Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC, pág. 62- TRIBUNA ABIERTA -MARTES 8- 9- 87 LA ULTIMA PALABRA ROMÁNTICOS Y DESESPERADOS UANDO se habla de erradicar determinados tipos o formas de violencia- c o m o el terrorismo de nuestro tiempo- olvidamos la inutilidad del propósito. Cualquier modo de violencia desaparecido sólo hace dejar paso a otro nuevo. Y es que los protagonistas de aquélla son la inextinguible raza de tos románticos y los desesperados. Los unos por creer que todo es siempre posible; los otros por estar convencidos de que nada lo será jamás. ¿No sería pues mejor intentar erradicar los excesos utópico- románticos o a los que empujan a la desesperación? Desesperados en cuyas almas toda luz está apagada y toda razón de ser se ha convertido en sarcasmo o falta de sentido. Aquellos para los que los dioses- religiosos, civiles o éticos- han desaparecido de su vista, como brizrjas de papel en medio de la borrasca. Los que ven abrirse ante ellos la verdad como un mar seco, repleto de armazones costrosas y de monstruos putrefactos. Esos a los que el escalofrío, el espanto y el horror del egoísta comportamiento humano han destruido en sus corazones incluso la piedad. Los arrastrados a caminar solos, como el animal que se dirige a su última guarida, entre dos inmensas murallas sin puertas: a la derecha, la muralla de lo inútil; a la izquierda, la muralla todavía más alta y odiosa de lo imposible. Románticos que hacen de la melancolía una aureola de belleza. Los doloridos que con las lágrimas del dolor hacen fermentar el mosto de una acre alegría. Los permanentemente afligidos que mitigan y disipan la misma aflicción a fuerza de soñar. Los que extraen de su mismo exceso de angustia el secreto de la esperanza. Aquellos que nunca creen haber perdido del todo patria, honor y libertad. Esos en los que sobrevive dulcemente el horrible deleite de la agonía por causa de la injusticia. Incluso los suicidas que tienen fe, por lo menos, en la muerte como extrema esperanza de liberación. ¿Qué mensaje verdadero tenemos para unos y otros? Por las dos amuras del extremismo en la esperanza y la desesperanza caminan ellos, sin apoyo y sin verdad. Los desesperados, contemplando un río estrecho de cielo; ayuno de estrellas, vacío de nubes; sin color. Los románticos, alucinados con un c 4 elo pleno, ora coloreado por el azul del mar, ora por el verde de la esperanza. Ni unos ni otros tienen posibilidad de huida ni salvación ante la férrea dictadura de lo establecido; de lo injustamente establecido por el egoísmo. Mientras ellos existan- y la mediocre mentira del diario garantiza su supervivencia- sonarán por doquier disparos, ráfagas y explosiones. Hemos construido una forma de vida tan rastrera, tan al día, que no ha quedado sitio para la esperanza ni para la desesperación. Y etlos seguirán buscando, a través de la violencia las estrellas o el abismo para todos. ROMÁNICO RURAL L A palabra escrita está en baja, pasa por una fuerte depresión, si una sola imagen vale- d i c e n- por cien palabras, ¿cómo competir con los medios audiovisuales? Apenas quedan ya lectores empedernidos, el lector sólito se ha hecho veedor Hasta las obras históricas se presentan abrumadas de ilustraciones, gráficos, fotografías y fotocopias documentales, mientras que el texto neto recula de libro en libro. Los profesionales de la Prensa diaria saben la importancia de la fotografía, o del titular inflacionista y en color, y hasta del dibujo humorístico acompañando al texto. En apoyo de todo lo dicho está el éxito creciente de las fotonovelas, de la Prensa gráfica, de los telefilmes y de los vídeos. Hoy, cuando a alguien se le frustra la cita o el plan de las nueve de la noche, suele decir: Bueno, no importa; me pongo un vídeo. Un género que se ve enormemente favorecido por la deflación textual es el del comic. Híbrido de novela y de pantalla, mucho más plástico que lingüístico, se ha desarrollado- dicen los teóricos- por la oposición entre la imagen mental y las infidelidades a ésta de la imagen pretendidamente real de la pantalla. El comic hoy cuenta con grandes ilustradores (franceses, italianos, iberoamericanos) y con buenos argumentos, no sólo temas underground y de la contra- cultura, sino que se empiezan a lanzar resúmenes de las grandes obras clásicas de la literatura. Sin esfuerzo y sin fatiga, dejándose impresionar por la imagen y sugestionar por el oído, en una actitud meramente pasiva, el hombre de hoy