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JUEVES 10- 9- 87- ESPECTACULOS ABC, pág. 75 Louis Malle le arañó el oro al León predestinado para Ermanno Olmi Ana Belén no logró por un voto el premio de interpretación femenina Venecia. E. Rodríguez Marchante, enviado especial Finalmente se despejó una incógnita, que ya no lo era para nadie: La RAÍ ha sido la gran vencedora de la Mostra, la que se ha llevado el León al agua. De color del oro para la película de Louis Malle, Au revoir les enfants y de color de plata, compartido con James Ivory, para el de Ermanno Olmi, Larga vida a la señora Por si hubiera alguna duda sobre su victoria, la RAÍ ha sido quien, desde el eslabón de su cadena, transmitió para. todo, el mundo la ceremonia de entrega de sus premios. Del mismo modo que se puede hablar con claridad del gran vencedor, otro tanto ocurre con el perdedor; a simple vista aparece el nombre de Silvio Berlusconi, a pesar de que la película que presentaba, Las gafas de oro de Montaldo, haya sido premiada por su escenografía y vestuario, galardón que, como los otros, ha sido conocido a través de las imágenes de su competidora. Los restos del palmares se pueden considerar variados y surtidos, como una caja de pastas inglesas. Con guinda, el premio a la interpretación masculina, que recayó en la pareja protagonista de Maurice James Wilby y Hugh Grant; con azúcar en polvo, la interpretación femenina, para la dulce coreana Kang Soo- Yeon, por su trabajo en Sibaji con fruta, para el carnoso guión de David Mamet, y su excelente película La casa del juego con una pizca de nada, para la escandinava Hip, hip, hurra que se ha hecho con el premio especial del Jurado. Desde que salió a escena, el filme de Louis Malle estuvo considerado como el más firme candidato al gran premio; no sólo enterneció su Au revoir les enfants sino que también lo hicieron sus posteriores declaraciones, tan a corazón abierto como el propio filme. Del mismo modo que la crítica no se pudo resistir al doble ejercicio de sinceridad vertido por el cineasta francés, el Jurado, altamente sensible en esta edición, no tuvo otra opción que ponerle el León en la boca, aunque; a nadie se le escapaba que lo que se hubiera querido en Venecia era más bien ponerlo en la boca del león (aún no se ha perdonado en Italia el revés que el festival de Cannes propinó a su cinematografía) Si la película de Louis Malle no hubiera sido tan sumamente efectiva (creo que es ésa, la efectividad, su mayor cuali- dad) los franceses no hubieran olido en Venecia ni los aromas del canal. Si otorgar el oro le ha costado al Festival un disgusto, hay que figurarse que en la plata el esfuerzo ha sido doble: hubo que darle la vuelta a la piedra y convertir en plata lo que se consideraba oro, y en eso se quedó la película de Ermanno Olmi, Larga vida a la señora que, además, hubo de repartir medio león (no se especifica si cabeza o cola) con James Ivory y su esforzado Maurice Ivory, en cambio, que había desaparecido del horizonte en la competición, por ser su película una de las primeras en proyectarse, ha sido el único que le ha hecho sombra a la RAÍ con dos premios. Uno de ellos, al alimón a sus dos protagonistas, otorgado por el Jurado a pecho descubierto, que se ha dejado en sus deliberaciones nombres de tanto prestigio internacional como el de Gian María Volonté, Philip Noiret y el propio Francisco Rabal. La juventud y delicadeza de los dos actores británicos ha pesado más en un jurado, como se ha dicho, muy sensible, que el eco del prestigio. De la actriz coreana galardonada bástese decir que sus ojos ya híptonizaron a toda la sala durante la proyección, lo que, unido a la buena factura de la película y a sus particulares capacidades, ha sido definitivo a la hora de juzgar. A las puertas se han quedado otras preciosas miradas y otros excelentes trabajos. Es el caso, entre