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JUEVES 10- 9- 87 OPINIÓN -ABC póg. ESUCITADA por el socialismo catalán, -ha recuperado imprevista actualidad la vieja idea federalista. Hay que reconocer la firmeza y claridad de Benegas al rechazar el federalismo, alineando a la dirección del PSOE con la Constitución. Como suele ocurrir en estos casos, en los que prima la estrategia política sobre la verdad teórica y sobre la experiencia histórica, del federalismo no se están haciendo otras evaluaciones que las meramente oportunistas. Así, se dice que la tradición socialista es favorable al federalismo o partidaria de este sistema. Sin embargó, ni en la elaboración de la Constitución de la II República ni cuando se debatió la redacción de nuestra Constitución actual el socialismo intentó que España adoptara un régimen federal. Tampoco es cierto, en términos de rigor teórico o histórico, que el establecimiento de un Estado federal necesite la previa existencia de soberanías independientes que acuerdan unirse. Lo mismo que se definió un Estado de las autonomías pudo definirse un Estado de base o estructura federal, puesto que la unidad. nacional que el federalismo supone y reclama en nada es inferior a- la unidad de autonomías diversas. Y ahí están como demostración indiscutible los ejemplos de Estados Unidos y de Suiza- como más conocidos o destacados- para acreditar que federalismo no es equivalente a disgregación nacional. La anómala traca cantonalista- tan lamentablemente propia de nuestros extremismos celtíberos- -abortó una idea de considerable valor político. Ahora, sin embargo, carecen de sentido las proposiciones federalistas. Ante todo, porque el sistema establecido en la Constitución es de autonomías y preciso sería emprender nada menos que la entera reforma del Título VIII del texto constitucional. Reforma cuyas consecuencias, tal y como ahora aparece conformada la realidad política española, nadie, ningún partido ni consenso entre ellos, sería capaz de limitar. Pero ocurre, en segundo lugar, que los fallos más aparentes del sistema ele autonomías no se deben a otra cosa que no sea, en definitiva, la resistencia del centralismo administrativo R LA CUESTIÓN FEDERAL al reconocimiento completo y puntual de las competencias autonómicas y de los presupuestos que necesitan. Así, son frecuentes las críticas alarmadas ante el terrible coste del sistema o Estado de las autonomías. Pero si el Gobierno central no mantuviera duplicadas las funciones administrativas y redujese sus esquemas burocráticos al mismo ritmo al que se expande la Administración autonómica, ¿podría seguirse hablando dejan coste presupuestario insoportable? Fácil es deducir que si se mantiene el mismo criterio de no reducir los efectivos de la Administración central- -pese a las autonomías en expansión- nada se ganaría, en este aspecto fiscal, con un cambio constitucional que estableciera el federalismo. L problema del deterioro del servicio de Correos- deterioro grave, acelerado, lleno de riesgos- es un problema político: un problema de desinformación o de indecisión del Gobierno, incapaz de abordar en loda su magnitud un asunto clave, de los que afectan al sistema medular de la nación. Una sociedad europea que carece de un servicio postal fiable es una sociedad que roza la línea de desorden que ninguna sociedad civilizada puede transgredir sin peligro. La situación es por demás inaceptable en una nación que desdé 1770 ha gozado de una de las mejores maquinarias postales de Europa. Hay desde luego problemas técnicos, insuficiencias presupuestarias y lagunas de organización. Pero hay sobre todo, repitámoslo, un E CORREOS EN ENTREDICHO problema político que sólo el Gobierno puede atajar. Escribir una carta ha llegado a ser una aventura, con final desconocido. Tales deficiencias no deben achacarse sólo al trabajo de los carteros, cuya labor está pésimamente remunerada, caracterizada siempre por la eficaz y abnegada entrega en el cumplimiento de su misión. Todos conocemos los desvelos de estos hombres que en las más adversas situaciones climáticas han continuado desempeñando su labor. No pocas cartas con direcciones prácticamente ininteligibles han llegado finalmente