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JUEVES 10- 9- 87 LA MAYOR TRAGEDIA DEL CUERPO DE BOMBEROS ABC 31 Hoy, mañana y pasado, declarados de luto oficial por el Ayuntamiento Habrá un monumento al bombero en la plaza del Carmen Madrid. Fue tanta la gente que quiso testimoniar el pésame a las familias de los bomberos fallecidos y dar a éstos el último adiós que, el acto de imposición de las Medallas de Oro de Madrid, concedidas por un decreto del alcalde, tuvo que celebrarse en la plaza de la Villa, para que todos pudieran asistir. Previamente, en el Patio de Cristales donde se instaló la capilla ardiente, el obispo, monseñor Fernandez Golfín oficio un responso. La capilla ardiente fue instalada a las cineo de la tarde. Desde una hora antes se había congregado numeroso público en la plaza de la Villa, tanto que al Patio de Cristales sólo se permitió la entrada de los familiares muy allegados, lo que originó algunas protestas. Pero se temía el excesivo peso en el edificio, no obstante todo el mundo pudo desfilar por la capilla sin mayor problema. Bomberos y policías, en uniforme de gala, montaron guardia ante los féretros. A esta guardia se sumó otra, espontánea de los bomberos en traje de trabajo que fueron relevándose pues todos querían rendir homenaje y dar escolta a sus compañeros muertos. El Patio de Cristales estaba lleno de coronas de flores llegadas de todos los Parques de bomberos de España. Se decidió sobre la marcha que la imposición de medallas se haría en la plaza, para que pudieran asistir todos sin mayores problemas. Con el alcalde y la Corporación en pleno, el presidente de la Comunidad, Joaquín Leguina, la delegada del Gobierno, Ana Tutor, el consejero Virgilio Cano, y varios diputados, entre ellos Luis Eduardo Cortes presidente de AP de Madrid. El secretario general del Ayuntamiento, Mario Corella, leyó el decreto del alcalde de concesión a cada uno de los bomberos fallecidos heroicamente en acto de servicio. Dio lectura también a otro decreto de la Alcaldía por el que los días 10, 11 y 12 se declaran de luto oficial en la Villa. El alcalde, Juan Barranco, impuso las medallas, se guardaron unos minutos de silencio y después testimonió su pesar a las familias, al igual que las demás autoridades. Mientras se esperaba en el Ayuntamiento la llegada de los féretros, el alcalde se reunió con los bomberos, que en gran número, puede decirse que la casi totalidad del Parque salvo los que estaban de guardia, quisieron asistir al solemne acto municipal. Barranco prometió a los bomberos atenderles en todas sus peticiones, conceder becas a los huérfanos y trabajo a las viudas, poner todos los medios para que tragedia semejante no vuel- va a repetirse, exigir responsabilidades y levantar en la plaza del Carmen un monumento en memoria de los bomberos fallecidos y en homenaje al Cuerpo de Bomberos madrileño. Una profesión mal pagada y falta de efectivos Madrid. Otr La muerte de los diez bomberos ha reabierto la polémica entre estos profesionales sobre las condiciones laborales y retributivas y sobre su seguridad personal. Un número ordinario del parque de bomberos de Madrid cobra millón y medio de pesetas al año, y los sueldos pueden ascender, según su cargo y responsabilidad, hasta los tres millones y medio que recibe un oficial titular. Esta es la tónica general en otras ciudades españolas. Este salario, equiparable al de un auxiliar administrativo, no recoge ni las posibles retribuciones por nocturnidad, ni por retribución de. horarios, ni por riesgos laborales. En caso de accidente, las administraciones locales asumen los gastos que se puedan ocasionar. En los últimos años las reivindicaciones del cuerpo de bomberos se han centrado en la exigencia de un código profesional. En España los bomberos no disponen de ningún estatuto específico en el que se delimiten sus competencias profesionales, siendo utilizados en multitud de ocasiones para tareas que no les corresponden. La preparación física de los bomberos corre- salvo excepciones- por cuenta del propio trabajador, que no dispone, lógicamente, de