más, de Ana Belén, que no logró el premio por un solo voto, según un miembro del Jurado, y de Lindsay Crouse, la magnífica intérpete de Casa de juego Ha sido precisamente esta película, La casa de juego de David Mamet, la juzgada con mayor precisión, premio al nudo marinero y perfecto de su guión. Si bien es cierto que a su preciosa y anudada historia le acompañaban todas las cualidades como para dejar a la RAÍ desleonada, pero como esto hubiera sido una osadía digna de Houdini, se ha dejado la magia para mejor ocasión, y del sombrero de copa sólo han salido conejos, como tiene que ser. Aunque, entre el veo y no veo del Jurado, puede que se les haya escapado un gato, precisamente en su premio especial, que ha ido a parar a las manos de Kjell Grede y a su peculiar película Hip, hip, hurra Y puede que, en vez de conejo, sea gato porque de vez en vez araña. Finalmente, no se puede obviar de entre todo el racimo de galardones la mención otorgada al húngaro Miklos Jancso y su Estación de los monstruos Este premio venía acompañado de la textual coletilla por la coherencia, con la cual, en un rápido período de evolución en el lenguaje cinematográfico, prosi- Louis Malle gue sin renovar su riqueza expresiva Esto, como se puede observar, son palabras envenenadas, y más después de haber sido testigo presencial de su película. No le ha faltado nada, en definitiva, a esta primera Mostra tejida por Biraghi: a la más que notable selección competitiva del certamen han estado unidas varias singulares batallas, la de las televisiones; la de Biraghi y Guian Luigi Rondi, anterior director del festival; la sordísima entre Biraghi y la RAÍ, sin principio ni fin; la de las cinematografías francesa e italiana... Las brujas de Eastwick La película que clausura un festival de cine debe, entre otras cosas, asumir lá responsabilidad de enjugar las lágrimas de vencedores y vencidos. Las brujas de Eastwick que cerró anoche la XLIV edición de la Mostra, no solo no enjugó ninguna lágrima sino que incluso vino a poner más en los ojos de todos. Una llantina de risas producidas por las dos hilarantes horas de cine tejidas por el australiano George Miller. Las brujas de Esatwick está basada en la novela de John Updike y lo que ha hecho Miller es buscarle las cosquillas. Los personajes son los que sigue: un ser demoniaco, Daryl van Horne, encarnado por el diablillo Jack Ntcholson; tres brujas estupendas, Michelle Pfeiffer, Susan Saradon y Cher; una cuarta, que es la más bruja de todas, el personaje instigador que encama Verónica Cartwright, y su estirado marido, Richard Jenkins. La acción es, por consiguiente, un perfecto amasijo de personajes y sal: un diablo con ganas de divertirse, tres señoras con el diablo en el cuerpo, la directora del periódico local con un humor de mil diablos, y su marido, que es un ángel; todo ello en el recipiente agujereado de un pequeño pueblo donde, hasta que hace efecto la mezcla, la vida transcurría entre músicas y buenas maneras. Francia selleva por tercer año consecutivo el León al agua León de Oro: Au revoir les enfants (Adiós muchachos) de Louis Malle (Francia) León de Oro Honorífico: por su carrera cinematográfica a Joseph L. Mankiewicz y Luigi Comencini. León de Plata: Compartido por Maurice, de James Ivory (Gran Bretaña) y Lunga vita a la signora, de Ermanno Olmi (Italia) Premio Especial del Jurado: Hip, Hip, Hurra, de Kjell Grede (Dinamarca) Interpretación Femenina: Kang- Soo- Yeon por su trabajo en Sibaji (Madre de alquiler) de Kwon Taek im (Corea del Sur) Interpretación Masculina: Ex aequo para los británicos James Wilby y Hugh Grant por Maurice, de Ivory. Fotografía: Hip, Hip, Hurra. Escenografía y ambientación: Gli occhiali déoro (Las gafas de oro) de Giuliano Montaldo (Italia) Guión: House of games (Casa de juegos) de David Mamet (EEUU) Música: Richard Robbins (Gran Bretaña) por Maurice.