlético confirmó que no es lo mismo el ansia que el coraje. Tuvo la aspiración de empatar, no hay duda, pero sin contribuir a la causa con la voluntad necesaria. Sus avances fueron caóticos. Futre se convirtió en un topo, subterráneo y ciego. Todos perdieron el rumbo. Por el contrario, Rodolfo, otro ex atlético, aleccionó a sus antiguos compañeros acerca del don de la anticipación. Noli, al frente del resto, desbarató otros tímidos intentos de asalto. El Celta estaba más cansado, pero se conservaba también más gallardo. Corría más, peleaba mejor, eran apreciables sus agallas. Al final terminaron los célticos con la camiseta sudada, pero despejada, limpia, porque allí, en esa tela celeste, no habían dejado sitio para ninguna estrella...