ningún plan racional de entrenamientos, ni de un director técnico que lo pudiera asesorar. Nuevo día de luto y conmoción en el entierro de los últimos cinco bomberos rescatados Madrid Los restos mortales de los últimos cinco bomberos rescatados recibieron sepultura en la tarde de ayer. Juan José Gómez Magro, Manuel Molina Río y Ángel González Soto fueron trasladados al cementerio de la Almudena. Francisco Madueño Suárez fue enterrado en Sah Sebastián de los Reyes y Julio Honrrubio Barona en su localidad natal, Sepúlveda. Una docena de autocares fletados por el Ayuntamiento y una larga cofa de automóviles privados acompañaron los féretros de los tres bomberos que fueron enterrados en el madrileño cementerio de la Almudena. A las siete y media de la tarde el cuerpo de Ángel González era incinerado por voluntad propia. Tenía treinta y tres años y, adscrito al parque de San Blas, había ingresado en el Cuerpo el 15 de marzo de 1982. Los restos de Juan José Gómez y Manuelo Molina recibían cristiana sepultura a la misma hora. El primero de ellos, amigo personal del alcalde, tenía veintiocho años y había ingresado en el Cuerpo hace sólo siete meses. Estaba adscrito al parque del barrio del Pilar. Manuel Molina deja viuda y dos hijos. Pertenecía al cuerpo desde el 1 de junio de 1986. El alcalde, Juan Barranco, acudió acompañado por otros miembros de su equipo de gobierno. También estuvieron presentes los representantes del resto de los grupos políticos municipales. La localidad de San Sebastián de los Reyes vivió también ayer una jomada de luto en el entierro de Francisco Madueño Suárez. Su cuerpo fue trasladado desde la Plaza de la Villa, donde se les impuso la Medalla de Oro de Madrid. El Ayuntamiento cerró al tráfico rodado la calle Mayor así como otras vías Centenares de personas, entre los que se encontraban los miembros de la Corporación Municipal, aguardaban en el cementerio local la llegada del féretro. Poco después de las siete y media de la tarde, compañeros del Cuerpo entraron a hombros el féretro de Francisco cubierto con la bandera de España. En ese momento, las escenas de dolor se multiplicaron. Después de un sencillo acto, y tras la emotiva despedida de todos sus vecinos, el cuerpo de Francisco Madueño, de treinta y cuatro años, casado y con dos hijos, que había ingresado en el Cuerpo en noviembre de 1978 quedó enterrado para siempre. Alrededor de las nueve era enterrado en Sepúlveda el bombero Julio Onrubia. El cadáver y los bomberos que le acompañaban fueron recibidos con aplausos por unos dos mil vecinos de la localidad segoviana. El furgón se dirigió hacia la Casa Consistorial, donde esperaba la Corporación Municipal, el gobernador civil de Segovia, así como concejales de Madrid. Información elaborada por Maite Alfageme, Angeles del Pozo, María González Vegas, Juan Francisco Alonso, Agustín de Grado, Pedro Narváez, Enrique Meléndez, Sebastián Basco, Ricardo Domínguez y César de Navascués. Fueron reconocidos por las huellas dactilares Madrid Los cadáveres de tres de los bomberos rescatados ayer por la mañana llegaron al Instituto Anatómico Forense alrededor de las diez y media. No había en las dependencias del Instituto ninguno de los familiares de los fallecidos, a quienes se había recomendado que se dirigiesen a la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor. Sólo una representación de los compañeros que han realizado las tareas de rescate. Comentarios vagos entre los miembros del equipo técnico de los servicios especiales, algunos policías nacionales y varios motoristas de la Policía Municipal. Creo que han llegado destrozados; los han reconocido por las huellas dactilares se explicaban unos a otros en voz baja. Cuando eran cerca de las once y media, llegó el cuarto, que al parecer estaba visible desde primeras horas de la mañana, pero su extracción fue más laboriosa. Era Julio Honrubia Varona. Un bombero con uniforme informal llegó al Instituto conduciendo una ambulancia roja. Al parecer los familiares de uno 1 de los fallecidos habían expresado su deseo de qué fuese enterrado con el uniforme.