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PBBSEn CIOll DB MÜEA? LUÍ á LA HiSTOlEI Por Ángel GONZÁLEZ ÍL. uiri l. M jH E N Nuevo México pueden TastTtíüíiL lik His: orÍ 3 y las los Estüílo Unidnv ESÜ explica la f; l ci aclón que Nuevo Méjico ejerce sobre detcrminudos eiiid djinos de c lj niidi fíi ¡idolr ínte, que iLpcnus acniba de cumplir sus p r i m e r o s d o s c i e n i o s a ñ o s En Norlcümérica, la páiína de prcsíigio que el paso del tiempo añudc a liis cosa i siílo puede eticontarsc, con el debido esiK Sor. en el Ej iado de Nuevo M í x i c o Algo, o mucbo. tienen que ver los indios con lodo eso. En las allipianicies nuevomctiCAnas suTgiá U prímcrü eulluia agiícolü y uThyíiJi dcniro d e lus fronterai de lo que hoy sun los EsiadON Unidos. Mientras los resta ni ts pobladores de Norieamenea tc dedic- ibaii al nomadeu y Ü la cAza de búfalos, los pueblos anasazj. pülabra que en la lengua de los navajos sj iflca los anú- guüN- erigían ciudades de pierfr: en la zona de- las tualro csqutnas: llarna a de ese modo porque allí se loean en un punió de la geografía polttka amen ana IOÍ Estados de Arízona. Utah. Colorado y Nuevo México, Las ruinas de Puehlo Bonilo, cic vadas en el noroisie del EsUido, dan fe de un eivilizacinn refinada, interrumpida misleriüsamenie iras un Vríodo dv esplendor que dun í iresdentos ino Una huga qu a o desconocidas epidemias pudieron ser la causy del desvjnecimienio de los anasazi. de los que i p. inir del siglo XiV nunca más se supo. Lo qiie si parece sp uio es que tüduii su hobilidíule y h: ibidun as fueron irasvassidas a lus indius pueblos, que aún viven en aprecia ble V crecí en le número en las lierrüs cuva propiedad les fue reconoada por los últimos ocupantes de Nuevo Nfexico, Reconocimienio jusio, pues nmguna otra einiii puede acredilar una lan vieja estirpe nuirvomc ¡cana eumo la suya; a su latlu. tos apaches y los niivajos, que eompletan la actual población india del Esihido, son unos advenedizos: llegaron lan solo hace sei cientos años. Los indina pueblos deben su nombre a hi impresión que causo en los españole el insólilo espectáculo de sus peculiares rigiómeraciones urbanas: eonjunios de habitaciones v lerrazas esculpidas en piedra v adobe, que lleparon a Icner cinco v seis plañías, a las que íe accedía por medio de escaleras pori. lúles. Reiiíadas las e. s cal eras, las ciudades quedaban Tcconví rljchs en inexpugnables fonal ezaSr Desde la distancia, los primeros exploradores espíiñoleí idenlificaron esas exliañas ct nsirucdonei con las milicas ciudades áureas de Cíbola. Tal vcí la luz de los alaideccres nuevomeiieanos. que convierte en oro lodo lo que toca, les jugó esu mala pasada. Recorrer eienlos de lejiuas para comprobar que IÜS ciudades de oro, en una especie de proceso alqiiimico invertido, e habiiin ininsusianciado en barro! Los indios pueblos no son unji raía; ni siquiera habbn h misma lengua. Unieamente teman en común una conjpartida manera de vii. it y de enlendür religitisamcnte el mundo. Deniro de ellos hay que dislinguir varias familias: los hopis, los zuñís, los cochilís... En la antigüedad, cada pueblo constitUiLX una unidad poliiiea inüependiente que mantenía nulas o mala rclaviones con los reManles. Su insolidaridad facilito la ocupación española de Nuevo MeNÍeo, iniciada sistemálieamenEe en la Secunda mitad del siglo XVL Pac Tieos por nuiuri leza, los pueblos aceptaron con resignación el 15