a su destino. Esta situación, hoy degradada, de una empresa estatal sustentada por los españoles y que debería cumplir un cometido público, adolece de la falta de medios técnicos avanzados como correspondería a un Estado de la Europa comunitaria. Al parecer, la desidia administrativa, al no tomar las medidas necesarias, es la culpable de que no e x i s t a un auténtico servicio de Correos acorde con las vísperas del siglo XXI. Bien es cierto que el tráfico postal es cada vez más elevado. Son cerca de cuatro mil quinientos millones el número de objetos postales que se mueven a lo largo de la geografía nacional, entre cartas, impresos, paquetes, periódicos, reembolsos y otras franquicias tanto ordinarias como certificadas. No deja de ser penoso que para esta abultada cifra no exista un personal suficiente capaz de atenderla. Sólo en Madrid se reparten treinta mil sacas para cuyo servicio las oficinas de Correos apenas si cuentan con poco más de cinco mil carteros. Los extravíos, retrasos y anomalías en el reparto son las principales quejas que prodigan los usuarios que, viendo la imposibilidad de poder enviar su correspondencia con la seguridad y rapidez necesarias, acuden a empresas privadas. Quizá el problema más grave que gravita sobre el servicio postal sea justamente su falta de autonomía y su dependencia de los transportes de Iberia y de RENFE La, situación sería otra bien distinta con una verdadera independencia en este aspecto, de la que ahora se carece. EXCESOS VERDALES A función diplomática se ha caracterizado a lo largo de los últimos siglos por la circunspección, la serenidad y el desprecio de los pequeños nerviosismos. Los términos en que se ha expresado el hasta hoy embajador cerca de la Santa Sede, en recientes declaraciones, nos parecen del todo ajenos a la tradición diplomática española. Hemos defendido desde estas columnas el derecho de don Gonzalo Puente a organizar su vida personal como tenga por conveniente. Pero sus amenazas verbales al Gobierno y al ministro de Asuntos Exteriores nos parecen insólitas. Un Gobierno nombra y separa a sus embajadores como considera oportuno, sin necesidad de dar razón pública de ello y sin obligación de pedir disculpas al señor Puente Ojea. Carece- de sentido que el ex embajador en el Vaticano- buen profesional, equilibrado y prudente en otro tiempo- -amenace a su ministro con sacar a la luz los trapos sucios del Ministerio Porque si esas irregularidades existen, el ciudadano Puente Ojea tiene el deber de denunciarlas; y si no existen, el embajador Puente Ojea está obligado a tragarse sus juicios temerarios. De ahí que convenga esperar una inmediata rectificación. L Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ASC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos Subdirectores Darío Valcárcel. Joaquín Viía. José Javaioyes. Manuel Adrío, Joaquín Amado Jefes de Redacción: J. A. Gundin (Continuidad) J. C Azcue ¡Internactónal) B Berasateo, ui IABC literario) A Fernandez ¡Economía) J. I G. J Garzón (CulWa) A. A González (Continutíad) R. Guterrez (Continuidad) L. Lz Nicolás (Reportajes) C Manbona ¡Continuidad) J. L. Martín Descalzo (Sccedad) J. Olmo ÍEciaon) L Parada iSuplementcs Económcos) L Prados de la Plaza (Ccntnutíao) C. Prati Dominica! I Santiago Casteto (Colatx aaooes. i S e c c i o n e s J Rubio. (Arte) J. M. Fdez. -Rua (Ctenciai A. Garrido y J Espejo Confeccioni. J C- Diez (Deportes) A Yartez (Edición Aere? J. 3 adia (Educación; E R. Marchante (Espectáculos) J. Pato (Gráfica) M. A. Fio es (Huecograbado) F Rubo (Ilustración! M Salvatierra (l üernacionai) C Navascués (Madrid) J. A. Sentís (Nacional) M: A Martin (Sanidad) D Mar tnez- Lujan (Sociedad) R Domínguez (Sucesos) V Zabaia (Torosi F. Yebra Vic a Social) Director General de Prensa Española, S. A. JUAN MANUEL GONZALE 2- UBEDA Producción: S Barreno Persone! C. Conde Financiero: i Laouna. P. Datos: eña R. Externas: J Sa; z Comercial y Distribución: Ennnue Gii- Casares i. Publicidad: L Esco Telelonos: Centralita (toaos los serví. Télex: 2 7 6 8 2 A B C M D E P u b l i c i d a d 4 3 5 18 435 8 4 45 4 3 5 6 0 2 5 y 4 3o 3 l S u s c r i p c i o n e s 435 0 2 25. 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