puede estar informado de variadas materias y pluralidad de temas. Dentro de pocos años recibiremos en nuestro cuarto de estar la entrega inmaterial dé correspondencia, transmitida directamente desde la central telegráfica a nuestro ordenador domiciliario. Es indudable que las nuevas técnicas de la comunicación han de tener implicaciones en el escritor, en el productor de textos. El creador de obras de ficción saca a sus personajes muchas veces de estados de ánimo, de oscuras vivencias, sin rasgos precisos, sin cualidades televisivas, y los ambientes y los paisajes, más que copias realistas del natural, suelen ser transposiciones afectivas. ¿Cómo salvar la, distancia cada vez mayor entre la imagen que sale del alma y se hace palabra y la imagen exterior que entra por los ojos y los oídos? Sin duda, el lenguaje escrito, en la era electrónica, deberá acusar una mayor especialización; se trata de hablar al alma del lector, a esas potencias: memoria, entendimiento y voluntad, que en una cultura audiovisual vagan por sus respetos. La Federación francesa de la Imprenta y Productos Gráficos se moviliza en estos días en una gran campaña de promoción del producto impreso; to escrito sigue siendo más importante que nunca, aseguran los autores de la campaña, que ya han encontrado e 4 texto redondo que les cure de la depresión: La palabra impresa tendrá siempre la última palabra. Marta PORTAL C E L escritor que, como todo hijo de buen vecino, tiende a abrumarse con los ñiquiñaques de la cotidianidad, es dado cuando el tiempo lo permite y el alma se encuentra en disposición de ello, al intento de apaciguar su espíritu que, para su desgracia, descuida más de lo menester y conveniente. Así, el escritor procura emplear las jornadas de estío y otoñada en el acercamiento a la contemplación de las postrimerías o novísimos del hombre, con tanto empeño arrinconados en el hondón más remoto de la conciencia por mor de empachos enfadosos que induzcan a los graves riesgos del pensamiento y la meditación. ¿Cuántas veces, al cabo del año, piensa uno en la muerte, en el juicio, en el infierno o en la gloria? Para éste, como para cualquier otro ejercicio de alma o cuerpo, cada maestrillo tiene su librillo y el escritor suele meditar sobre los novísimos del hombre mientras pasea por los campos y caminos de la vieja Castilla, en especial durante las atardecidas, cuando el día decae sobre parameras y rastrojos y la flor gualda de la manzanilla o la violácea del poleomenta guardan, en efecto, la última luz del sol para tenerla en lo alto un instante eterno, tal como descubrió un poeta inolvidable. Hace ya algunos años, et escritor meditaba en sus postrimerías cuando, durante sus largas excursiones a pie, daba en llegar a alguna de las felizmente inacabables iglesias de nuestro románico rural, de portalada más bien pobre en arquivoltas, frisos menores y entrañables, capiteles de frailuna sencillez y pórtico acogedor, refugio invernal y asolado de gentes sin otro quehacer- Dios las bendiga por ello- que calentar sus carnes al sol del mediodía. El escritor que ha dejado ya de practicar sus largas caminatas- los años comienzan a pesar en las alforjas y la seguridad en los caminos resulta mediocre- sigue inmerso en su acendrado amor hacia el románico rural de las tierras castellanas y suele visitar, por primera o enésima vez, su extenso acervo de templos, utilizando ahora el escasamente poético, aunque eficaz, medio de locomoción que es el automóvil. El escritor piensa que dé los novísimos del hombre uno puede olvidarse, pero jamás sustraerse. Uno de ellos, la muerte, es verdad insoslayable y la certeza de los tres restantes depende de la carga de fe que se le eche a esa realidad de difícil comprensión que es el vivir. El verano de hogaño, el escritor ha recorrido los pueblos alcarreños que se alzan entre las sierras de Pela y de Alto Rey y ha tenido ocasión de contemplar por vez primera el conjunto edesial de Campisábalos, con su cautivador friso de faenas campestres y ganaderos, esculpido en piedra caliza y su, pórtico elemental y recoleto. Y apenas a once kilómetros más allá, hacia Atienza, ha ido uno a dar con esa maravilla del románico rural tardío que es la ermita de Santa Coloma, en Albertdiego, que eleva su compasado perfil a orillas del río Manadero, en un paraje de inigualable belleza que incita al visitante sensible a profundizar en la meditación de las postrimerías de la existencia. Jorge FERRER- V 1 DAL Manuel MONZÓN